jueves, 11 de junio de 2015

Grandes juegos de mesa (IV): “Jenga, el afán por llegar más alto”


La necesidad de apilar cosas y objetos para ahorrar espacio, entretenerse o –incluso– conectarse con lo más trascendente se remonta a los orígenes de la historia (al respecto pueden revisar mi post sobre Tetris).

A su vez, la búsqueda del ser humano por llegar más alto es tan antigua como la Biblia misma. Según las escrituras, esa exigencia llevó a la construcción de la Torre de Babel, un fracaso que supuso la dispersión de la humanidad y la condena a hablar en diferentes idiomas.

Hoy casi todos podemos reproducir la torre sobre nuestra mesa del comedor, aunque su inevitable caída no llegue a despertar la ira divina de ningún Dios. Sí, por lo menos, recibiremos una abundante cantidad de risas a costa de nuestros propios y torpes dedos.

El JENGA, uno de los juegos de habilidad más famosos, es el protagonista de este post, cuarta entrada dentro de la serie “Grandes juegos de mesa”. Llama la atención a primera vista por tratarse de una caja comparable a una barra de helado, con maderitas sencillas, casi sin detalles y reglas tan fáciles de explicar que hasta un niño puede jugarlo.

En mi cumpleaños perdí al Jenga –que se llama K.A.E en mi versión trucha– contra una nena de 4 años.

El objetivo es sencillo.

Partiendo de una torre se deben extraer piezas que van colocándose en los pisos más altos. Se utilizan 54 piezas de madera iguales, que al principio de la partida conforman una torre compacta de 18 hileras o pisos, cada una de ellas constituida por 3 de esas piezas. La única decisión que podemos tomar es si dejamos que un piso tenga una base de 1 pieza, o de dos (en función de si quitamos la pieza del medio o de los extremos).

Evidentemente a medida que se adelgaza la torre, esta tiende a ser cada vez más inestable. El jugador que derriba la torre con su pieza pierde. Aunque es teóricamente posible, nunca en mi vida vi una torre de 54 piezas (una por piso).

El empate no es una opción.


Puede ser fácil de jugar, pero ciertamente tiene una mecánica interesante de analizar (y algunos hasta lo han hecho). Yo a veces pienso que cada juego tiene su momento. El Jenga tiende a hacer su aparición cuando se juntan tres o cuatro amigos en una sobremesa. El alcohol (hay que decirlo) le suma diversión al juego y también es uno de los grandes personajes de las fiestas de niños (¡el Jenga, no el alcohol!).

Quizás el momento más épico del JENGA en la televisión Argentina:



El juego lo inventó Leslie Scott en Ghana (Africa) en 1974, y por aquella época se lo llamaba “Takoradi Bricks”. Tenía 20 años y lo pensó a partir de unas maderas que le compró a un artesano local para entretener a su hermano menor. En 1980 ya comienza a conocerse como Jenga en la Universidad de Oxford en Inglaterra. En swahili Jenga significa, literalmente, construir.

En las otras entradas sobre Juegos de Mesa comenté algunas estrategias y tips básicos para ganar. Así que: ¿cómo podemos mejorar nuestro juego para ganar al Jenga? Ayuda tener buen pulso, por supuesto. Pero ayuda todavía más contar con una pistola de Jenga  que luche contra nuestras temblorosas manos:



La verdad es que se trata de esos juegos donde la práctica hace al maestro. Recuerdo haber alcanzado el piso 32 jugando con mi hermano Francisco hace un par de años (record que nunca más puede alcanzar).

El JENGA puede ser repetitivo y poco competitivo, pero es muy divertido, fácil de aprender y una buena forma de matar el tiempo. Por sobre todo, gracias a su sencillez puede ser jugado por prácticamente cualquier edad, lo que sume la posibilidad de sumar a niños (y eso siempre es entretenido).

Creo que los humanos somos ingenieros estructurales por naturaleza. Desde chiquitos jugamos a crear cosas con ladrillos, legos, tapers o pedazos de cables. Al crecer, la capacidad de divertirnos con cosas banales se reduce junto a nuestra capacidad de jugar de forma inocente, pero el JENGA es uno de esos juegos que siempre nos lo recuerda.


El carisma del Jenga está ligado a su simplicidad: nada más que bloques de madera y la ingrata gravedad. Pero incluso un esparcimiento insignificante puede enseñarnos lecciones importables sobre la estabilidad, la vulnerabilidad y la acción bajo presión. Por eso, y por tantas horas de diversión que me brindo, es otro de los grandes juegos de mesa que destaco.


Y dijeron: «Venid; edifiquémonos ciudad y torre, cuya cumbre llegará al cielo;
y haremos el nombre(a) nuestro, antes de dispersarnos por la faz de toda la tierra».
Génesis 11:4

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=>> Otras notas sobre GRANDES JUEGOS DE MESA en el blog: “Clue: ¿quién es el asesino?” (Parte I); “TEG: muy parecido a la guerra” (Parte II); “Monopoly: el capitalismo como un juego” (Parte III)

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4 comentarios:

  1. Y alguna vez estuvo de moda.
    Recuerdo esa jugada final de ese juego de jenga. De la reacción de Luciano Pereyra al perder. Cuyo efecto secundario hizo que fuera apreciado. Recuerdo que lo pasaron en CQC.

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    1. ¡Ehh... nunca se fue de moda...! El público del JENGA se renueva.

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  2. Lo de Luciano Pereyra fue épico. Lo mejor que hizo en su vida.
    Modificaste mi cosmovisión. Siempre creí que era un juego oriental, mirá vos así que nació en Ghana. además creí que era más antiguo, nunca hubiera imaginado que era del 74. Buenísimo el Jenga Pistol, me encantaría sorprender a mis sobrinas con una de esas.
    Pienso que al juego hay que permitirle la decisión de "tablas", como en el ajedrez. Si los rivales deciden que no se puede seguir se pacta y se reparten un poroto cada uno. Pero claro, para esto hay que ser muy sabio y sereno, la obsesión siempre pide más y más y más pisos... y ver al otro derrotado.

    Seguiremos esperando por más juegos de mesa.
    Abrazo!

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    1. En la guerra y en el jenga: no hay tablas. =P
      ¡Gracias por pasarte! Siempre un gusto.

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