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lunes, 30 de noviembre de 2015

“El lápiz mágico” (cuento)


Hace bastante que no abandonaba tanto mi querido blog.

Estaba vez pasó casi un mes desde mi última publicación. Tengo mis excusas, aunque nadie me las exija. Me casé, en un fin de semana de casamiento al mejor estilo How I Met Your Mother, me fui de Luna de Miel al caribe y recién ahora retomo la insípida rutina de la que somos tristemente esclavos.

Vuelvo a la carga con un nuevo cuento de mi autoría, en un año muy lindo en cuanto a la escritura. Mi segunda novela salió tercera en un premio internacional español (ya ampliaré detalles) y un relato propio se hizo con un segundo premio en un certamen nacional; otro gran orgullo.

En esta oportunidad les comparto un panegírico delirante (y con referencias cinéfilas para el lector más atento) que espero disfruten leyendo tanto como yo disfruté redactándolo. 

El lápiz mágico”, ahí va:


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“El lápiz mágico”

Amigos, compañeros, gente de los medios… estamos aquí reunidos ante una circunstancia lúgubre que hoy nos amarga todo sabor. Lápiz fue algo inconmensurable, tan colmado de vida… el estandarte de la risa en cualquier reunión. Un alma noble que comenzó desde la nada, como parte de un gran bloque de cedro español.

Su ciudad natal, Ferrol, nunca lo conformó. Desde el instante en el que se dividieron las tablitas a las que se le hacen las hendiduras de las minas, Lápiz supo que estaba predestinado a algo grandioso. No más se le aplicó pegamento en los surcos y se le colocó la mina de grafito, resolvió dedicar su existencia al séptimo arte, a la gran pantalla. En el preciso minuto en el que Lápiz fue afilado y pasó el control de calidad, abandonó la fábrica para inscribirse en el Sindicato de Utilería.


El atrezzo en el cine nunca es un insípido ornamento. Ambienta toda escena y profundiza la producción audiovisual. La utilería deja de ser un objeto para convertirse en un símbolo transmisor de sentimientos que nos avienta pedazos de ficción en nuestros rostros. Lápiz comprendía esta realidad, y por eso consagró todos sus esfuerzos para ingresar en el ambiente.

Sus principios fueron modestos. Participó como útil escolar en algunas publicidades españolas y en películas clase “B”. Recuerdo haberle preguntado una vez. Me dijo: “La competencia era feroz. Hay mucha utilería talentosa y poco trabajo”.


Su vida dio un vuelco cuando el Director de Escenografía Charlie Brooke vio algo en él y lo sumó al elenco de “El lápiz del carpintero”, basada en la novela de Rivas, que finalmente se estrenó en el 2003.  A partir de ahí, cualquier aparición de Lápiz se transformó en un manantial de éxito.

Se mudó a Hollywood, la meca de la industria cinematográfica. Interpretó a la pluma que inspira a Jonnhy Depp en “La ventana secreta”, fue el lápiz embrujado de “Actividad Paranormal”, trabajó con Christopher Nolan en la aclamada “El Maquinista” (2004) y le llegó el premio de la Academia por “Mejor Utilería en Documental” por “Steal a Pencil for Me” (2007), donde se destacó como el accesorio más conmovedor y emotivo de la historia del cine.

Un punto clave en su carrera, que todos recordamos con cariño, le llegó en el 2008, nuevamente en compañía de Nolan. ¡Todos saben a qué me refiero! Los mafiosos están reunidos en una videoconferencia cuando el Guasón hace su aparición en escena. “¿Qué tal un truco de magia?”, dice y clava a nuestro homenajeado a la mesa con la punta hacia arriba, “voy a desaparecer este lápiz”. Y entonces sucede ese momento increíble: uno de los hombres se levanta y va hacia él; en un solo movimiento Heath Ledger (en ese rol enorme que lo inmortalizó) golpea la cabeza contra la mesa, haciendo desaparecer a Lápiz dentro del ojo. “¡Taa-raaa! ¡Ya no está!”, concluye. Y es así… es así. Tristemente, Lápiz –como en ese efecto visual impresionante que protagonizó– ya no está entre nosotros.

Su fin, la tragedia, vino de la mano de un director de cine negligente e irrespetuoso. El lugar: set donde se estaba filmando “Pinocchio”, la nueva y oscura película de Guillermo del Toro. El mexicano –notable por su contextura más bien robusta– hambriento, con una hamburguesa grasosa entre sus dedos, se sentó descuidadamente en el asiento en el cuál Lápiz reposaba.

Nadie pudo detenerlo: partió a Lápiz en dos.

Ante tal absurdo, todos nos mantuvimos firmes, estupefactos. En medio de un silencio infamante, Del Toro limpió la comisura de sus labios con una servilleta. Sólo se percató del lapicidio cuando su abogado llegó corriendo al set y lo instó a retirarse del lugar sin decir una palabra.

La familia de Lápiz no piensa levantar cargos contra el director. Un útil de escritura conoce los riesgos de alcanzar las máximas elevaciones de la fama hollywoodense, es consciente de las reglas del juego. El rodaje de la película, en la cual Lápiz habría tenido un rol protagónico, quedó suspendido hasta nuevo aviso.

Doy final a este panegírico dejando en el ataúd una resma de hojas blancas tamaño A4; sus favoritas. Para que Lápiz pueda seguir creando, inventando. Para que pueda continuar soñando. Antes de que retornemos a la insulsa peregrinación por esta vida, tomémonos un rato para admitir una verdad: ninguno de nosotros está realmente triste; no hace falta. Todos sabemos que allí, en aquel cajón de caoba y rodeado por velos, Lápiz todavía sonríe.

¡Gracias, Lápiz querido!

Q.E.P.D., 1987- 2015.

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martes, 10 de noviembre de 2015

“El color que cayó del cielo”, de H.P. Lovecraft


Inspirándose en una novela de Arthur Machen, Los tres impostores, Lovecraft escribió un relato que se terminaría convirtiendo en uno de los fundamentales de su obra (y también el preferido por él mismo): El color que cayó del cielo.



viernes, 6 de noviembre de 2015

El simbolismo escondido en “Eyes Wide Shut” (1999)


Ver una película de Stanley Kubrick es siempre una experiencia reveladora, especialmente cuando se la inspecciona detenidamente por segunda o tercera vez. 

En ese sentido, la última película en la vida del director –Eyes Wide Shut– es una de las que puede mirarse varias veces y siempre encontrar algo nuevo.

Finalizada apenas unos días antes de la muerte de Kubrick en 1999, Eyes Wide Shut sigue vouyerísticamente al Dr. Bill Harford (interpretado por Tom Cruise) en dos noches insólitas y sexualmente cargadas a través de un oscuro Nueva York, luego de que su esposa Alice (Nicole Kidman) le manifiesta que consideró la idea de tener un amorío años atrás.

La película se promocionó con total secretismo y salió junto a titanes como Star Wars: Episodio 1 y Sexto Sentido. Como resultado de las críticas recibió reacciones muy polarizadas. Algunos la consideraron la peor película en la historia de la carrera de Kubrick y un thriller erótico banal...

... algo así como “Las locas aventuras eróticas de Tom y Nicole”.

Sólo con el tiempo (y como sucedió con la mayor parte de las películas de Kubrick) poco a poco fue redimiéndose. Hoy, aunque la crítica sigue dividida, se entiende que la cinta tiene un componente simbólico (y esotérico) mucho más fuerte del que se pensaba. Varios textos (incluso académicos) se han escrito sobre los mensajes ocultos en esta picante historia.


Personalmente me encanta esta película y creo que los recorridos nocturnos de Tom Cruise, en los que tiene encuentros extrañísimos y termina infiltrándose en un sociedad secreta, forman parte de los momentos más imprescindibles del cine de los años ´90.

Ciertamente, Eyes Wide Shut no nos habla sólo de las relaciones, sino más bien de todas las fuerzas externas e influencias que definen a una relación. 

Es sobre el eterno “tira y afloje” entre los principios femeninos y masculinos en este mundo moderno y confuso. 

A lo mejor, también es sobre un grupo minoritario de personas que gobiernan ese mundo moderno –una reservada elite que se comporta de forma clandestina. Por supuesto: la película no escupe nada de esto. Los mensajes los comunica a través de la simbología tan sutil que siempre caracterizó al director más perfeccionista de todos los tiempos.

Kubrick adquirió los derechos de la novela austriaca Dream Story (de Arthur Schnitzler) en 1960. La consideró una novela idónea para adaptarla a una historia sobre las relaciones sexuales, aunque tardaría casi 40 años en verla plasmada en la pantalla grande.

Lo curioso es que el director murió, de forma inesperada, cinco días después de entregar la versión final de la cinta. Considerando el hecho de que nos habla de una sociedad secreta que elimina a aquellos que se cruzan en su camino, algunas teorías sobre la sospechosa muerte del director comenzaron a surgir. ¿Mostró demasiado al público? ¿Hizo enojar a alguien en particular? Nunca lo sabremos. 

► Por lo pronto, veamos algunos de los temas que toca Eyes Wide Shut.

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Lo primero que llama la atención es que los protagonistas, la pareja de moda de aquella época (Cruise y Kidman) interpretan a una pareja (Bill y Alice) más bien fría, profundamente insatisfecha y que se mantiene unida por conveniencia. Ante nuestros ojos se nos presenta la típica imagen de hombre capaz de proveer (un doctor reconocido cuyo lema probablemente sea “todos tenemos un precio” y que tiene un nombre que se traduce directamente en “billete”) y la de una mujer hermosa y con cualidades de madre.

Aunque el primer acto (la fiesta) aparenta ser bastante banal y servir de introducción a la historia, en realidad revela muchísimas cosas. Conociendo la especial atención a los detalles de Kubrick, cada escena es para analizar íntimamente. Aparecen símbolos paganos (la estrella de Ishtar, por ejemplo) que se unifican con el ambiente navideño en el que se sitúa la historia. Ishtar era la diosa babilonia de la sexualidad y se le rendía culto con rituales sexuales y orgías.

Este concepto aparece más tarde en la película.


Durante la fiesta, Bill y Alice se separan, y ambos son guiados hacia la tentación. Ella conoce a Sandor Szavost, con quien baila. Él le comenta sobre una serie de libros llamados Ars Amatoria (El arte de amar), escritos del poeta romano Ovid que esencialmente fueron una guía para la infidelidad discreta. Sandor toma del vaso de Alice, y este es un truco tomado directamente de aquel libro. Tomar de la copa de otro envía un mensaje subliminal pero claro: “Quiero intercambiar fluidos con vos”.

Otro detalle es el nombre de Sandor, que podría llegar a ser una referencia al fundador de la Iglesia de Satán (Anton Szandor Lavey). Quizás Kubrick nos está diciendo que este hombre que intenta que Alice le sea infiel a su esposo es parte de una elite oculta. Sandor tiene una personalidad hiptnótica y desde la primera escena aparenta ser absolutamente encantador.


Mientras tanto, Bill está charlando con dos cachondas jóvenes que dicen que quieren llevarlo al lugar donde “el arco iris termina”. Aunque la frase parece enigmática en principio, si uno observa bien es posible notar que hay muchísimos arco iris a lo largo de la película.

Pero no nos adelantemos.

La cuestión es que ambos están en una fiesta de la alta sociedad, en la mansión de Victor Ziegler (uno de los acaudalados pacientes de Bill). Ziegler vuelve a aparecer recién al final de la historia. No sólo se lo muestra rico, sino como parte de la ultra elite. Todo parece indicar que es en este tipo de fiestas donde “las cosas realmente ocurren” y que detrás de la fachada se esconde algo oscuro, quizás perverso.

De hecho, Bill termina ayudando a una prostituta con sobredosis con la que estaba Ziegler, mostrando la otra cara de la moneda. Una mujer que, de hecho, va a tener un papel fundamental en el desarrollo de la historia.

Aquella escena en aquel baño gigante está tambien sobrecargada de detalles y símbolos, como el hecho de que claramente ella era la esclava y él el maestro en una suerte de relación masoquista. Se nos revela, por primera vez, lo que hay tras la cortina de la realidad.

El papel de Alice (Nicole Kidman) aunque es pequeño, no deja de ser fundamental. Aunque vive con todas las comodidades, se la ve extremadamente aburrida con su vida de madre casera. Esto hace un paralelo claro, quizás el menos sutil de todos, con Alicia, la historia de una niña privilegiada que estaba aburrida de su vida y terminó en el País de las Maravillas.

Incluso, Alice aparece muchísimas veces reflejándose a través de espejos (uno de los elementos claves en el cuento de hadas)… quizás buscando algo más en su vida. En el mismo póster de la película aparece la pareja besándose en un espejo y ella mirando “a través de él”.

Ahora sí: ¿qué onda con los arco iris?

Las luces multicolores y los arco iris son una constante en Eyes Wide Shut


Para empezar, el lugar donde Bill alquila el traje para ir a la misteriosa fiesta se llama “Rainbow”. Además, casi todas las escenas tienen multicolores debido a la decoración de Navidad (que también da una estetica onírica y difusa). Casi todas las veces que Bill entra a una sala, lo primero que ve son las multicolores luces navideñas, y muchas veces están puestas en el foco de atención.

El único lugar que no tiene decorado navideña es el palacio Somerton, casualmente el lugar donde el ritual de la sociedad secreta está sucediendo. Somerton es un espacio totalmente opuesto al mundo real, casi como un lugar de fantasía.

De esa forma: dos mundos coexisten en la película. El primero, el mundo arco iris, es el más iluminado, es donde todos viven felices y tratando de llegar a fin de mes. El otro, donde los arco iris (en otras palabras: las luces) se terminan, es reservado, silencioso y oscuro. Allí todos usan máscaras venecianas y llevan a cabo prácticas estrambóticas.

Claro que toda esta simbología no es fundamental para comprender la trama. Pero como pasa con otras cintas de Kubrick (El Resplandor y Dr. Strangelove, por ejemplo) hacen que la experiencia cinéfila sea mucho más intensa y emocionante.

Entonces, el significado críptico de las modelos, aquello que le dicen a Bill sobre “llegar adonde termina el arco iris”, muy probablemente se refiera a “ir hacia donde la elite se reúne”. Y otro dato: cuando le dicen esto a Bill, hay un árbol de Navidad tras ellas.

El conflicto se dispara luego de la fiesta. Alice, quien rechazó a Sandor, le cuenta a Bill que estuvo muy cerca de serle infiel. Los sentimientos de celos, traición, inseguridad y humillación comienzan a emerger en el protagonista, quién se embarca en una salida nocturna que terminará por cambiar su vida.


Hay muchísimo para analizar en esta película, y llevaría varios posts (o uno muy extenso): el rol de Nick Nightingale como guía hacia lo oculto, la contraseña para ingresar (Fidelio = fidelidad en latín), las máscaras venecianas, el ritual y sus participantes, etc.

Los encuentros de Bill con cada una de las mujeres son todos fascinantes y muy locos, cada uno expone temáticas diferentes. Ni hablar de cuando él se infiltra en la sociedad y experimentamos algunas de las escenas más bizarras que el cine brindó después de las películas de David Lynch.


La conspiración que parece estar detrás de todo nos termina llevando hacia un final que muchos nunca llegaron a comprender, aquella escena con Bill y Alice tranquilos haciendo compras, y una última palabra que termina de cerrar magistralmente la temática de la película. Pero prefiero no arruinar tanto la trama y permitir que los lectores le peguen una mirada. No tiene desperdicio.

 ¡Hasta la próxima!

OTROS ANÁLISIS CINÉFILOS DE KUBRICK:




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lunes, 2 de noviembre de 2015

Grandes horrores (I) – El entierro prematuro


No soy fan del cine de terror, pero es uno de los géneros más importantes en Cine, Televisión, Literatura y otros medios y ocupa un espacio importante en la cultura pop.

Si hay un horror que entra en la categoria de “Grandes horrores”, es indudablemente el miedo a ser enterrado vivo. Por lo menos en la cultura occidental del siglo XIX resultó ser algo por lo que temer. Se conocieron numerosos casos reales en los cuales los doctores habían errado en la declaración de muerte.

De hecho, los ataúdes a menudo se equipaban con artilugios complejos que permitieran al necesitado pedir ayuda en tan comprometidas circunstancias. Edgar Allan Poe se aprovechó de esta preocupación para concebir uno de sus relatos más interesantes: “El entierro prematuro” (“The Premature Burial”, 1844).

Poe ya lo había hecho antes. Él siempre leía los diarios para inspirarse en sus historias, como lo hizo con el misterio de Marie Roget (que generó tanta controversia en su momento). En El entierro prematuro un narrador anonimo describe con crudeza un trastorno médico que lo aqueja (catalepsia). Debido a ello, tiene un pánico mortal a ser enterrado vivo y lo considera “la mayor de las posibles desgracias”.

En el texto es llamativo cómo se entremezcla realidad con ficción en un formato de cuento / artículo de divulgación, ya que el narrador comenta varios casos probados (de los cuales algunos de ellos sucedieron en verdad).


Imagínense: ¡la preocupación y el espanto eran tan inmensos que hasta se fundó la Society for the Prevention of People Being Buried Alive en la Inglaterra del siglo pasado! El éxito de la novela Drácula (de Bram Stoker) también tuvo un poco que ver: la gente comenzó a creer en la existencia real de vampiros, cadáveres animados que se levantaban de su tumba por la noche.

La diferencia del texto de Poe sobre ser enterrado vivo contra otros de sus relatos de terror es que, contrariamente a su estilo, el narrador termina curándose de su enfermedad.

Cortázar alabó esta macabra historia y el biógrafo clásico de Poe (Hervey Allen) consideró que se trataba de “una de las más genuinamente mórbidas historias que Poe escribió, la cual parece tener origen en el sentimiento de catástrofe inevitable que durante largo tiempo había ido pareja a su melancolía, o quizá en algún ensueño agobiante debido a su afección cardíaca”.

Como sea, Poe fue un fanático de este tema, y varios de sus cuentos muestran alteraciones de un entierro prematuro:  El barril de amontillado (1850), Berenice (1835), una historia absolutamente sádica, y La caída de la casa Usher (1839), entre otros.

Pueden leer “El entierro prematuro” (Edgar Allan Poe, 1844) en este link

Alfred Nobel tenía tanto miedo de ser enterrado vivo que dejó instrucciones claras y específicas para que el doctor que anunciara su muerte le cortara las arterias del cuello, sólo por seguridad.

En 1968, una joven Barbara Jane Mackle fue secuestrada, drogada, metida en un ataúd y enterrada viva. Sus captores pidieron medio millón de dólares. 3 días más tarde fue hallada debilitada pero viva. Escribió un libro sobre la experiencia (83 Hours 'Til Dawn).

En la cultura pop este temática aparece de forma frecuente.

El último episodio de Fargo (tercero de la 2da temporada) terminó con un ejemplo de entierro prematuro, una de las formas más malignas que el villano puede utilizar contra nuestro incapacitado héroe. ¿Le dispara un certero tiro en la capocha? ¿Le corta el cuello? ¿Lo decapita o lo mete en un trampa mortal con rayos láser? No, nada de eso. LO ENTIERRA VIVO. Esto hace que no exista arma asesina y que no tenga que preocuparse por deshacerse del cuerpo (de hecho: acaba de hacerlo).

Budd se lo hace a la Novia en una de las escenas más fuertes de Kill Bill: Volumen 2. Ella escapa, pero con mucha dificultad. Lo más perturbador es que el entierro se muestra desde el punto de vista de Uma Thurman, lo que implica varios minutos de respiración pesada, sonidos de tierra que cae y oscuridad total.

Varias películas de El juego del miedo finalizan con una variación del tema (personas vivas encerradas en cuartos en los que probablemente morirán). También es el argumento de “Enterrado”, con Ryan Reinolds. Él es un contratista civil en Iraq y tiene la desfortuna de ser sepultado por un grupo de terroristas. Toda la película sucede adentro del ataúd y muestra los repetitvos intentos del protagonista por contactarse con el exterior y escapar (spoiler alert: no lo hace).


Ryan Reinolds, algo así como el Sebastián Estevanez de Hollywood...

En realidad el tema es más antiguo que el feudalismo. La heroína de Antígona (de Sofocles), por ejemplo, es sentenciada a este tipo de muerte.

Muchos años más tarde, Alias (la serie de J.J. Abrams) terminaba también de esta forma. En el episodio final, Sloane ha finalmente alcanzado la inmortalidad gracias a los artefactos de Rambaldi, pero queda atrapado en una cueva luego de que uno de los buenos lo aprisiona. No va a morir, pero seguramente vivirá un eterno aburrimiento.

Los Cazadores de Mitos intentaron investigar si es posible sobrivir bajo esas terribles condiciones y comprobaron que (probablemente) no. Demostraron que no es posible golpear el ataúd hasta romperlo con las manos (como hace la Novia en Kill Bill). Y por más que uno lo lograra, no podría escarbar a través de seis metros de tierra y en menos de media hora (antes de que se quede sin aire). Básicamente, serían aplastado por el peso de la tierra y se sofocaría. Horrible.

Harry Houdini, por su parte, intentó realizar este proeza y con resultados catastróficos. No lo logró, quedó inconsciente y fue necesario sacarlo de emergencia.

También son enterrados vivos: un personaje en el final de temporada de The Following (Debra Parker, la novia de Kevin Bacon en la serie), Lisbeth Salander en “La niña que jugaba con fuego”, el “rey” de Qarth en Game of Thrones (él queda contenido en una bóveda en la que seguramente morirá, una suerte de “muerte kármica” viendo todas las que se había mandado) y casi le sucede a Blancanieves. La Reina Maléfica creyó que una vez que Blancanieves estuviera aparentemente muerta, los enanos la enterrarían. Afortunadamente, no tuvieron el corazón para hacerlo.

En la vida real muchos en latinoamerica seguramente recordemos a los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados durante 69 días en el 2010. Su rescate fue visto en directo por el mundo entero.  Y cómo olvidar el ataque a las torres gemelas en el 2001. Varios rescatistas quedaron atrapados por días entre los escombros de las torres caídas. Oliver Stone hizo la película World Trade Center  (2006) basándose en esta historia.

Por último no quiero dejar de mencionar mi cuento “Implacablemente suyo”, que pueden leer en el blog y tuvo la fortuna de llevarse un importante premio literario. Allí vemos también una innovación de esta idea, y con resultados escalofriantes. ¡Pasen y vean!

Acá pueden leer “Implacablemente Suyo”, cuento de mi autoría que ganó el 2° premio en el 1er Certamen Literario “Dr. Juan Atilio Bramuglia”.

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