martes, 28 de julio de 2015

“This book is full of spiders”, una novela de David Wong


En el 2012 me encontré por casualidad con una película delirante que mezclaba terror y comedia de un modo fascinante. Resultó que esta cinta, John Dies at the End, era la adaptación cinematográfica de una novela de Jason Pargin, quien se maneja en la web bajo el seudónimo de David Wong.

Mi sorpresa, en realidad, fue doble. No solo me encantó John Dies at the End, sino que además el autor era uno de los genios detrás del sitio web Cracked.com, que sigo hace varios años. David Wong es un humorista tremendo y sus posts en la página siempre están entre mis preferidos (acá pueden leerlos).

Por eso, cuando me enteré de su segundo libro (“This Book Is Full of Spiders: Seriously, Dude, Don't Touch It”) lo descargué en formato ebook, en inglés, y lo encaré. La historia es una continuación de la anterior. La primera parte presenta a John y Dave, dos fracasados e inadaptados que viven en la ciudad de Undisclosed. Debido a que han tomado una suerte de salsa drogona que les ofrecieron en una fiesta, pueden ver cosas que otros no: monstruos, demonios, puertas fantasmas, todo tipo de creaturas. Pasan sus días realizando exorcismos con métodos poco ortodoxos y estudiando las puertas de la ciudad, que les permiten transportarse desde un punto remoto a otro. Ah, y viendo extraños seres grises que parecen ser quienes controlan la ciudad desde las sombras.

This Book is Full of Spiders comienza un par de meses después de los eventos John Dies at the End (que probablemente no murió en el final), y allí las cosas se vuelven todavía más extrañas.


Una noche Dave se despierta con una araña gigante intentando inyectarle veneno a su cerebro y que solo él puede ver (debido a los efectos de la droga soy sauce que tomó). Las arañas comienzan a multiplicarse y resulta que pueden “poseer” a las personas. El gobierno intenta frenar la epidemia, John accidentalemnte le manda fotos de sus genitales a Dave y, mientras tanto, grupos anti-zombies comienzan a movilizarse. El detective Lance Falconer llega para resolver el caso al lado de los “héroes” y un perro (Molly) parece ser la clave de la salvación.

Sí, es uno de esos libros.

La verdad es que la novela es 25% terror y 75% comedia. Especialmente el primer tercio, cuando las cosas están recién comenzando, la historia es muy graciosa por los diálogos astutos, el humor picante y las situaciones que se generan a medida que crece la epidemia. Es una suerte de historia de H.P. Lovecraft con la picardía que caracteriza al escritor. De hecho, es como leer un extenso artículo de Cracked.com, pero con narrativa.

David Wong detiene ocasionalmente la trama para insertar sus comentarios mordaces y estudiar en detalle ciertas circunstancias que desarrollan aún más la personalidad de los protagonistas John y Dave.

La historia se divide en tres grandes secciones que son cuentas regresivas hacia eventos importantes. El primer libro comienza 48 horas antes del brote epidémico, el segundo 8 días y medio antes de la masacre en el Asilo Ffirth y el tercero 12 horas antes del bombardeo aereo a la ciudad de Undisclosed

Una verdadera carrera contra el tiempo.

Los zombies hoy son extremadamente populares, y las comedias de zombies todavía más. “Shaun of the Dead” (2004), “The Cabin in the Woods” (2012), “Zombieland “(2009) o la impecable “Juan de los Muertos” (la primera película sobre zombies cubanos) han demostrado que el tema da para hacer buena ficción.

Sin embargo, en “This book is full of spiders” el género está deconstruido. En el libro, los fans de las películas de zombies sienten que finalmente tienen chances de poner en práctica lo que aprendieron viendo el cine de George Romero solo para descubrir que están horriblemente poco preparados para enfrentar la realidad (por supuesto: mueren sencillamente y de formas muy horrorosas)


Otra cuestión interesante (y que suma al factor de comicidad) es que tanto John como Dave son un par de inutiles que solamente complican las cosas. El hecho de que John queme la casa de Dave (en un intento de detener el brote) es exactamente lo que provoca la epidemia de arañas. Incluso, el villano (que se revela solo al final de la novela) comenta que los intentos de ellos de “salvar el día” solo empeoraron las cosas, y que sin su intromisión su malvado plan no habría sido posible.

El punto de vista del narrador (siempre primera persona) va cambiando constantemente y eso nos permite meternos en la mente no solo de Dave (gran protagonista de la primera parte de la saga) sino también de John y de Amy (la novia de Dave, que representa uno de los personajes mejor logrados de la obra). ¡Incluso hay capítulos tremendos donde vemos lo que sucede desde el punto de visto de un perro!

La historia en sí es lineal, pero guarda algunos atrapantes giros argumentales y está plagada de referencias geeks a la televisión contemporánea, al cine y a la ciencia ficción. La cancelada serie de culto Firefly y la saga de Aliens, por ejemplo, se referencian directamente.

Sin entrar en demasiados detalles sobre la trama, es muy entretenida. Es lectura ágil, grotesca, ideal para los fans de lo bizarro y las comedias de terror. No creo que sea un libro absolutamente indispensable o fundamental, aunque se las ingenia para poner en relieve algunas cuestiones sociales, generar discusiones pseudo-científicas (se explora la temática del número de Dumbar, por ejemplo) y darle un giro de tuerca al género epidémico y de zombies.


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miércoles, 22 de julio de 2015

La nostalgia ya no es lo que era (II): “Tamagotchi”


Si fuiste un pibe en los 90´s seguramente tuviste un Tamagotchi. (Y si viviste en Argentina seguramente fue uno trucho). Hablamos de la mascota digital y de bolsillo creada en Japón, y distribuida por Bandai, que fue sensación mundial por un buen tiempo.

En Argentina, como en toda América, llegó de contrabando en 1997 y podías comprarlo en quioscos o jugueterías. El primer Tamagotchi se lanzó en 1996 y resultó un éxito instantáneo. 

Es muy loco pensar que hoy un niño crece con tablets, celulares smart y videojuegos avanzados, pero en aquella época nos divertíamos con un pequeño dispositivo electrónico con la forma y el tamaño de huevo y una pantalla en blanco y negro pixelada que almacenaba a una mascota virtual.

Originalmente fueron diseñados para las japonesas adolescentes, para que pudieran darse una idea de lo que sería cuidar a un niño. 

Pero lo terminaron adquiriendo todos, desde altos directivos (lo veían como un elemento anti-estrés) hasta amas de casa aburridas y adolescentes precoces. Y es que era realmente simpático. Mirá qué simpatico:



… solo miralo, ¡por el amor de Dios!

Algo que los Tamagotchies nunca hicieron fue prometer la eternidad; se negaban a proteger a los usuarios de la realidad más cruda de la vida. Así, nos enseño a nosotros (niños de los 90’s) muchas lecciones valiosas: todos necesitan comida, juegos y cuidado. Y después te morís. Y esto a veces podía llegar a ser verdaderamente traumático. Tanto que psicólogos e investigadores llegaron a definir el “efecto tamagotchi” como el desarrollo de un apego emocional hacia máquinas, robots o incluso software particulares.

(Al respecto, si todavía no vieron la película “Her”, de Spike Jonze, por favor háganlo. No tiene desperdicio).



"Eres responsable para siempre
de lo que has domesticado"

(Antoine de Saint-Exupéry, El Principito)

Y es que el sueño de todo niño es justamente eso: que su juguete preferido cobre vida. Los juegos de monstruos de bolsillo (Pokémon) y Star Wars, por su parte, sentaron las bases para que uno comenzara a sentir afecto por androides adorables.

Más tarde las versiones más nuevas agregaron la posibilidad de pausar el dispositivo, básicamente para que uno pudiera seguir con su vida. También empezaron a venir con juegos y la opción para interactuar con otros Tamagotchies, casarte y tener hijos. Pero a medida que se iba sofisticando, la premisa básica seguía siendo la misma: guiar a una criatura a lo largo de su claustrofóbica vida.

Hay algo de debate respecto al mayor tiempo que alguien logró mantener a un Tamagotchi vivo. Una coleccionista de nombre Kyliesmum afirma que pudo hacerlo por 5 meses y que se le murió porque olvidó setear su alarma una vez (básicamente: se quedó dormida y se le murió).

En el fondo el cerebro humano siempre necesita alcanzar “algo”, un objetivo, una meta. 

Por eso hay tantas personas infelices en el mundo a pesar de que pueden comer y dormir todo lo que quieran. La imperiosa necesidad de “alcanzar algo” es lo que finalmente nos permitió conquistar todo el mundo, descubrir los secretos del átomo o impulsarnos hacia el espacio. Los Tamagotchies representaron la forma más reducida y sencilla de cumplir este cometido: apretabas un botón y la mascota virtual vivía, reía, te agradecía. Con solo un botón cada tanto recibías un “¡bien hecho!” virtual. Esta sensación de logro se alcanzaba con facilidad, sin esfuerzo físico y casi sin esfuerzo mental.

Por otro lado, el Tamagotchi decidía cuándo tenías que apretar ese boton, así que ni siquiera era una cuestión de decisión nuestra.


Hoy el Tamagotchi no desapareció, sino que fue transformándose. Farmville, por ejemplo, es en realidad un Tamagotchi oculto. La franquicia de Digimon, también de Bandai, fue otro esfuerzo para seguir la idea en la nueva generación de chicos. Hay un animé inspirado en el dispositivo, podés bajarte apps que lo simulan en tu celular y existe muchísima música que lo referencia directamente. Una de mis preferidas siempre fue “Together Forever”  (de la desconocida banda Daze) que está plagada de menciones al Tamagotchi.

ESCUCHÁ, y con esto cerramos:



CAPÍTULOS ANTERIORES: Este post es el segundo de la “saga nostálgica” del blog. Date una vueltita por el primero: La nostalgia ya no es lo que era (I): Doom. ¡Hasta la próxima!


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miércoles, 15 de julio de 2015

“Los hermanos Karamazov”, una novela de Fyodor Dostoevsky


La última novela del gran novelista ruso Fyodor Dostoevsky es quizás la más ambiciosa que alguna vez escribió, y está cargada de toda la energía y pasión de las últimas palabras de un hombre. 

Comenzó a aparecer en formato de “miniserie literaria” en 1879 y hoy es generalmente considerada una de las mejores novelas de la historia universal.

En lo personal representó un nuevo desafío: hasta entonces la novela más larga que había leído había sido “IT” (de Stephen King), que ya comenté en el blog anteriormente. “Los hermanos Karamazov” no solo supera las 1000 páginas, ¡sino que está cercana a las 2000!

La trama se desarrolla en torno al asesinato de quizás uno de los personajes más deplorables jamás creados, Fyodor Karamazov el padre de los tres hermanos Karamazov. En las primeras páginas el narrador ya anuncia su muerte y a partir de allí nos lleva hacia el pasado para indicarnos exactamente que llevó hasta tal punto.

De alguna forma, la historia le sirvió al autor para plasmar su filosofía de vida y tocar las Grandes Preguntas sobre la existencia: ¿Por qué los humanos tenemos que sufrir? ¿Estamos atados por leyes morales que nos limitan?¿Tenemos verdaderamente libre albedrío? ¿Existe Dios? ¿Cuál es la verdadera naturaleza del hombre? Y, quizás la más importante, ¿podemos alcanzar realmente la felicidad?

Dostoevsky originalmente había planeado que “Los hermanos Karamazov” fuera la primera parte de un proyecto de dos gigantescas novelas (para esa altura ya era mundialmente famoso por “Crimen y castigo”) pero el tiempo con él fue tirano y nunca pudo concretar el proyecto.

Su tumultuosa vida le dio a sus opiniones una suerte de autoridad que resonaba con la Rusia de 1870. Ya de joven se opuso activamente a la esclavitud y abrazó el socialismo. Fue sentenciado a prisión en Siberia (por 1850) y a su regreso sus ideas radicales se ocultaron en su literatura. Sus pensamientos socialistas y religiosos siempre influyeron fuertemente sus obras.


En este post voy a comentar las cuestiones que me resultaron más interesantes de la novela, aunque cada una de ellas me serviría para hacer un post entero. La obra es realmente descomunal en cuanto a contenido y temáticas que abarca. Si quieren leerla (¡les va a llevar un tiempito!) está disponible en PDF en muchos lugares en Internet.

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#SpoilerAlert: se revelan algunos detalles fundamentales de la trama. Si no leyeron la novela y piensan hacerlo, pueden llegar a acordarse de mi madre cuando comente algunos giros inesperados de la historia. ¡Están avisados!

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La estructura de “Los hermanos Karamazov

Aunque “Los hermanos Karamazov” es un fiel exponente del género realista, y también de la novela psicológica, funciona más bien como una novela de ideas (ya voy a explicar por qué). Está compuesta por doce libros, cada uno subdivido en capítulos, y un epílogo de tres partes que “cierra” la historia.

La obra está compuesta por una amplísima variedad de técnicas literarias que llevaron a muchos críticos del momento  a considerarla muy “descuidada”. El ejemplo más mencionado es el peculiar narrador omnisciente. Aunque en general se mantiene neutro a las acciones y pensamientos de los protagonistas, en más de una ocasión se autoproclama “escritor” y termina por hacer  juicios de valor sobre lo que está narrando.

Otro detalle, para mí uno de los más fascinantes, es el tratamiento que el autor hace sobre el lenguaje. Cada personaje tiene una manera muy distintiva de hablar, y esto termina diciendo mucho de la personalidad de cada uno.

Entonces, ¿de qué va la historia?

Los hermanos Karamazov” es usualmente considerada una de las novelas más complejas del mundo. El libro puede leerse en dos niveles. En la capa más superficial se narra la historia de un parricidio en el que todos los hijos del hombre asesinado comparten ciertos niveles de complicidad (aunque el asesino real es uno solo). En una capa un poco más profunda tenemos el drama espiritual de la obra y los conflictos morales que involucra.

Pero tomemos solo la línea argumental principal. La novela comienza con el narrador anunciado la trágica muerte de Fyodor Karamazov, y luego define paso a paso los elementos de la tragedia: sus hijos y su relación con él.

Es interesante como cada hijo representa a un individuo colectivo del pueblo ruso, así como también una postura ideológica determinada. (De hecho, cada protagonista de “Los hermanos Karamazov” representa una idea, un ideal particular, un objeto de la sociedad que el autor explora). Fyodor, el padre, es un ser vulgar y monstruoso que ha tenido a sus hijos con diferentes mujeres, es irresponsable, abusador, embustero, sin amor hacia nadie y absolutamente odiable.

Cada hijo es tan diametralmente opuesto del otro como uno podría llegarse a imaginar. Dmitri, el hijo mayor, es pesimista, representa al ejército (él mismo es militar) y es el principal antagonista de Fyodor debido a una disputa por dinero. 

Para empeorar las cosas: ambos están enamorados de la misma mujer. Ouch. Dmitri, aunque no pueda admitirlo, es el más parecido al padre en cuanto a su atracción hacia el sexo opuesto, pero a su vez es el más emocional de los tres. Con esto me refiero a que se guía casi exclusivamente por sus instintos naturales, en lugar de hacer uso del raciocinio.


El que le sigue es Iván, el intelectual, frío y escéptico. Desde pequeño desarrolló una propensión hacia el estudio y es un hijo orgulloso, siempre consciente de que pudo aprender a expensas de los gastos de alguien más. Una de sus arcos argumentales principales incluye un polémico artículo que escribió proponiendo que la iglesia se haga cargo de la corte judicial.

En contraste con los otros dos hermanos, Alyosha (que representa al colectivo de la “Iglesia”) no tiene ni el orgullo de Iván (el intelectual) ni la ferocidad de Dmitri (el militar). Más bien es un ser sencillo y capaz de amar a toda la humanidad por igual, siempre buscando el lado más positivo de las personas. Es muy creyente y nunca juzga a los demás. Sin embargo, no por eso es un inocentón. Su conflicto es más bien consigo mismo, para lograr comprender sus propias creencias, vencer a la tentación de la carne y encontrar la mejor manera de llevar la religión hacia la vida práctica.

Dostoevsky hace uso de las características de los tres hijos Karamazov para introducir una de sus temáticas más importantes: el conflicto entre la fe y la descreencia. En este sentido, Alyosha e Iván representan los dos polos opuestos de la aceptación, y a lo largo de la historia los vemos muy alejados uno de otro. Poco a poco van logrando unirse y encontrar puntos en común. Alyosha es perceptivo de los problemas de Iván, aunque él termina igualmente sucumbiendo a la desolación y la locura. (Las escenas sobre el final donde Iván sueña y hasta dialoga con el Diablo son tremendas). 

Ah, ¿mencioné que Iván está enamorado de una mujer que solo tiene ojos para Dmitri? ¿Y que su locura es también acarreada por la culpa moral de odiar intensamente a su padre? (¡Conflicto, señores!)

Por su lado, Dmitri progresivamente pasa de un punto neutro a convertirse en una persona de fe, en parte gracias a la íntima amistad que traba con su hermano Alyosha.

¿Fue uno de ellos quién asesino al padre? Hasta las últimas páginas (o hasta el final de este post) el interrogante queda latente porque todos tienen verdaderos motivos para hacerlo, inclusive también otros personajes fuera del círculo familiar que fueron afectados por las maldades de Fyodor.

La verdad es que cuesta muchísimo engancharse con la novela porque Dostoevsky está muy interesado en la psicología de las acciones y, especialmente en la naturaleza de las contradicciones. Para poder avanzar en la narración de los eventos siente que tiene que contarnos todo lo que ese personaje sentía, veía y experimentaba en ese momento. Esto se vuelve tedioso en muchas oportunidades donde yo solo quería seguir avanzando con el conflicto. La literatura rusa tiene esa particularidad y hay que saber llevarla para poder disfrutarla.

La introducción de Zosima (un personaje fundamental en la historia) concluye el primer libro y funciona como un dispositivo argumental: el templo de Zosima, del cual forma parte Alyosha es el lugar donde se dispara el conflicto: Fyodor y sus tres hijos se reúnen por primera vez luego de muchos años para intentar enmendar su relación y tomar acciones para el futuro.

La influencia de “Los hermanos Karamazov”

Varios filósofos existencialistas y escritores de renombre fueron influidos por la aparición de esta novela. Sigmund Freud, por ejemplo, quedó tan fascinado con la temática edípica que rodea a la obra que escribió el ensayo  “Dostoyevski y el parricidio” en 1928. Allí analiza la neurosis del autor y cómo ésta influyó en su escritura.

Freud llegó a afirmar que Dostoyevski secretamente deseaba la muerte de su padre (que tiene muchas similitudes con el Fyodor de la novela) y que sus frecuentes ataques de epilepsia fueron la forma en la que el cuerpo externalizó el sentimiento. De hecho, en la novela hay un personaje tan esencial como cautivante (Smerdiakov) que se rumorea es también hijo de Fyodor y que también, como el autor, sufre ataques de epilepsia.

Metiéndonos de lleno en terreno de spoilers, Smerdiakov es contratado como sirviente para Fyodor y no es casual que sea él quien conspira para asesinarlo y culpar a Dmitri.

Franz Kafka, por su lado, se interesó por los temas más existenciales de la novela y se sintió un “pariente de sangre” con Dostoyevski debido a que él mismo luchó contra una enfermedad que terminó por dominarlo (la tuberculosis). La conflictiva relación con los padres de ambos autores es otro gran punto en común, ¿no?

“El gran inquisidor”: un momento clave en la novela

Una de las particularidades (y también de las grandes complicaciones) al leer la obra es que el autor se ve en la necesidad de profundizar en la psicología de todos y cada uno de los personajes, aunque su relevancia para la historia principal sea mínima. 

En el sexto libro, por nombre un ejemplo, la narrativa se dedica casi exclusivamente a la biografía del stárets Zosima y su relación con un hombre que conoció mucho tiempo atrás, aunque esto no tiene relación con el conflicto en sí.

La mayoría de las veces uno siente que está “perdiendo el tiempo” con los arcos secundarios, orígenes de los diversos personajes y pequeñas historias que podrían formar parte de una novela dentro de la misma novela... pero con “El gran inquisidor” no es el caso.

“El gran inquisidor” es un capítulo dentro de la novela que hace referencia a una historia que Iván le cuenta a su hermano Alyosha. Durante el siglo 16 en España, y en el punto más alto de la Santa Inquisición, alguien con un parecido a Jesucristo se anunció en las calles. 

Luego de realizar algunos milagros, los guardias lo capturan y lo encarcelan.

Esa noche, Cristo recibe la visita del Gran Inquisidor, quien le explica que debido a que Él rechazara las tres grandes tentaciones, puso una intolerable carga de libertad sobre los hombres, más de la que ellos pueden aguantar. Luego de un monólogo que da mucha tela para cortar, el Gran Inquisidor admite estar del lado del demonio y libera a Cristo, indicándole que no tiene permitido nunca volver a pisar la tierra.



El relato impresionó a los críticos del momento y tiene que ser entendido dentro de la ideología de Dostoevsky, su religiosidad (ortodoxa rusa) y la crítica que hace de la cultura occidental. Se torna aún más importante porque es narrado por Iván, personaje racionalista y ateísta, y porque el autor más tarde presenta el capítulo de El monje Ruso (que representa lo totalmente opuesto a esta historia). Hay mucho para comentar sobre “El gran inquisidor”, pero tomaría otro post entero. Si quieren, pueden leerlo como relato independiente:

Leer “El gran inquisidor” (fragmento de “Los hermanos Karamazov”) => LEER ONLINE

Las temáticas que explora “Los hermanos Karamazov”

Los hermanos Karamazov” es, primeramente, una extendida reflexión sobre la religión, específicamente la Ortodoxa Rusa, no solo como guía de la moralidad individual, sino también como fuerza para movilizar la historia del hombre.  El fragmento del “Gran Inquisidor” es uno de los argumentos más poderosos que tiene contra el escepticismo. A su vez, en la novela se salvan convenientemente aquellas personas que creen y profesan la religión (Alyosha y Dmitri) y los escépticos descienden hacia la perdición (Iván).


La novela, a su vez, desafía la idea de que si somos totalmente libres (libres de pensamiento, libres de acciones) no podemos comportarnos como sociedad: nos volvemos, como Fyodor, arrogantes, garcas, oportunistas, incapaces de amar. El sufrimiento y la culpa también están en el plano central. La idea de la justicia se pone en tela de juicio (a fin de cuentas, Dmitri es culpado por un asesinato que no cometió, y el verdadero criminal sale airoso... aunque eventualmente se suicida) y se cuestiona la posibilidad de obtener verdadera justicia terrenal bajo las condiciones en las que vivimos.

Y ni hablar de la familia como “valor”. La noción de familia que muestra Dostoevsky es absolutamente deprimente. Presenta a un clan seriamente disfuncional que parece ir en contra de todas las nociones de familia que uno debería tener. Al diablo con los lazos de amor y cariño. Fyodor está lejos de ser una figura paternal y los mismos hijos tienen “algo” que ver con su muerte, aunque no sean los verdaderos asesinos. La novela repetidamente pone en evidencia las formas en las que los Karamazov representan la turbulenta sociedad en la que vivía el autor.

¿Qué demonios sucede en el final?

Dados los sensacionales eventos que suceden en la novela (¡asesinato, robos, escándalos!) el final parece bastante anticlimático

En el epílogo, Dostoevsky nos transporta al funeral de Ilyusha. (Lo loco es que para ese momento yo ni recordaba quién era y tuve que volver a revisarlo). Resulta que es el joven hijo del capitán Snegiryov, quien fue humillado por Dmitri en la taverna del pueblo. Doscientas hojas antes nos habíamos enterado que Ilyusha cayó enfermo y tuvo un encuentro con Alyosha.

Bueno, en el final muere, y estamos en el funeral. 

Mientras tanto, la novela dejó muchísimas tramas sin resolver: ¿Dmitri va a escapar del exilio y emigrar a América con Grushenka? ¿Iván va a recobrarse de su demencia y casarse con Katerina? ¿Alyosha va a volver al monasterio para cubrir la posición del fallecido Zosima o casarse con Lise, a quien ama?

Algunos afirman que las repuestas están “escondidas” en la escena del funeral. Uno puede llegar a pensar que la muerte de Ilyusha va a ser la semilla que genere bondad en los sobrevivientes, aunque también pudo haber quedado inconcluso a propósito (Dostoevsky planeaba hacer una continuación de la historia, una segunda parte, que siguiera con la historia de los tres hermanos).

El epílogo, en realidad, funciona como una suerte de redención para los personajes. Por ejemplo, Katerina, quien solo tenía ojos para Dmitri, logra finalmente perdonarlo por sus acciones y se compromete a ayudar a Iván a recuperarse. Alyosha, por su lado, brinda palabras de aliento a los niños en el funeral, quizás insinuando que comprendió la importancia de volver al templo.


Paradójicamente, luego de tanto sufrimiento la novela acaba con optimismo y esperanza en medio de un desgarrador funeral. Alyosha emerge completamente como el profesor natural, capaz de continuar el legado de fe y amor de su maestro. La frase final de la novela parece insignificante pero es todo lo contrario: todos los niños del funeral cantan: “¡Viva, Karamazov!”. El uso del apellido de la familia hasta entonces había sido utilizado para definir la mala sangre de Fyodor Karamazov, todo lo malo de él. Ahora finalmente el legado ha cambiado, el apellido ha sido redimido. Es una nueva época para el clan Karamazov.

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viernes, 10 de julio de 2015

Redimiendo a Dragon Ball GT


No pude evitarlo. Tengo varios posts programados pero tuve que ponerles un freno para referirme un poco a este tema.

El mundo (¿?) está revolucionado con el estreno de Dragon Ball Super, el nuevo animé de Dragon Ball creado por Akira Toriyama, cánon, totalmente nuevo y que estrenó el domingo pasado. Las críticas alabaron el primer episodio (yo tengo sentimiento mixtos al respecto) y se viene hablando por meses de este regreso. Las dos nuevas películas (“La batalla de los dioses” y “La resurreción de Freezer”) van a estar contenidas en la historia y todos los que crecimos con Goku “y el resto” sentimos ALGO (no sabemos bien qué) por esta vuelta.

Pero no voy a hablar de DB:Super (aunque hay mucho para comentar) sino más bien de Dragon Ball GT, el primo olvidado (y odiado) de Dragon Ball. Más bien: quiero redimirlo, porque aunque el animé no tiene la fortaleza de Dragon Ball Z, sí creo que tiene muchísimo para rescatar, y sin duda es muy superior a las últimas películas que salieron. Comencemos.

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#SpoilerAlert: se revelan detalles fundamentales de Dragon Ball GT. Si no viste el animé todavía… ¡mala suerte! Ya pasaron casi 20 años, che. En serio, no podés ser tan colgado. ¡Están avisados!

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Toei Animation  estrenó Dragon Ball GT en 1996, la secuela no-oficial con 64 episodios, ubicándolo una década después del final de Dragon Ball Z. Fue en un intento de continuar la historia, pero sin contar con el apoyo creativo de Akira Toriyama (quien nunca se entusiasmo con el proyecto). Quisieron volver a los inicios de Dragon Ball, perpetuar la franquicia y expandir el universo (todas cosas que, indudablemente, lograron). A su vez buscaron atraer a un público más joven reduciendo los niveles de violencia.


GT viene de Grand Tour (Gran Viaje) o también Galaxy Tour, haciendo referencia al viaje intergaláctico que deben hacer Goku, Pan (su nieta) y Trunks para recuperar las súper esferas del dragón antes de que la tierra explote.

El primer arco argumental (primeros 21 episodios) se focaliza en esta travesía y es la parte más flojita de la serie. Gran parte de los capítulos son autoconcluyentes y exponen a nuevos villanos (super caricaturizados) que duran un instante. 

Con la segunda parte (la saga de Baby) las cosas remontan muchísimo (episodios 22-40). Luego tenemos otra muy buena saga intermedia (la de Super N°17) que dura 7 episodios (41 a 47) y finalmente llegamos al último arco (“Los Dragones Oscuros”) que tiene sus pro y contras pero que da un buen cierre a la serie en su totalidad (episodios 48-64).

La serie en sí fue mucho menos existosa que sus predecesoras y cosechó criticas mixtas. Los fans, especialmente, tendieron a demacrarla y focalizarse en todo lo negativo que tiene. Hoy se llegó al colmo de que –con el nuevo  animé– todos los eventos que suceden en GT son alternativos e ignorados por completo en la nueva historia.

Ahora: ¿realmente Dragon Ball GT estuvo tan mal? No digo que sea una obra maestra de la animación japonesa. Sin embargo, la premisa original fue una excelente forma de conocer otros mundos en el universo de Dragon Ball (además de Namek), y de volver a la idea de “aventuras con objetivos” en lugar de un enemigo intentando destruir la tierra porque sí. La exploración siempre fue un contenido propio de Dragon Ball, y en DBZ se había perdido bastante luego de la saga de Freezer. En GT la aventura tiene mucha más presencia y brindó grandes momentos de genialidad. 

► Pero antes de pasar específicamente a eso, me gustaría ser terriblemente quisquilloso y destacar los motivos por los que todos odian a Dragon Ball GT.

¿Por qué el odio desconmesurado hacia Dragon Ball GT?

Los fans incondicionales han encontrado muchísimos agujeros de guión en la historia. Personajes con poderes que nunca antes mostraron en DBZ, poderes de pelea inexplicables, Baby diciendo que Vegeta es el segundo sayajin más poderoso (siendo que Gohan, luego de su entrenamiento final, superó el poder de pelea de un SSJ3). La acción en GT es decente, pero no es nada comparada con DBZ o incluso con Dragon Ball (que era muchas más artes marciales).

Varios critican también el pobre diseño de personajes (recordemos que Toriyama se abrió del proyecto y no participó en prácticamente nada). Las batallas son anticlimáticas, terminando todas demasiado pronto. Sigamos: Piccolo muere, para siempre, y nunca lo reviven. ¿Pan no puede convertirse en Super Sayajin por ser 1/4  de sayajin pero Goku Jr. sí (que es 1/16 de sayajin)? (De hecho, los personajes femeninos nunca brillaron en la serie de Dragon Ball. Quizás Bulma un poquito, y N°18 por momentos… pero that´s pretty much it).

Pan fue un problema porque tiene demasiado protagonismo en GT y nunca fue muy querida por los fans (tampoco la aprecio demasiado). Al personaje nunca le hacen honor y resulta bastante molesta, aunque sus intenciones siempre están en el lugar correcto.

Por su parte, los guerreros Z no actúan como ellos mismos (y hasta son bastante patéticos). Gohan no quiere pelear, Vegeta  está domesticado (¿Ya mencioné su bigote?). 


Mmm... moustache...

Que Vegeta tenga el pelo cortado, de hecho, es un error porque (supuestamente) el pelo de los saiyanjins no puede cortarse (lo explica él en una ocasión). ¡Y por Dios, pobre Goten! Su personaje queda reducido a un simplón más interesado en tener una cita que en ser el adepto guerrero que alguna vez conocimos. Todos, de hecho, son sombras de lo que fueron en DBZ.

Un último inconveniente es que GT le dio demasiado protagonismo a Goku. Es la estrella de show, haciendo que el resto queden subdesarrollados y limitados a breves apariciones. Siempre fue la historia de Goku, pero Dragon Ball Z le dio de chances de brillar a todos (menos a Yamcha, claro). Grandes momentos como Ten Shin Han vs. Cell, Vegetta en Namek o Piccolo contra Cell eran tan importantes como cuando Goku llegaba a salvarles las papas a todos.

Pero, OK. A pesar de todo eso: el animé no es horrible. De hecho, es muy decente y tiene muy buenas cosas. 

¿Cuáles particularmente? Para eso los invito al próximo apartado.

¿Por qué banco a Dragon Ball GT?

Primero que nada: la música. Los temas utilizados para la serie son los más memorables de toda la franquicia. “Dan Dan Kokoro Hikareteku” (“Mi corazón encantado” en la versión latina) se mantiene entre mi top de openings de animé aún hoy. Los ending también suman. Todo el soundtrack de GT está muy bueno realmente, y capta a la perfección la esencia de Dragon Ball.


Goku hecho “chico” es un tema discutible. A mí me pareció una excelente forma de volver a la inocencia que tenía Dragon Ball en sus comienzos y a la idea de “aventura”. Hasta la vuelta de Pilaf es un homenaje a aquellos inicios.

Creo que los creadores de GT encontraron maneras de contar una nueva historia de forma creativa, homenajeando grandes momentos de la serie pero sin repetirse. Por ejemplo, la saga de Baby presenta a un villano temible, original (aunque Ginyu y Babidi tenían poderes similares) y con un pasado que nos remonta a la naturaleza violenta de los sayajins. Gracias a Baby pudimos volver a ver a Goku y Vegeta peleando. Por su parte, la saga de Super N°17 es genial porque tenemos cameos de entrañables villanos anteriores. Goku peleando con Cell y Freezer de forma simultánea es tremendo, ¡y ni hablar de Vegeta volviéndose a reunir con Nappa!

En términos de la trama, DB:GT es mucho menos inconsistente que DBZ. Los arcos fluyen con más naturalidad, prácticamente no hay fillers (eso se debe a que son muchos menos episodios) y finalmente se toca un punto clave en la serie: al fin se dieron cuenta de que las esferas del dragón hacían de deus ex machina arreglando cualquier incoherencia o muerte innecesaria. En el último arco, el sobreuso de las esferas se les convierte en el conflicto final, y eso me pareció una delicia en cuanto a ironía narrativa.

¡Y si no lloraste con el final de DB:GT, no tuviste infancia! Ver a Goku finalmente despedirse es algo que da un cierre más perfecto que el que brindó DBZ.

Otro punto que encuentro positivo fueron las nuevas transformaciones. El SSJ4 tenía un diseño burlesco y extravagante, pero sucede en un punto pivotal de la historia y es la transformación más alta que habíamos visto hasta ese momento.


Todavía no vi la “Resurrección de Freezer” (2015), pero los reviews y el resumen de un amigo me alcanzaron para darme cuenta de lo desastrosa que es. Sí, es muchísimo mejor que “La Batalla de los Dioses”. Pero, ¿en serio? ¿Bills puede volver el tiempo atrás? ¿Freezer entrena unos meses y de pronto está a la altura de Goku? ¿Goku es herido mortalmente con un arma? CON UN ARMA, POR EL AMOR DE DIOS. De “La Batalla de los Dioses” (2013) prefiero ni hablar. Ya dije todo lo que tenía que decir de esa bazofia en mi crítica.

En comparación a esas dos cintas mediocres, Dragon Ball GT es un animé más coherente, más emotivo y muchísimo más interesante. ¿Podría haber sido mejor? ¡Sí, definitivamente! Pero resultó ser un producto digno incluso a pesar de sus deficiencias. Se hizo con las mejores intenciones por creadores que buscaron homenajear el gran trabajo de Akira Toriyama, y no creo que merezca todo el aborrecimiento que la crítica le ha brindado. Habrá que ver si Dragon Ball Super logra presentar una trama tan atractiva y cerrarme la boca para siempre. Personalmente, todavía no sé si creerlo.

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lunes, 6 de julio de 2015

Ingredientes matemáticos en el cine


El cine, poco a poco, se fue convirtiendo en uno de los temas centrales de este blog (a la cabeza con la literatura). “El cine y el ajedrez”, “Cuatro filosofías de vida en el cine”, “5 citas incorrectas en el cine y en la literatura” son algunos de los temas que se fueron dando. También en una ocasión hablé del Macguffin y otros técnicas narrativas y de los guiones cinematográficos.

Algo que todavía no había mencionado es la relación entre el cine y la matemática. Son varias las películas con presencia matemática significativa de algún tipo. Pero la realidad es que pocas veces la matemática está en el núcleo de la historia (admitámoslo: es aburrida y poco comercial); más bien contribuye a dibujar una suerte de retrato social, o sirve de contexto para la narración.

Son más las oportunidades donde hay alguna escena centrada en un aspecto matemático (la proporción áurea en “El código Da Vinci”, 2008) o donde el protagonista es matemático de profesión (Jeff Bridges en “Love has two faces”, de 1996), o bien el protagonista es alguien dotado de un gran talento matemático (Matt Damon en “Good Will Hunting”, 1998). En este último caso, su oficio y sus capacidades sobrepasan el nivel de anécdota y terminan por salpicar de un cierto estilo toda la trama de la película. 

Hay páginas enteramente dedicadas a contar las escenas de cine donde la matemática se vuelve protagonista. Una de ellas: Mathematics in Movies.

Para aquellos que se entretienen con los acertijos (y viendo que viene al caso): ¿a qué películas hacen referencia estas imágenes? La respuesta al final.


La matemática como leitmotiv del cine no es uno de los más atrapantes. Sin embargo, hay algunas excepciones donde se convierte en un disparador fascinante para los amantes de los números. 

Por ejemplo, “Los Crímenes de Oxford” (The Oxford Murders, 2007) es un genial thriller basado en la novela del bahiense Guillermo Martínez y dirigida por Alex de la Iglesia. Si no la vieron, háganlo. Está muy buena. Es una de las pocas películas que vi donde la presencia matemática es tan fuerte que le da forma al contenido, y también acaba mezclándose con un poco de filosofía. En la cinta, el protagonista (Elijah Wood) intenta resolver un crimen al tiempo que se pregunta si podemos conocer realmente la verdad.

En “Los crímenes de Oxford” el enigma se presenta más a través de diálogos reflexivos que con acción. Me encanta la manera en la que se narra el misterio y se mantiene la incertidumbre hasta el último minuto. Una obra que, de alguna manera, homenajea bastante al maestro del suspenso Hitchcock (quien hacía mucho uso de la matemática –particularmente la geometría y el espacio– en sus historias).

Como contraparte, uno se encuentra con películas mediocres como “El número 23” (con Jim Carrey, que salió en el mismo año 2007) donde la matemática es una excusa burda para promocionar un thriller de suspenso que apenas tiene que ver con matemáticas.

Una cinta interesante es “Drowning by numbers” (1988). Durante la misma, hay un desarrollo sucesivo de números (del 1 al 100) que van apareciendo de formas originales en cada escena. Algo similar (aunque en reversa) pasa en un episodio de How I Met Your Mother (Bad News, episodio 13 de la infame 6ta temporada). Ahí los números aparecen de maneras muy creativas del 50 al 1, presagiando un final trágico.

La primera parte de “Cube”( de 1997) siempre me pareció muy disfrutable. En ella, un grupo desconocidos se ven encerrados (inexplicablemente) en habitaciones llenas de trampas mortales. La película estuvo inspirada por un episdio de idénticas características de La Dimensión Desconocida (que ya reseñé en el blog). La forma de salir se relaciona con los números primos y la encuentra una estudiante de matemática con ayudante de un autista al mejor estilo Rain Man. La geometría cúbica de la cinta, junto al ambiente de tensión y violencia, generan una sensación de terror y claustrofobia interesante, a medida que se desarrolla la trama.

En contraposición, “Pi (fe en el caos)” (1998) fue una película que no me gustó para nada. Desarrolla la vida de un matemático con esbozos de esquizofrenia, obsesionado con los números y su relación con el medio que lo rodea. Una bizarreada a la que no le encontré demasiado sentido. En cuestiones de esquizofrenia y obsesión matemática, es imposible dejar de nombrar a Ron Howard y la maravillosa “Una mente brillante”(2001). La vida de John Nash (Russell Crowe) se convierte en un entretenido drama donde se mezcla la ficción y la realidad, mientras el excéntrico Nash lucha por recuperarse de su enfermedad mental.

Por su parte, “21: BlackJack” (2008) es súper pochoclera y está basada en un hecho real. Una entretenida cinta que relata el viaje de cinco estudiantes del MIT (entre ellos, un siempre prolijo Jim Sturgess) y su profesor (Kevin Spacey) que han encontrado la forma de vencer al casino al “contar cartas”. Con este método estadístico asaltan las mesas de blackjack en los casinos de Las Vegas.


"19" "Dame" "20" "Dame otra" "21" "D´ooh!"

Entre otras películas de cuestiones matemáticas tenemos también una española: “La habitación de Fermat” (2007). Un mezcla entre “Saw: el juego del miedo” y “Cube”. Un grupo de matemáticos son encerrados en una sala y deben resolver acertijos para no morir. Entre dichos enigmas se encuentran varios clásicos: el problema del zorro, el conejo y la zanahoria que deben cruzarse en barca al otro lado del río; un enigma en código binario; el dilema del prisionero; descubrir la pauta de una serie numérica y un problema de edades con una solución poco convencional.

  ¿Qué otras referencias matemáticas encontraron en el cine? Pásense a dejar un comentario. Y ahora sí, la solución al ACERTIJO:
  

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