martes, 29 de septiembre de 2015

“Vanilla Sky” (2001): la importancia de lo dulce y lo amargo


Vanilla Sky” (de Cameron Crowe) es una de mis películas preferidas, y nunca pierdo la oportunidad de volver a verla cada vez que puedo. Me parece una mezcla fabulosa entre historia de amor y thriller psicológico, y hasta la disfruto más que la original “Abre los Ojos” (la segunda película de Alejandro Amenábar).

Cuando la vi en el 2001 me pareció muy profunda y creativa. Comienza con un hombre en una máscara (Tom Cruise) en la cárcel y contando su historia a un psiquiatra (Kurt Rusell). Cruise era un millonario que lo tenía todo, excepto la atención de una mujer que conoció en una fiesta (la hermosa Penélope Cruz, quien –curiosamente– hace el mismo papel tanto en esta remake como en la original).

Todo se complica cuando su psicópata y amiga-con-beneficios (Cameron Díaz) lo conduce a un accidente en el que ella muere y él queda con la cara desfigurada. A partir de ese momento, todo comienza a volverse surreal y bizarro en la vida del protagonista David Aames.

#SpoilerAlert. Dicho esto, miren la película antes de seguir avanzando, o se arriesgan a arruinarse una historia absolutamente maravillosa.

La gran revelación de la película se da cuando nos enteramos de que, en algún momento luego del accidente, David pagó un programa (“Life Extension”) para ser enfriado e ingresar a un sueño lúcido, uno que le permitiría soñar el paraíso.

Vanilla Sky” / “Abre los ojos” le ganaron en más de 10 años a Inception en términos de explorar la idea de los sueños lúcidos inducidos medicamente.


Pero la trama no es tán sencilla como “todo fue un sueño”, sino que es una variación inusual de este tema. Los críticos no suelen discutir si todo fue un sueño o no, sino qué tanto de la película lo es. Las ocurrencias extrañísimas que comienzan a suceder podrían ser el resultado de un error en el sistema (como explica el empleado de Soporte Técnico en el bar) o bien originadas por algo diferente.

El final es tan ambiguo que parecería haber, por lo menos, cinco posibles interpretaciones (según el comentario del director):

1.       Todo lo que dice Soporte Técnico es real (David nunca volvió a ver a Sofía de nuevo. Luego de dormirse en la acera, firmó contrato con Life Extensión y se puso en un coma. El resto fue parte de su sueño lúcido).
2.       Toda la película es un sueño (porque finaliza del mismo modo que inicia).
3.       David murió, y todo es un sueño luego del accidente en el auto.
4.       La película es la trama del libro de Brian (el mejor amigo de David).
5.       Todo es el resultado de las alucinaciones de David debido a la medicación (y luego del accidente de auto).

También se juga con la idea de “Sueños dentro de los sueños” (David tiene varios de esos), lo cual no facilita la interpretación de la historia.

Sobre el final no podemos estar seguros de si David despertó o no. Según IMDB.com, la voz del final (“David, open your eyes”) es de la actriz Laura Fraser (Lydia de “Breaking Bad”) y no de alguien del elenco. Tampoco lo vemos golpear el suelo al saltar desde la cima del edificio (él tenía miedo al impacto, no a las alturas).

Como sea, aunque el ángulo de los sueños y la interpretación de lo que realmente sucede en “Vanilla Sky” es fascinante, no es lo que más me llama la atención de la cinta. Lo que más disfruto es el impacto emocional que posee y su capacidad para hacernos replantear ciertas cuestiones de la vida.

Una de las frases que se repiten a lo largo de la película es “Lo dulce nunca es tan dulce sin lo amargo”. Este tagline (que adopté como un lema personal) funciona como leitmotiv de Vanilla Sky. En otras palabras: el placer puro y la felicidad plena no tienen sentido sin el descontento y la tristeza para darles contexto.

«Nunca conocerás el glorioso dolor del hombre que se va a casa solo.
Porque sin lo amargo...lo dulce no es tan dulce

David tiene la oportunidad de vivir una vida privileagiada, una existencia paradisíaca dentro de su sueño lúcido, en compañía de la mujer que ama y de su mejor amigo. Pero al final elige que esa existencia es en vano porque es irreal. Prefiere vivir en un mundo real, imperfecto, fallido, áspero. Uno donde no todos los días son buenos, y tampoco todos malos. Para poder apreciar la luz, tenemos que haber conocido la oscuridad.

Vanilla Sky es más liviana que Abre los Ojos. De eso no hay duda. La versión de Amenábar, como casi toda su filmografía, es más oscura, más cruel y mucho más terrorífica. La adaptación de Crowe, en cambio, tiene un enfoque mucho más humano, más humorístico, y contiene grandes situaciones emotivas entre los protagonistas. La relación entre Tom Cruise y Penélope Cruz (que luego se transportó a la vida real) me parece una de las mejor logradas dentro del cine romántico. Ambos “retardadores de placer”, divertidos, piropeadores (“That smile's gonna be the end of me”), riéndose uno de otro, sinceros.


«Te veré en otra vida,
cuando ambos seamos gatos.»

También me encanta el rol de Kurt Russell en la cinta y cómo adopta la figura paternal que le toca vivir en el sueño. ¡Tremendo papel!

Cuando Vanilla Sky salió en el 2001, dividió las opinones. Todos la amaban o la odiaban. Volví a verla hace poco (esta vez con mi futura esposa) y la encontré tan fresca y contemporánea como la primera vez. (A la película, no a mi chica). Incluso mejor. Llena de sutilezas y detalles, con un soundtrack tan vivo (como acostumbra Cameron Crowe) y con muchísimas referencias a sí misma, al cine y a la cultura pop en general.

Al respecto, aparentemente hay 429 referencias pop-culturales a lo largo de la película, casi todas intencionales y relacionadas directamente con la trama. Magistralmente, estas referencias influyen directamente en la historia al punto de deconstruir la idea misma de las referencias pop-culturales en la ficción.
  
(¿Eh?). OK. Ahí me explico mejor. El flaco de Soporte Técnico comenta que los personajes y situaciones que David creó en su sueño lúcido fueron el resultado de experiencias cuando era chico, de obras de arte, programas de televisión que vio, música que escuchó, relaciones que tuvo antes de ingresar al sueño.

Hay muchísimo para amar en esta película: tres de los actores más sensuales del momento (Cruise, Cruz y Díaz), un impecable romance, fenomenal soundtrack, trama intrigante y enredada (de esas que generan debates pos-película) y una excelente dirección de Crowe. 

Me encanta este director –adoro  “Elizabethtown”, “Almost Famous” y “Say Anything”– pero creo que éste es su mejor trabajo.

Al final del día, "Vanilla sky" es una historia que cuenta con una serie de símbolos (objetos, temas y personajes) que se organizan como una alegoria sobre la felicidad desde una perspectiva ética. En concreto, hablamos de la responsabilidad de la felicidad personal. A partir de ahí toma temas de realidad vs. percepción, cómo nos influye la culpa o cómo se define el amor.


Hay muchísimo para analizar: ¿Qué es verdaderamente el “Cielo de vainilla”? El accidente. La máscara (forma visual de la negación). “La chica más triste que alguna vez sostuvo un martini”. La vida como una persecución de sueños. La simbología de la acofobia en el protagonista. Consequences, David…

Peliculón. De esos que me ponen la piel de gallina con ciertas escenas, que me recuerdan por qué amo el cine, de esos que podría seguir desenredando por horas. Si no lo vieron, háganlo. Good night.

¿Vieron “Vanilla Sky”? ¿Qué les pareció? ¿Qué opinan del cine de Cameron Crowe? ¡Espero sus comentarios!

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martes, 22 de septiembre de 2015

“El amante japonés”, una novela de Isabel Allende


Isabel Allende no es originariamente chilena. De hecho nació en Perú, en 1942, donde en esos tiempos se encontraba su padre, un diplomático chileno. Hoy vive en Estados Unidos. Y no es la hija del ex-presidente chileno Salvador Allende, como muchos creen, sino la hija de un primo de él. La confusión se agrava porque el mismo Salvador Allende tuvo una hija llamada Isabel. Típicas cuestiones de familia.

Se trata de una escritora que publica con increíble regularidad. Un año después de su última novela, sacó un nuevo trabajo: “El amante japonés”. Se lo compré de regalo a una amiga y después me lo prestó para leerlo.

La verdad es que lo único que había leído de Allende antes había sido “La casa de los espíritus” (y de chico). “El amante japonés” es una obra esencialmente de amor, de un amor que perdura por décadas, y la disfruté bastante.

Transcurre paralelamente en dos líneas temporales. En el presente, Irina Bazili –una chica de 23 años que viene escapando de algo– consigue un trabajo estable en un hogar de ancianos (Lark House) Ahí llama la atención de Alma Belasco, una anciana de clase alta de la cual no se sabe prácticamente nada.  Irina recibe una propuesta laboral de Alma para ser su secretaria personal. Junto al nieto de Alma (Seth) comienzan la ardua tarea de escribir un libro sobre la familia Belasco.
Acá arranca la parte más jugosa de la historia: el pasado.

Mientras Irina y Seth revisan papeles de Alma para el libro, descubren unas misteriosas cartas enviadas a lo largo del tiempo por Ichimei, un japonés que Alma conoció en la infancia y el jardinero de la mansión de sus tíos. A medida que avanza las historia, el pasado se va desentramando, los secretos salen a la luz y los personajes se acercan a verdades tremendas que estuvieron ocultas durante años.


El pasado y el presente se van fundiendo con mucha fluidez, gracias a una prosa fresca y llevadera que tiene al amor como leit motiv. Es genial como la autora te lleva con naturalidad desde la Polonia de la Segunda Guerra Mundial hasta un San Francisco en el presente, pasando por lugares tan exóticos como Japón.

Un momento impresionante es cuando la autora nos transporta a los campos de concentración para los japoneses que existieron en Estados Unidos. 

Personalmente no sabía de su existencia. Aunque se trate de ficción, las escenas forman parte de episodios reales que fueron silenciados por mucho tiempo por toda la comunidad japonesa, para quienes fue una gran humillación.

Apenas se mencionan estos campos de concentración en los libros de historia. Recién ahora los hijos y nietos están resucitando ese momento tan resguardado.

Creo que el mayor logro de Isabel Allende en esta novela es el tratamiento que le da a la relación entre jóvenes y ancianos. Ella parece entender bien las inquietudes y miedos de aquellos que transitan la temible tercera edad.

«Irina había comprobado que el proceso era el mismo:
se avanza paso a paso hacia el final, unos más rápidamente que otros, 
y por el camino se va perdiendo todo. 
No se puede llevar nada al otro lado de la muerte

("El amante japonés", Isabel Allende)


Más allá de que se nos va revelando poco a poco la fascinante vida de Alma Belasco, siempre volvemos a la actualidad. Y en esa actualidad irreversible, ella ya es una mujer de ochenta años que se está preparando para morir. Por momentos hasta parecería que la autora aprovechó a Alma para poner pensamientos propios sobre este tema.


«Trataba de comprender lo que significaba llevar el invierno en las espaldas, 
la inseguridad de cada paso, la confusión ante las palabras que no se escuchan bien, 
la impresión de que el resto de la humanidad anda muy apurado y habla muy rápido, el vacío, la fragilidad, la fatiga y la indiferencia por lo que no les atañe personalmente, incluso hijos y nietos, 
cuya ausencia no pesa como antes y hay que hacer un esfuerzo para recordarlos.»

El tema central es, indudablemente, la vejez, pero a su vez se tocan otras cuestiones: la homosexualidad, los padres ausentes, la eutanasia, las familias no convencionales, el temor a la muerte y la trata de mujeres.

El amante japonés” es un libro bastante triste. Y si no triste, por lo menos nostálgico. Hay momentos de felicidad, pero desde un principio  –y debido a que sabemos que Alma se quedó sola de vieja– la novela tiene un aire de melancolía que la rodea. Pero también es una hermosa historia de amor (de varios amores, de hecho) que es diferente a las que conocía hasta ahora, y que trasciende las barreras físicas, sociales y del tiempo.

Es muy interesante también cómo Allende dedica tiempo a sus personajes secundarios. En particular, Irina tiene una historia devastadora que comienza en Moldavia y tiene fin en San Francisco. Muchos personajes desfilan a lo largo de las páginas de esta obra, y todos son igualmente adorables.

La novela es absolutamente creíble y está cargada de realidad. A lo largo de la experiencia de vida de Alma Belasco, la autora nos muestra grandes momentos del siglo XX, escenas muy nítidas y sentimientos de sus personajes muy bien plasmados. 

Me doy cuenta de que una novela es buena cuando a mí mismo me gustaría haberla escrito, y ésta es una de ellas.

Allende conquista con una prosa irrefutable. Eso sí, aquellos que buscan en “El amante japonés” el realismo mágico que caracteriza a la autora, no lo van a encontrar. Quizás, sí, hay un pequeño detalle justo en el final. La novela es más bien de género romántico, pero que no empalaga, con buenos giros argumentales, momentos emocionantes y grandes personajes..

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lunes, 14 de septiembre de 2015

“El hombre del 4-D”, mi cuento en la revista Axxón


Una buena noticia.

Hace años que sigo la revista electrónica de fantasía y ciencia ficción Axxón pero esta es la primera vez que me animo a enviar mis escritos. Después de varias semanas de espera, finalmente me contactó el director (Eduardo J. Carletti) comentándome que mi cuento de ciencia ficción “El hombre del 4-D” había sido publicado en el #265 de la revista.

Para mí es un honor porque se trata de una de las historias más intrincadas –y de ciencia ficción más “pura” –que alguna vez escribí. Me gusta pensar que es bastante ingeniosa también. En ella, un enigmático individuo le redacta una carta a otro sobre el curioso hecho que vivió en su residencia y explica las consecuencias que tendrá para el destinatario.

La historia involucra una suerte de paradoja temporal, el concepto de la tetradimensionalidad y un alarmante homicidio, aunque el último párrafo le da un nuevo (y último) giro a la narración.

No tiene sentido postear el cuento en el blog siendo que ya está disponible en Axxón para quien quiera leerlo.

Acá les dejo el link mi relato (“El hombre del 4-D”):


 

Eso sí, espero sus comentarios de este lado. 

¡Hasta la próxima!


POSDATA: No se olviden de pasar por el post de “La ruta a Trascendencia, una novela de Alejandro Alonso”, fascinante novela que leí a través de Axxón.

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=>> Otros CUENTOS PROPIOS en el blog: “Un sencillo diálogo”; “El inevitable futuro de los cuentos”; “La maldición”; “Los perros de Seligman”.

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

La puntuación en tiempos del menor esfuerzo


Vivimos en una época donde, más que nunca, la puntuación está perdiendo la batalla

La imperiosa necesidad de escribir rápido (de “no perder tiempo escribiendo”), el dinamismo de nuestros tiempos, las contracciones de palabras, twitter, la ignorancia amalgamada con desinterés general, la idea de que “lo que importa es el mensaje y no la forma de entrega” son algunos de los factores que influyen.

Inconscientemente estamos destrozando el lenguaje.

Como aspirante a escritor, docente y profesional, me cuesta mucho aceptarlo. Durante mi trabajo de 8 a 5 (si creen que vivía de este blog, la triste realidad es otra) veo atrocidades que se hacen con el español, e-mails que parecen escritos por un pibe de 6 años, personas que eructan las palabras como quien traga una hamburguesa con papas fritas. Más de una vez quedé como pedante por realizar correcciones ante mis superiores.

Lo malo (lo peor) es que los errores se volvieron tan usuales, que ya se perdió el sentido de culpa, vergüenza o fracaso al cometerlos.

El caso de la puntuación es, quizás, el más crítico de todos. Si hay errores de ortografía o faltan tildes, uno puede (mal que mal) deducir lo que se quiso decir. Pero los signos de puntuación cambian el sentido de las frases, establecen jerarquías sintácticas y, en consecuencia, dan estructura a un texto.


"Y estos, Luciano, son tus nuevos compañeros de trabajo..."


Julio Cortázar, por ejemplo, decía: "La coma, esa puerta giratoria del pensamiento". Al respecto, una vuelta escribió el siguiente texto:
  
***

"Si el hombre supiera realmente
el valor que tiene la
mujer andaría en cuatro patas
en su búsqueda".

Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra “mujer”.
Si usted es varón, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra “tiene”.

***


El lugar en el que se coloca la coma le brinda un significado absolutamente diferente al texto. Con la puntuación correcta se logra ordenar las ideas, dar ritmo y eliminar las ambigüedades. Y en relación a las ambigüedades, el ingenioso autor Manuel Toledo y Benito redactó este fascinante texto que forma parte del libro titulado “Ortografía intuitiva”.

Dice así:

***

“Un testimonio sin puntuación”

Se cuenta que un señor, por ignorancia o malicia, dejó al morir el siguiente escrito, falto de todo signo de puntuación:

«Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás se pagará la cuenta al sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo.»

Se dio lectura del documento a las personas aludidas en él, y cada cual se atribuía la preferencia. A fin de resolver estas dudas, acordaron que cada una presentara el escrito corriente con los signos de puntuación cuya falta motivaba la discordia.

El sobrino Juan lo presentó de esta forma:
«Dejo mis bienes a mi sobrino Juan, no a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo.»

Como puede verse, el favorecido resultaba ser Juan; no conformándose el hermano Luis, este lo arregló así:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No: a mi hermano Luis. Tampoco, jamás, se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo.»

El sastre, a su vez, justificó su reclamación como sigue:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. Se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo, para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo.»

De este modo, el sastre intentó cobrar su cuenta; pero se interpusieron los jesuitas, reclamando toda la herencia, y sosteniendo que la verdadera interpretación del escrito era ésta:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco, jamás. ¿Se pagará la cuenta al sastre? Nunca, de ningún modo. Para los jesuitas todo. Lo dicho es mi deseo.»

Esta lectura motivó gran escándalo entre los concurrentes y, para poner orden, acudió el Juez. Este consiguió restablecer la calma, y después de examinar el escrito objeto de la cuestión, exclamó en tono severo:
—Señores: acá se trata de cometer un fraude. La herencia pertenece al Estado, según las leyes en vigor. Así lo prueba esta verdadera interpretación:
«¿Dejo mis bienes a mi sobrino Juan? No. ¿A mi hermano Luis? Tampoco. Jamás se pagará la cuenta al sastre. Nunca, de ningún modo para los jesuitas. Todo lo dicho es mi deseo.»

Y agregó:
«En su virtud, y no resultando herederos para esta herencia, yo, el Juez …, etc., etc., me incauto de ella en nombre del Estado. Queda terminado este asunto.»

***

Esta serie de signos, cuando están bien elegidos y se colocan en su el lugar adecuado, permiten no solo que el lector­ de los mensajes escritos los entienda, sino que además les confiera la adecuada entonación.

Más allá del humor, y sin pretender parecer un purista, los signos de puntuación son fundamentales. La diferencia entre «¡Vengan a comer chicos!» y «¡Vengan a comer, chicos!» es que con la primera podés ir preso por canibalismo. Por su parte: «No está mal eso» y «No, está mal eso» dicen exactamente lo opuesto.

Acá me pongo un poco ñoño

La RAE destaca especialmente el aporte que realiza la puntuación a la cohesión de un texto: "De ella depende en gran parte la correcta expresión y comprensión de los mensajes escritos. La puntuación organiza el discurso y sus diferentes elementos y permite analizar la ambigüedad en textos que, sin su empleo, podrían tener interpretaciones diferentes".

Pensemos en esta frase:

«Los soldados, cansados, volvieron al campamento.»
«Los soldados cansados volvieron al campamento.»

En la primera oración, ¿qué soldados volvieron al campamento? La respuesta es TODOS, y además todos ellos estaban cansados. En el segundo caso únicamente volvieron aquellos que estaban cansados, el resto se quedó.


En algunos casos la falta de comas hasta puede ser insultante (en mi caso: siempre). Existen varias versiones de la Biblia que, en Lucas 23:32, tienen la siguiente frase: «Y había también otros dos ladrones crucificados con Jesús».  Si consideramos que Jesús, por lo menos según el cristianismo, no era un “ladrón” como los otros dos, debió haberse escrito: «Y había también otros dos, ladrones, crucificados con Jesús». La diferencia es mínimo, pero con la primera frase te vas derechito al infierno.

Así que, por favor, se los imploro. No cuesta nada escribir bien, la puta que lo pario. Hagamos un esfuerzo para redactar e-mails como los profesionales que nuestro título sugiere. No se coman las comas, y ¡hablemos bien, carajo! ¡Hasta la próxima!

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viernes, 4 de septiembre de 2015

“La ley de Chandler” y otras reglas de oro para el Drama


Cuando el potencial para un conflicto es visible, nunca tiene que dejarse de lado. 

Sin conflicto, no hay drama, y sin drama no hay relato, novela, película o serie televisiva que resista. Un show donde todos se llevan bien con todos y nada espinoso ocurre aburre.

Seamos honestos, nadie quiere ver una serie de TV donde un pibe va a trabajar de 8 a 5, ocasionalmente escribe una nota para su blog y se toma una cerveza con amigos. Por eso Gran Hermano busca personas que vayan al choque y sean propicias a generar quilombo en la casa (conflicto, señores, conflicto). Y por eso el jurado de MasterChef eligió a Alejo contra Martín. (Al final del día, es un reality más).

Existen ciertas Reglas para el Drama que están más o menos establecidas. 

Al respecto, Raymond Chandler una vez describió una regla maravillosa y acertada que es la siguiente:

Cuando tengas dudas, hacé que un hombre entre por la puerta con una pistola en su mano”.
 (Ley de Chandler)

Chandler –uno de los autores estadounidenses de novela negra más famosos– codificó en esta Ley un consejo fundamental para escritores de drama. Cuando te sientas arriconada por una trama donde no sucede nada, la adición de un nuevo oponente o complicación puede liberar al protagonista de una narracción monótona. Y si metemos un poco de violencia al mix, no le va a hacer nada mal.


Mis lectores nunca van a ver venir ESTO”.

Otros, con un poco más de humor, comentan sobre la Ley de Chandler que: “Cuando todo lo demás falle, hacé que varios ninjas encapuchados ingresen premeditadamente a través de las ventanas y ataquen con nunchucks.”

Naturalmente, Chandler utilizó esta regla en sus propias historias del detective Phillip Marlowe. En algunos casos hasta hizo una parodia de sí mismo. Un ejemplo clásico es una escena de “La dama en el lago” (1943). Esto es lo que pasa:

Sacó la mano derecha del bolsillo y me apuntó con el arma. Sonreí. Quizá no fuera la sonrisa más sincera del mundo, pero el caso es que lo hice.

–Nunca me han gustado esta clase de escenas –le dije–. Detective se enfrenta con asesino. Asesino saca pistola y apunta a detective. Asesino cuenta al detective su triste historia con la idea de matarlo después, perdiendo así un tiempo precioso aun en el caso de que al final logre liquidarlo. Solo que el asesino nunca lo logra. Siempre ocurre algo que lo impide. A los dioses tampoco les gusta la escena. Siempre consiguen estropearla.

–Supongamos que esta vez lo hacemos de un modo un poco distinto –dijo ella en voz baja acercándose a mi suavamente a través de la alfombra–. Supongamos que esta vez no le digo nada, no ocurre nada, y lo mato.

–Seguiría sin gustame la escena –respondí.”

Stephen King también menciona esta regla en su autobiografía “Mientras escribo” (que reseñé en este post) como una de las formas que encontró para superar un caso serio de bloqueo de escritor mientras trabajaba en su cuarta novela: “La danza de la muerte” (The Stand, 1978).

Una de mis películas favoritas, “El quinto infierno”, (The Boondock Saints, 1999) está hecha prácticamente con personas pateando puertas y disparando, pero hay una escena particular que se ajusta a la “Ley de Chandler”. Los dos protagonistas están tirados, casi aburridos, y la trama se encuentra en un freno. De pronto, su mejor amigo patea la puerta mostrando su arma y diciéndole a todos que junten sus cosas.

También sucede en la explosiva secuela de The Expendables (2012), cuando los héroes estánChuck Norris. Tremendo momento de una cinta que es una fiesta pochoclera sin precedentes.
atrapados bajo fuego y el enemigo saca un motherfuckin tanque. De repente, todos los villanos empiezan a caer masacrados por una fuerza invisble. Resulta que era

Casino Royale (2006) presenta una situación similar. Bond (Daniel Craig) está siendo torturado por el malo de turno (Le Chiffre, un genial Mads Milkkelsen). El héroe afirma que nunca va a dar la información, el villano sabe que no puede matarlo, decide castrarlo (ouch!) y entonces… alguien aparece y le dispara al pobre Le Chiffre.

Esencialmente, cuando nosotros (escritores) nos quedamos sin drama, tenemos que encontrarle la vuelta para forzar drama a situaciones que quizás no lo son tanto. Y esto es muy delicado. Cuando la ejecución es pobre, el resultado es un escenario inusual, irracional y altamente improbable que solo existe para prolongar un conflicto inexistente.

También se corre el riesgo de pasarse para el otro lado, y que la ridiculez del drama planteado lo convierta en una parodia, en algo gracioso o absolutamente caricaturesco.

Una cuestión debatible surge en libros y películas sobre un hecho histórico. Es común que allí los conflictos, por más que en la realidad hayan sido menores, se intenfiquen y exacerben. Esto no significa necesariamente que el escritor nos miente en la cara o está intentando cambiar la historia; pero es que sin conflicto, los lectores y espectadores no tienen algo realmente con lo que puedan identificarse.


No por nada se considera a Raymond Chandler como uno de los padres fundamentales de la novela negra. En varios ensayos y entrevistas demostró sólidos conceptos acerca de cómo escribir ficción criminal. Su obra desconcertaba a un lector inteligente, trataba sobre personas reales en el mundo real (personas con verdaderas motivaciones para matar, más allá de presentar un cadáver al argumento) y era técnico en cuanto a los métodos del asesinato y la investigación en sí. Proximamente voy a reseñar “Lady in the Lake”, una de sus novelas más valoradas.

¡Hasta la próxima!

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miércoles, 2 de septiembre de 2015

“Con el espíritu inquieto”: un uruguayo viviendo en Irlanda


No es la primera vez que me contactan autores para reseñar una obra en el blog. La última vez fue con Guido Barsi y su cómic de ciencia ficción “Ahogo” (del que hablé en este post). Otras veces recibí material pero le faltaba pulirse demasiado como para que me anime a dar una crítica constructiva. Otras tantas (tengo que admitirlo) leí obras que me enviaron y no me interesaron en lo más mínimo.

Por suerte, no me ocurrió lo mismo con esta obra de Juan Patrick (pseudónimo del uruguayo Juan Ignacio Pita). Más allá de que tiene algunas debilidades, principalmente desde los aspectos formales, pude sentirme muy identificado con esta obra / diario de viaje que relata las aventuras de un uruguayo residiendo en Dublín, Irlanda.

Yo durante el 2012 viví en Panamá y viaje por Centroamérica (en Viajeros.com están todos mis diarios de viaje) y en febrero de este año viajé un mes de mochilero por Europa (solapa "EUROPA 2015"). Por eso la historia de Juan me pegó tan fuerte. Él hizo lo que yo (y el mismo año) pero eligió quedarse, mientras que yo elegí volver. Sin embargo, ambos entendemos lo que es dejarlo todo para vivir en un país lejano.

El libro de Juan presenta pequeñas historias sobre viajes y el día a día de su primer año solo en el exterior. Me hizo llegar una copia y la devoré en una semanita. La verdad es que es muy llevadero y retrata a la perfección la nostalgia y el distanciamiento que siente uno al tomar la decisión de irse lejos de su hogar y familia.

Su historia es fascinante. Originariamente de Montevideo, en el 2012 se fue a vivir a Irlanda para aprender inglés, investigar sobre sus raíces europeas y salir de su zona de incómodo confort. Comenzó su blog (http://juanpatrick7.blogspot.com.ar/) y poco a poco esas entradas dieron forma al libro “Con el espíritu inquieto”, que distribuye electrónicamente por Amazon y en formato papel.


Luego de unos años, se puso de novio con una irlandesa y terminó yéndose a vivir a Hong Kong. Ambos volvieron a Europa, luego a Uruguay, y finalmente terminaron en Hungría, donde están planeando el casamiento.

Su libro solo comenta un pequeño fragmento de toda esta historia, con episodios de relativa autonomía donde se van vivenciando los preparativos para el viaje y sus primeros meses en el país irlandés. Hay parrafos muy íntimos y fascinantes, no especialmente por cómo estén escritos, sino por lo que Juan cuenta, por la experiencia de vida, por cómo se desnuda ante su público.

Eso sí: la mayoría de las historias son desaciertos, como una suerte de tragicomedia. Algunas de las anécdotas que narra son terriblemente desalentadoras (como cuando fue a Manchester y Liverpool por unos días). Pero siempre las adorna con mucho humor y una frescura alentadora. Al fin y al cabo, la vida es así: tenemos días buenos y días malos. El libro representa esto con mucha fidelidad.

El aspecto formal del texto literario es quizás (y lamentablemente) el punto más flojo. Al estilo le falta un afinado, hay un par de errores de ortografía, de gramática y acentos mal colocados. Lo charlé con él y me pareció una pena que no lo haya pasado por un corrector de estilo previo a su publicación.

Sin embargo –más allá de estos detalles– como obra de diario de viaje es muy satisfactoria y se deja leer con facilidad. Como una suerte de slice-of-life, el libro presenta el estilo de vida de un extranjero que se arremangó para trabajar en lo que fue necesario, que hizo amistades, tuvo peleas y ¡hasta conoció a fans de su blog! (épico el episodio donde se relata esta anécdota):

“Estaba en el centro, dando las últimas vueltas, cuando una mujer me paró y me dijo:
–Ese mate te vende.
–¿Sos uruguaya? –le pregunté sorprendido entre risas.
–Sí, pero vivo en Irlanda.
–¡Ah mirá, yo también!
–¿Vos no serás Juan Patrick, el que tiene un blog?
En ese momento se me transformó la cara, me asusté y empecé a pensar: “¿Quién sos?”, pero no la reconocía de mi lista de acreedores.
–Eh… sí –le contesté con miedo.
–¡Ah! Vos sos el que está más loco que una cabra.
–¿Y vos quién sos? –le pregunté muerto de la risa.
–Fefi.”

Eso sí: el final es abrupto. Y eso es porque Juan Patrick está planeando la continuación que, como indica en la última página, incluirá como conoció al amor de su vida, su euroviaje junto a su madre, el día que perdió 10.000 euros (¡ouch!) y su viaje a China, entre otras cosas.


COMO CIERRE DEL POST: les comparto esta entrevista virtual que tuve con él (le envié las preguntas y él las contesto). Es extensa pero, les aseguro, vale mucho la pena. A través de ella van a poder entrever la personalidad del autor, sus motivaciones para el viaje y algunas notas de color sobre la creación de “Con el espíritu inquieto”.

Sin más preámbulos, acá va:

***

Entrevista a Juan Patrick
(sobre su obra “Con el espíritu inquieto”)

1) Como para comenzar a conocerte un poquito más allá del libro. ¿De qué trabajabas en Uruguay cuando decidiste “dejarlo todo”? ¿Qué estudios tenés?

Mi último trabajo en Uruguay fue en una empresa de seguros, trabajaba en el call center aunque hacía tareas para otros tres departamentos. Me encanta y necesito estar en mucho al mismo tiempo; algunos dicen que menos es más, pero para mí siempre más ha sido más.

Al mes de haber terminado un Bachillerato Tecnológico en Administración de Empresas, empecé a trabajar en el Banco de Previsión Social de Uruguay. Me renovaron la pasantía por rendimiento, pero luego de dos años no hubo más extensión. De ahí me fui a una fábrica a guardar medias en estanterías, porque no conseguía otra cosa. Fue bravo pasar de calcular impuestos y asesorar contribuyentes, a guardar medias por color; las rojas en el segundo estante y las azules en el tercero. A los dos días me salió una oportunidad para trabajar como cadete en una financiera y trabajé ahí por poco más de un año, pero como había aprendido dactilografía y me sobraba la energía (con 20 años uno tiene cuerda para rato) me puse a buscar otra cosa y así fue que salió lo de los seguros. Siempre recuerdo que mi primer sueldo con 18 años fueron USD 120, 6 años más tarde estaba ganando casi mil dólares por mes.

2) En tu libro mencionás varias veces que viajar a Irlanda era para vos un “sueño”, pero sin brindar un motivo concreto. ¿De donde salió esa fascinanción por un lugar tan frío y remoto? ¿Qué te atraía de Dublín? En pocas palabras: ¿Por qué?

En realidad mi sueño era irme a vivir al exterior. De chico empecé a jugar al básquetbol y con 15 años me fui solo hasta una agencia que organizaba becas en EE.UU. para jóvenes que quisieran jugar al básquetbol y aprender inglés. No sé si esto fue porque siempre me gustaron los retos, porque sentía que era la única manera que podía tener de mejorar mi nivel (con los años me di cuenta que no tenía talento) o simplemente por cosas de adolescente, por no saber qué hacer de mi vida. Siempre he buscado alternativas poco convencionales cuando me siento inquieto.

Cuando fui a la entrevista me dijeron que les tenía que pagar contado USD 5.000 como seña por el trámite. Eso fue en 2002, en plena crisis uruguaya. 

En casa comíamos arroz todos los días porque la mano venía muy mal. Pero después de haber salido de esa entrevista me quedó la espina, algo me molestaba, no podía dejar que una barrera económica me quitara esta oportunidad y algo que me había llamado la atención pasó a ser mi único desafío a alcanzar.

Con los años (ya desalentado con la idea del básquetbol) averigüe que la mejor manera de pasar varios meses en el exterior era aprendiendo inglés y entre las opciones estaba Irlanda; por descarte elegí esta isla sin saber todo lo que significaría para mí a futuro.

3) ¿Como fue la preparación del viaje? Por las anécdotas que contás, parece más bien un viaje improvisado, espontáneo, casi hasta repentino. ¡Hasta fuiste sin saber inglés! ¿Planificaste algo de antemano? ¿Investigaste? ¿O te dejaste llevar por el momento?

Me preparé y no a la misma vez. Intenté averiguar algunas cosas de ante mano; los temas legales siempre son lo más importante, con eso no se juega; la seguridad es lo segundo, busqué información sobre los barrios de Dublín para saber dónde no meterme. Además, me escribí algo en un papel y lo pegué con cinta autoadhesiva. Sabía que en algún momento me iba a deprimir e iba a querer tirar todo por la borda, así que en mi mejor momento, antes de viajar, cuanto estaba feliz y lleno de energía, me hice una nota motivacional explicándome a mí mismo porque no podía renunciar y pegar la vuelta.


Con respecto al inglés fui durante 6 meses una vez por semana a un curso pensando que con eso me iba a arreglar, que llegaría con un nivel 5 si hiciéramos una escala de inglés del 1 al 10, pero a los pocos días de haber aterrizado en Dublín me di cuenta que estaba en un muy generoso 3.

Todo lo demás se dio como se dio, quería eso, que la vida me sorprendiera desde que me bajara del avión. Y así fue.

4) A pesar de que quisiste salir de tu Uruguay, de tu mundo, tus costumbres, en el relato parecés imperiosamente buscando la cercanía de argentinos, uruguayos y otros latinoamericanos con quienes compartir e intercambiar experiencias. ¿Creés que es imposible que uno se desarraigue completamente de sus raíces? ¿Qué te impulsó a buscar ese afecto local durante tus días en Irlanda?

Sé que se puede porque en este momento vivo en Hungría y no tengo casi contacto con ningún latinoamericano. Incluso en Hong Kong fue peor, porque ahí ni siquiera podía cruzar ni una palabra en el supermercado.

Pero en Irlanda fue diferente, cuando me fui de Uruguay yo vivía con mis padres y mi hermano, tenía mis amigos y actividades. Incluso en la calle tenía la costumbre (como creo que muchos tenemos) de cruzar alguna palabra con alguien, pero en Dublín fue todo diferente. Yo me fui y dejé celular, computadora y hasta la tarjeta de crédito, quería “desenchufarme” completamente. Incluso me fui a vivir solo porque quería aprender a ser completamente independiente; pero todo eso junto me pesó. Me sentí muy solo, cada vez que hablaba con algún amigo me decía “¡qué fenómeno que sos!, la debés estar pasando genial” y no, la pasaba mal, “porque vos querés” me dijo mi padre acertadamente una vez. Fue una mezcla de obligarme a poder, a sufrir para crecer, pero de tener a alguien cerca una vez cada tanto para no volverme loco.

Con el tiempo me he dado cuenta que uno no puede desarraigar del todo lo que uno es sino que se adapta, se acostumbra al lugar y combinando las viejas costumbres con las nuevas crea unas a medida.


Lo más complicado de vivir en el exterior no es extrañar mi país o mis cosas, sino que es la nostalgia por lo viejos momentos que se siente mucho más. Cuando uno se da cuenta que la angustia que siente es nostalgia por algo que nunca volverá a tener, el camino emocional es menos difícil.

5) Me llamó la atención que el libro contiene violencia, alcohol y “mal lenguaje” (por llamar de alguna manera al “cursing”), sin embargo no hay sexo (casi ni siquiera implicito) en la obra. Ponés en claro tu heterosexualidad desde el primer momento, mencionás encuentros y charlas con chicas, pero las anécdotas quedan “ahí”. ¿A qué se debe ese recorte abrupto? ¿Elegiste “dejar material afuera”? ¿Preferiste “no hablar de ciertos temas”?

Desde que comencé a escribir este diario de viaje hubo dos temas que preferí omitir: situaciones ilícitas y sexo.

El primer tema porque no fui más que un mero espectador, no me parecía que aportara a la experiencia y no me interesaba involucrar a terceros en algo que podría llegar a afectarlos públicamente. El tema sexo lo dejé implícito en determinados momentos de mis historias, pero hasta ahí nomás. Mis relatos se caracterizan por ser auténticos fracasos, intentos fallidos y una lucha constante por alcanzar metas en el exterior, pero muy pocas veces por mis logros y victorias. Contar con quién tuve sexo a viva voz y/o vanagloriarme por haberlo tenido, no forma parte de mí. 

6) Un poco de la mano de la pregunta anterior… por momentos parece que los relatos están empapados de una honestidad brutal, como si no te importara lo que un lector anónimo vaya a pensar de vos cuando lo lea. Y a veces se distingue un relato más cuidado, buscando no revelar quizás toda la historia o no herir susceptibilidades. ¿Lo sentiste así? ¿El libro cuenta solo una parte de las historias? ¿Qué tanto de tu vida personal y pensamientos más profundos sentís que volcaste en “Con el espíritu inquieto”?

Suelo ser una persona de honestidad bruta cómo lo mencionás, aunque también mido mucho mis comentarios. En esa necesidad de querer contar todo siempre de la manera más honesta posible, he creado un libro con historias que tienen comentarios muy directos y muy reservados.

Con el espíritu inquieto” son tres años de mi vida, me sentí muy solo en varios momentos y mi blog terminó siendo un confidente que no sabía guardar secretos. Por ese motivo fue que en la necesidad imperiosa por expresarme, por contar como me sentía y que pasaba en mi vida, me obligué varias veces a contenerme porque todo quedaba expuesto en Internet y muchas veces las cosas se mal interpretan al leerlas, más allá de la verdadera intención.

7) ¿Qué personalidad tiene la persona con "espíritu inquieto" frente a una que solo quiere salir de su casa 15 días al año para hacer turismo y volver?

Una vez conocí a un muchacho que mirándose la mano me dijo: “fijate en la medialuna de tu dedo índice, mirate la uña, observá todo el dedo, ahora la mano. La mano es el mundo y la medialuna es Montevideo, has vivido casi 20 años y conocido sólo un pedacito de toda esa enormidad que es el mundo”. 

Cuando me dijo eso me brillaron los ojos, lo recuerdo como si lo tuviese ahora mismo al lado mío señalándose la mano. Yo creo que tiene el espíritu inquieto todo aquel que necesita cambiar, que necesita mucho movimiento, que se aburre de tareas repetitivas (creo que ese es el motivo por el cuál comencé y nunca fui regular en 2 idiomas, casi 10 deportes, actuación, violín, una carrera universitaria y el motivo por el cual me cuesta establecerme en un país). 

Muchas veces me he cuestionado qué me pasa, por qué no puedo parar de pensar en irme a vivir a otro país, realmente no me gusta el turismo de 15 días, sino más bien el desafío de construir una vida, casa, trabajo, relaciones, rutinas y cuando lo tengo todo, dejarlo y comenzar de cero otra vez.

Respeto mucho a las personas perseverantes que pueden conseguir un título universitario luego de 5 o más años, permanecer en un trabajo por casi una vida o ir a entrenar todos los días. Yo no puedo, necesito el sabor de lo nuevo, del cambio constante, del miedo a lo desconocido, de enfrentar experiencias fuera de mi zona de confort.

8) En Irlanda hiciste de todo: levantar carteles en la calle, de extra en películas, en pizzerías, en cocinas, lavando copas. Dejar un laburo y ciertas comodidades en un país conocido para ir a lavar los pisos en el extranjero no es para cualquiera y muchos podrían llegar a rechazarlo. ¿Te molestó tener que rebuscártelas? ¿Creés que un extranjero en Irlanda tiene que arrancar de esa forma para ir ganando el derecho de piso?

Cada vez que pienso en todo lo que hice me sorprendo porque sigo considerando que podría haber intentado más, que había otros más buscas que yo. Lo único que me contrarió muchísimo fue no haber tenido la misma suerte que siempre tuve en mi país para conseguir trabajo, en Uruguay desde los 18 años hasta que me fui, estuve sólo 3 semanas sin trabajar y cambié 4 veces de trabajo.

Cuando llegué, como tenía más de 5000 euros ni se me pasó por la cabeza tener que aceptar un trabajo limpiando pisos o baños, pero cuando fue volverme o arrremangarme la camisa ni lo pensé. A tal punto “bajé la cabeza” que en mi segundo año en Irlanda, mi compañero lava platos, irlandés, en una discusión me dijo: “volvete para tu país, extranjero”. Esa es brava, cuando te hacen sentir que sos un intruso. Más de una vez pensé “dejé todo, mi familia, mis amigos, un trabajo cómodo, para que me basureen mientras lavo platos”, pero para un momento como ese me había escrito la nota antes de viajar.

9) Habiendo vivido todo esto ya: ¿qué consejo le darías a alguien que tiene ganas de hacer lo mismo que vos, pero que no se anima a dar ese “salto de fe”?

Muchas veces uno sueña con alcanzar objetivos o imitar logros de otras personas, porque al verlos desde afuera nos parecen más interesantes. Sin embargo lo más importante no es hacer lo que los demás hacen, lo que nos dicen que tenemos que hacer o lo que supuestamente deberíamos hacer, sino que no dejar de hacer lo que a futuro nos pueda generar la duda de saber cómo podría haber sido intentarlo.

Antes de viajar a Irlanda me imaginaba la experiencia de una manera completamente diferente a lo que fue, y hoy me alegro de haberlo hecho a pesar de que no lo disfruté como me lo había imaginado y no haberme quedado con una cuenta pendiente, porque hubiese sido horrible vivir con esa duda para toda la vida, ¿cómo habría sido vivir en Irlanda?

Lo primero es saber que queremos y necesitamos hacer, lo segundo, es simplemente intentarlo.

10) Por último, Juan. Con el final (abrupto, hay que decirlo) se deja entrever que se viene una segunda parte. Incluso comentás los “titulares” más importantes en la última página. ¿Cómo avanza eso? ¿Qué proyectos tenés para más adelante?

Exactamente, la intención es escribir una segunda parte con el desenlace de mi estadía en Irlanda y con todo lo que viví después, dando casi dos veces la vuelta al mundo en 15 meses en busca de un hogar.

En estos momentos me encuentro escribiendo una segunda guía para ir a vivir al exterior, la primera fue Moving to Hong Kong y ésta será Moving to Uruguay. Para el año que viene planeo escribir otras dos guías, Irlanda y Hungría, y un libro biográfico sobre mi bisabuelo, Jorge Hoffman, que peleó en la primera guerra mundial por Hungría, fue sospechoso de un ataque al emperador austrohúngaro, luego preso político, exiliado y tuvo una vida bastante complicada, triste e interesante a la misma vez.

11) ¿Algo más que quieras aprovechar a comentarnos?

Te quiero agradecer muchísimo por la entrevista (me encantaron las preguntas) y por tu buena onda. A todos tus lectores invitarlos a leer “Con el espíritu inquieto” y a que me contacten directamente (nachopita7@hotmail.com) para dejarme sus comentarios sobre el libro o por cualquier pregunta que me quieran hacer sobre vivir en el exterior.

Si al menos a una persona le robo una sonrisa y a otra la motivo a viajar, mi libro habrá cumplido con su cometido.

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