miércoles, 4 de febrero de 2015

[EUROPA 2015] Parte II – La (eterna) llegada a Roma


La salida de Buenos Aires


Odio Buenos Aires. Y creo que Buenos Aires me odia a mí. Quizás algún día hagamos las pases.

No solo el colectivo se demoró dos horas adicionales en llegar a Retiro (desde Bahía Blanca) sino que además la electricidad del subte “A” se cortó y terminé esperando a mis viejos en un bar (“Casablanca”). La cuestión es que llegué a la casa de mis hermanos 4 horas más tarde de lo deseado. El calor, el celular sin carga, el peso de mis dos mochilas, la ansiedad. 

Todo apestó. Lejos de ser Humphrey Bogart, me sentí más Sam, el pelotudo que se la pasa tocando el piano esperando que algo lo saqué de aquel intimidante país.

Pero vayamos desde el principio, remontándonos a unos días antes.

Los últimos días antes de partir fueron caóticos. En el trabajo me daban latigazos laborales y mi cabeza solo estaba en mis pendientes. Un compañero de laburo me prestó dos adaptadores para Europa (ver imagen) y por suerte allá manejan el mismo voltaje (220v) y frecuencia que nosotros en Argentina, así que no preciso adaptador. 

Es una tranquilidad llegar a un país nuevo sabiendo que los enchufes van a andar, así que eso recomiendo que lo revisen antes.

Armé una improvisada lista que tenía sabor a poco. 

Todos los que aconsejan armar la mochila aconsejan: “si podés vivir con esa ropa por 2 semanas, lo podés hacer por 2 meses”. Con esa idea en mente, incluí lo estrictamente necesario y –aunque dolió– tuve que dejar atrás mi almohadita, un jogging y una camiseta extra. Al final terminó pesando poquito más de 10 kilos, lo cual está más que bien. 



En cuanto a cómo armarla, hay páginas enteras que explican cómo ubicar las cosas en la mochila según el peso y cómo acomodarla, pero un resumen es esta imagen debajo.


Cómo acomodar una mochila de viajero en 3 simples pasos.


Mi botiquín / neceser incluye Refrianex, Bayaspirina C, Cafiaspirina, Ibupirac y las infaltables pastillas de carbón. Además llevo unos shampoo en sobres, y jaboncitos. Mi desodorante es de bolita (más chiquito y práctico) y el perfume es una imitación barata que anda al pelo. Además metí mi afeitadora eléctrica (aunque no creo usarla), un toallón, la pasta de dientes y el cepillo para completar “lo de baño”.

Llevo un mate súper simpático que me regaló mi novia. Es de losa, azul, chiquito y con dos orejitas. Y medio kilo de yerba Unión (sí, eso fue un chivo). También me traigo conmigo dos libros viajeros. Ya arranqué “La insoportable levedad del ser” (de Milan Kundera) y tengo que decir que viene MUY bien. Absolutamente adictivo. También traigo a Adolfo Bioy Casares, que me va a acompañar con “Dormir al sol”. En formato ebook tengo algo de lectura más ligera: “This book is full of spiders”, de David Wong. Todas estas novelas van a tener su review en su momento.

Otro peso extra de la mochila son los alfajores Havanna para la familia que hospeda a mi hermano en Eslovenia. La idea es ganarme su corazón desde el vamos.

No quiero repasar toda la lista de cosas que llevo, pero sí comentar (para quienes piensen en hacer un viajecito de este estilo) algunas cosas. Primero: lleven liguitas y cinta de papel. Para cerrar cosas no hay nada mejor, y uno nunca sabe cuándo puede llegar a precisarlas (“¡Lo atamo con alambre... lo atamo!”). Otro detalle es el de traer candados (yo tengo dos de diferentes tamaños). Salen dos mangos y en los hostels te los suelen cobrar. En una carpeta con folios tengo toda la documentación y data de los lugares en los que voy a estar, seguro médico, pasaje, etc. Llevo ojotas. Por más que haga frío invernal en Europa, para irse a bañar o estar en un hostel, siempre vienen bien.

Créanlo o no: la gente también se viste en otros países, así que supongo que si me falta algo de ropa, la compraré allá. Estoy llevando lo mínimo indispensable, 2 jeans, 3 remeras, 3 camisetas, 3 buzos, etc. A mi llegada a Roma necesito hacerme con unas zapatillas impermeables porque, aparentemente, lo que me espera en Eslovenia es esto:


Lo que me espera en Eslovenia, parte I.


Lo que me espera en Eslovenia, parte II

El itinerario que presenté en el post anterior sufrió una leve modificación. Mi amigo Ángel (que ya está en Europa, en España más precisamente) se vuelve unos días antes, así que estaremos visitando Croacia antes de lo previsto. Pero sobre la marcha lo iré aclarando.

En este momento estoy en Ezeiza, a minutos de embarcar en el avión. Hago un corte acá y lo que sigue será desde el hostel en Roma, al que espero encontrar la manera más económica de llegar.

***

El aeropuerto de Frankfurt


OK, sigo.

¿La gente de los aeropuertos sabe cuánto valen las cosas... tipo... en cualquier otro lugar del mundo? En serio. Un sándwich 3 euros, café 2.50 euros, ¡una camisa 90 euros! OLVIDATE. Pero en fin. El viaje largo (Buenos Aires – Frankfurt) fue muy relajado. Una buena cena (a las 7 pm) y un buen desayuno (8 am).

Solamente el vuelo fue un poco turbulento, y por las noches una pendeja no dejó de llorar. Tenía ganas de tirarla sin paracaídas. Al lado tuve a una pareja de viejos alemanes con los que hablé, amablemente, lo justo y necesario.

El centro de entretenimiento (pantallas personales) tenía de todo: series, música, películas, etc. En un principio me sorprendí que todo en el avión estaba en alemán: instrucciones, revistas, etc. Después dije: “Claro, obvio. Lufthansa es la aerolínea alemana”. Tenía sentido. Soy Sherlock Holmes. De hecho, el centro de entretenimiento estaba en alemán pero logré cambiarlo a inglés. Me vi “Whiplash” y “The Signal”, ambas muy buenas. También vi un capítulo de Brooklyn Nine-Nine que me pareció divertido.


Además la pantallita tenía cámaras externas. Podías ver debajo del avión y delante. Para el despegue y el aterrizaje fue increíble. Nunca deja de sorprenderme el nivel de ingeniería de la aviación y la precisión que tienen los aviones. O sea: a veces se me complica orinar y apuntar al inodoro, y los aviones comienzan a descender a la velocidad y en el momento justo para enganchar el principio de la carretera de aterrizaje. Impecable.

Y llegué a Frankfurt en tiempo y forma. En la ciudad había nevado recientemente y el frío golpeaba fuerte como padrastro borracho. Por suerte, siempre previsor, tenía mi campera de invierno a mano que venía cargando desde Buenos Aires. Pregunté 3 o 4 veces en diferentes tramos de los trámites para asegurarme que estaba tomando el vuelo de conexión a Roma correcto. Tengo historia de haberme pasado de largo o directamente haber viajado a lugares equivocados.

Llegada a Roma


Roma era un quilombo, y estaba fresquito. Pagué 5 euros para subirme a un bus de 45 minutos que me dejaba directamente en la estación de trenes Termini (de ahí, 5 cuadras del The Yellow Hostel). En las afueras, Roma no es muy distinta a Buenos Aires: carretera y campo. Pero cuando pasamos una muralla en ruinas, el paisaje cambió completamente. ¡Esa era la Roma que quería ver!


Cuando vibrara esta mierda iba a tener mi habitación disponible en The Yellow Hostel. 
Sentí que esperaba un transplante de corazón.

Ahora ya me ubiqué en el Hostel y estoy con una cerveza en el bar de enfrente. Se confundieron y nos pusieron con Ángel en una habitación de 6 en lugar de una de 4, así que para compensar mañana nos pasan a una privada (gratis). Charlé con un mexicano y una brasileña que andaban por ahí. Hay varios argentos (un grupo grande) y gente de todos lados. Llueve, y me da paja salir, pero me voy a calzar el poncho y hacerlo. Son las 6:14 pm (en Argentina las 2:14 pm). Me voy a recorrer el centro. Chau.

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=>> Post anteriores de [EUROPA 2015] en el blog: “Parte I: Mi itinerario

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2 comentarios:

  1. Me parece que esta es tu entrada más irónica. Toda buena historia de viaje tiene que arrancar puteando a la estación de Retiro o alguna linea de subte... pareciera que trae buena suerte arrancar así
    Con el chivo ese me diste ganas de tomar mate.
    Esperaré la reseña de "La insoportable levedad del ser".

    Buen viaje!

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    Respuestas
    1. ¡Perdón por el cuelgue! Se me hace difícil contestar todo con tanto viaje. Me hiciste reír bastante con el comentario, y pronto saldrá la crítica de la novela (que está muy buena, por cierto). ¡Abrazo!

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