jueves, 16 de febrero de 2017

Shin Gojira (2016): la reinvención de Godzilla


Shin Gojira (también conocida como Godzilla Resurgence en algunos países, aunque me niego a llamarla así) es la primera producción del estudio Toho sobre el icónico monstruo desde el 2004. Se estrenó el año pasado en Japón e –igual que el kaiju que da origen al título– dejó todo un rastro de destrucción en el país.

Me refiero a que fue un éxito sin precedentes en la taquilla nipona, convirtiéndose en la película japonesa live-action más exitosa comercialmente de todo el 2016. (La otra que pegó fuerte en Japón el año pasado fue Your Name, de la cual hablé en esta nota).

Dirigida por Hideaki Anno (sí, el mítico creador de Evangelion), esta nueva reinvención de Godzilla –la entrada número 31 de la franquicia– es un reboot total que reinicia toda la historia, incluso negando completamente los eventos del film original de 1954. En ese sentido, esta película muestra la primera vez que Godzilla aparece en Japón.

Se trata de una producción interesante por el tratamiento que se le dio al monstruo. La premisa va por este lado: cuando el acueducto de Tokio misteriosamente se inunda y colapsa, Rando Yaguchi (el secretario de gobierno) está convencido de que fue un incidente causado por una criatura viva. Contradiciéndolo, el Primer Ministro asegura que no fue más que un desastre natural. Sin embargo, cuando una inmensa cola de una especie de reptil asoma en la bahía, la posibilidad de que un monstruo gigante aceche se vuelve realidad.

Shin Gojira es, por lo menos, extraña. Sin spoilear la trama (todavía), funciona como una gran burla (y crítica) hacia el gobierno japonés. Las reacciones de las autoridades durante la aparición inicial de Godzilla recrean perfectamente la indecisión que hizo que miles de personas murieran en los desastres naturales que ocurrieron en el país durante el año 2011 (el terremoto y el tsunami).


Arranqué viéndola con escepticismo, y las primeras escenas no convencen porque el monstruo literalmente parece un retardado mental, las actuaciones no son buenas y el tono es confuso, mezclando la comedia absurda con el melodrama. Pero a medida que progresa me fui enganchando y, sobre el final, quedé encantado. 

Es una película que da pie a largos debates y permite explorar sus temáticas de forma profunda.


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#SpoilerAlert. Si no vieron Shin Gojira todavía y no quieren arruinarse la trama, aviso que a partir de ahora aparecerán spoilers.

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Un primer aspecto destacable es que el Godzilla “héroe” –cómo se lo mostró en varias de sus películas– acá no está presente. Este es la fuerza destructiva original de 1954, amenazante, salvaje, implacable, aunque reinterpretada para adaptarse a la era moderna.

Su primera aparición es muy decepcionante. Parece una lagartija creada con efectos especiales baratos y, como dije antes, tiene aspecto de retrasado. Afortunadamente, luego del primer acto evoluciona en algo que se asemeja mucho más al clásico diseño, aunque es todavía más inquietante. 

De hecho, a lo largo de la historia tiene cuatro evoluciones, siendo la última la más impresionante de todas.

El bicho no sólo tiene posibilidad de lanzar el clásico Atomic Breath desde su boca, sino que además… wait for it… tira rayos desde la boca, desde la cola y desde todo su cuerpo. Múltiples rayos que provocan destrozos titánicos.

Cuando la película revela este nuevo poder, te pueden pasar dos cosas: O la apagás ahí nomás, gritando como un desgraciado que los japoneses tienen un pedo gigante en la cabeza, o te emocionás porque Godzilla tira RAYOS por todos lados y finalmente lográs apagar completamente el cerebro. A mí me pasó lo segundo, aunque también sé que este momento es el que puede dividir rápidamente las aguas.

No soy un seguidor incondicional de Godzilla (para eso hay blogueros mucho más capaces, como Hugo Zapata) pero algo vi. A lo largo de los años el sentimiento de terror que generaba el monstruo en los espectadores fue en desmedro porque se le había perdido el respeto al monstruo. En algunas películas baila de forma ridícula y en otras salva a Japón de otros bichos gigantes.


 ... esto pasaba en "Invasion of the Astro Monster" (1965)...

En su lugar, Shin Gojira recupera el sentimiento de tensión y verdaderamente muestra cómo funcionaría un mundo en el que un kaiju de esas características atacara. Cuando finalizó el segundo acto, yo no sabía si Godzilla iba a lograr ser detenido o acabaría por destruir todo la Tierra, flotando alrededor de la órbita y tirando rayos que cortaran al planeta en pedacitos.

Es genial cuando una película genera ese tipo de cosas.

Eso sí: para ser una cinta de acción y monstruos, las cosas se vuelven bastante burocráticas. Hay secuencias largas de personas discutiendo qué hacer y cómo hacerlo. Los cortos de tipo “found footage” ayudan a realzar el sentido de urgencia. El gobierno estúpidamente lento, indeciso e inútil es una forma brillante de parodiar lo que ocurrió en la vida real con los desastres del 2011.


La acción en Shin Gojira, cuando se presenta, es espectacular, puntualmente sobre el último tercio, pero quienes esperen una fiesta pochoclera de destrucción masiva, se van a decepcionar. La trama se desarrolla en gran parte en oficinas y salas de reuniones.

No hay personajes protagonistas fuera de Godzilla, y hasta el director decidió cortar toda subtrama familiar y romántica que no tuviera nada que ver con el argumento principal. Es un elenco inmenso de gente normal (expertos en su propio campo) que hace lo mejor para contribuir y poner fin al desastre. Lo irónico es que ellos tienen que pelear más con la política que con Godzilla.

Hideaki Anno quería realismo, y lo logró de diversas maneras. Por ejemplo, pidió a los actores que hablaran mucho más rápido de lo normal, citando a la película de Facebook (The Social Network, 2010) como referencia.

El Godzilla original siempre fue una alegoría de la devastación nuclear (recordemos que cuando salió la primera película no hacía mucho que Estados Unidos había bombardeado Hiroshima y Nagasaki). En este caso se tocan esos temas, y se percibe el miedo de que Japón vuelva a ser bombardeado para poder eliminar al monstruo.

Al final logran vencerlo gracias a la magia de la ciencia, pero lo brillante es que Godzilla no muere, sino que es congelado en el centro de Tokio. La amenaza de que vuelva a activarse es inminente, y los japoneses hablan de que es algo que “va a tener que coexistir con ellos por siempre” (igual que el desastre natural del 2011 en el cual se inspira la película).

Me gustó mucho esta idea de que tenemos que convivir con las cosas terribles que nos pasan, sea un desastre natural o un réptil gigante que tira fuego por la boca y rayos por la cola. Este concepto está bien ejecutado en la película. Al mismo tiempo, funciona como gancho para una secuela.

Palabras finales

Toho y Hideaki Anno no buscaron sólo recapturar al icónico monstruo japonés para hacer plata, sino que además lo aprovecharon para examinar los miedos y frustraciones post 2011, haciendo uso de tajante sátira política y terror escalofriante.

Lo que hicieron con Godzilla en esta oportunidad es maravilloso. Reinventaron al monstruo para adaptarlo a una época contemporánea y le dieron nuevas habilidades. Hay escenas de acción y destrucción en la película que son gloriosas.


No es una película perfecta, y no es para todo el mundo. En mi caso, resultó ser una experiencia cinematográfica muy satisfactoria. Aunque no seas fanático del cine japonés o del cine de destrucción (yo ciertamente no lo soy), Shin Gojira es algo diferente que se destaca como una de las grandes producciones que salieron en el 2016.

No va a ser fácilmente olvidada.

BONUS TRACK: si bien me quedó un poco desactualizado (por ejemplo, luego de armar el top vi Arrival y The Lobster, ambas espectaculares) dense una vuelta por mi TOP-15 de películas 2016.

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