Desde su estreno en 2022, The Bear tocó la fibra sensible de muchos
espectadores, incluyéndome. Ahora que la serie ha llegado a su fin, es momento
de repasar sus cinco turbulentas temporadas.
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Romper con el maltrato
Muchos de nosotros nos sentimos sintieron profundamente involucrados con Carmy, su trayectoria, su familia y el resto de los complejos personajes que los rodeaban. Si bien la serie tuvo sus altibajos, las interpretaciones de todos los actores fueron siempre magníficas, ofreciendo una experiencia televisiva verdaderamente envolvente que trascendió con creces los ya célebres —y muy convertidos en memes— gritos de «¡Chef!» o «¡Hands!».
Creada por Christopher Storer, esta ficción sigue la vida de Carmen "Carmy" Berzatto, un chef galardonado que trabajó en los mejores restaurantes de alta cocina de Estados Unidos. Ahora dirige “The Original Beef of Chicagoland”, una tienda de sándwiches en Chicago que heredó de su hermano Michael, quien se quitó la vida.
Mientras intenta sobrevivir con un negocio en decadencia y un personal que no lo comprende ni respeta, Carmy se esfuerza por revertir la situación y mantener vivo el legado de su hermano.
Un tema destacado de The Bear siempre fue cómo las personas que han sufrido abusos a menudo perpetúan ese maltrato, y cómo algunas de ellas deciden romper la cadena y convertirse en mejores personas.
Carmy, por ejemplo, soportó un intenso maltrato verbal y emocional durante su etapa como cocinero en Empire y, al principio de la serie, suele mostrar tendencias agresivas y abusivas similares hacia su equipo.
A medida que avanza la historia, intenta evitar esto deliberadamente cambiando sus hábitos y, finalmente, *spoiler alert* decide dejar The Bear en manos de Sydney, quien también se esfuerza conscientemente por ser un tipo de chef diferente, que apoya y fomenta el crecimiento de su personal en lugar de increparlo.
Richie también menciona haber tenido una infancia terrible, razón por la cual es tan paciente y cariñoso con su propia hija. Incluso tras divorciarse de la madre de ella, mantiene una relación estrecha con ambas.
Pero vayamos un poquito más atrás y empecemos por el principio.
La ansiedad de la primera temporada
The Bear fue un soplo de aire fresco cuando se estrenó en 2022; contaba con un reparto coral excepcional y una energía única que capturaba la presión del sector de la gastronomía desde la perspectiva de los trabajadores entre bastidores, aprovechando el reconocimiento de la crítica y el interés que había despertado la película de Philip Barantini de 2021, Boiling Point.
Aunque hubo que acostumbrarse a la intensidad de los gritos, The Bear buscaba realmente ofrecer a los espectadores una serie de personajes complejos —ni puramente «buenos» ni «malos»— que habían vivido experiencias traumáticas y transformadoras; sucesos que debían procesar y afrontar pero que no lo hacían, provocando que todo estallara en sus vidas y relaciones mientras intentaban trabajar juntos en circunstancias caóticas.
El trío protagonista, Jeremy Allen White, Ayo Edebiri y Ebon Moss-Bachrach alcanzaron rápidamente el estrellato tras interpretar a la perfección a sus personajes, cosechando numerosos premios por su labor.
Carmy, Sydney y Richie resultaban auténticos y mostraban imperfecciones realistas, todo ello mientras el fantasma de Mikey —interpretado por Jon Bernthal— los perseguía a cada paso.
Cada episodio de la primera temporada es una bomba de adrenalina
directo a tu corazón. La premisa evolucionó hasta convertirse en una serie en
la que cada personaje importaba y cada segundo contaba.
La segunda temporada es peak-TV
La segunda temporada hizo lo que toda buena segunda temporada debe hacer: escaló el riesgo, amplió su mundo, nos expandió a sus personaje. Nos regaló también dos episodios excepcionales con: «Forks» y «Fishes».
El primero aportó confianza y propósito a Richie en el exclusivo restaurante Ever, mientras que el segundo nos mostró cómo era la Navidad en casa de los Berzatto y contó con interpretaciones verdaderamente inolvidables de Jamie Lee Curtis, como la matriarca de la familia, y el regreso de Jon Bernthal como Mikey, el hermano mayor de Carmy y Sugar, quien se encuentra en un claro deterioro emocional.
El viaje de Marcus a Copenhague en medio de la enfermedad de su madre, narrado en el episodio «Honeydew», resulta también conmovedor e inspirador, al igual que la trayectoria de Tina (Liza Colón-Zayas) en la escuela de cocina.
Admito que se volvió un poco telenovelesco con el incipiente romance de
Carmy con Claire, una amiga de la infancia. El plot point generó
opiniones divididas durante esta temporada, aunque yo lo banqué. Aumentó la
presión que él mismo se imponía para llevar al restaurante al éxito y superar
el trauma de la muerte de Mikey sin haberlo procesado adecuadamente.
El ritmo se cae en la tercera temporada
El equipo creativo comenzó a experimentar en la tercera temporada. Acá la serie bajó mucho ritmo para explorar a sus personajes con mayor profundidad en lugar de depender de la energía frenética de las dos primeras entregas.
Carmy aparece con una lista de «aspectos no negociables» para The Bear y decide que el menú va a cambiar cada noche, condenando así al restaurante a un futuro financiero sombrío.
La tercera temporada contó con excelentes episodios centrados en los personajes. «Napkins», centrado en Tina, reveló más detalles sobre su inestable trayectoria laboral y su primer encuentro emotivo con Mikey. Por otro lado, «Ice Chips» mostró finalmente a Sugar (Abby Elliott) procesando su traumática historia con Donna (Jamie Lee Curtis) mientras entraba en trabajo de parto. Me lloré TODO con ese capítulo.
Sin embargo, la narrativa pausada de la tercera temporada supuso un problema para muchos espectadores habituales. La trama parecía estirada y ofrecía pocas resoluciones. La búsqueda inútil de la perfección por parte de Carmy resultaba fascinante, pero quedaron muchos cabos sueltos a lo largo de la temporada.
Todo eran preparativos sin desenlace; daba la sensación de estar viendo
media temporada de televisión alargada artificialmente para cubrir una
temporada entera.
Cuarta temporada: el punto más bajo
La cuarta temporada siguió arrastrando problemas de ritmo y narrativa, aunque la serie recuperó parte del impulso perdido en el primer episodio, cuando el tío Jimmy (Oliver Platt) y Computer (genial Brian Koppelman) dieron a Carmy y a su equipo dos meses para revertir la suerte del restaurante.
Igual, pese a contar de repente con un objetivo claro y sujeto a un plazo, la S4 se mantuvo en un punto intermedio entre la energía trepidante de la segunda temporada y la introspección de la tercera, alargando las conversaciones entre los personajes y creando numerosas escenas extensas en las que, en realidad, no sucedía nada.
Mi momento favorito fue una incursión divertida en la boda de Tiff,
pero aun así resultó superficial e innecesaria. Por otro lado, hubo una
reconciliación entre Carmy y Donna en «Tonnato», y entre Carmy y Claire en
«Scallop». Mientras tanto, los demás personajes quedaron relegados a un segundo
plano, en favor de estrellas invitadas como Brie Larson y Josh Hartnett.
La quinta temporada vuelve a sus bases
The Bear recuperó su mejor nivel en la S5, ofreciendo un desenlace satisfactorio para la serie mientras todos asimilaban la decisión de Carmy de abandonar el mundo de la cocina profesional.
Al centrarse en un único servicio de alta tensión —con el restaurante escaso de personal, ingredientes y certezas—, la quinta temporada permitió que los personajes de The Bear evolucionaran en lugar de recaer en sus viejos hábitos bajo presión; esto dio lugar a una experiencia visual frenética y cautivadora, recuperando parte de la esencia original de la serie.
Sydney comprendió que podía ser tan buena como Carmy sin convertir la vida de los demás en un infierno; Richie se ganó el respeto fuera del restaurante y listo por fin para iniciar una relación con Jessica (Sarah Ramos); y, sencillamente, no hubo interés en desarrollar un romance entre Carmy y Sydney —una decisión que generó opiniones divididas entre los fans, pero que probablemente fue la más acertada—, aunque la química entre los chefs Marcus (Lionel Boyce) y Luca (Will Poulter) fue explosiva.
La tanda final de episodios revela cómo superar los desafíos de un servicio agotador, brindando una sensación de logro difícil de hallar por otros medios.
Podría extenderme hablando de todos los momentos extraordinarios de la serie: cuando The Bear está en su mejor momento, es de lo mejor de la TV. Además, el creador Storer logró dar un cierre a la historia a través de detalles sutiles, incorporando a figuras como John Mulaney, Bonnie Hunt, Bob Odenkirk en cameos memorables.
Resulta que —y con permiso de Fast & Furious— The Bear
siempre trató, en el fondo, sobre la familia: aprender a aceptar y lidiar con
esa gente excéntrica a la que te unen la sangre, el trabajo o cualquier otro
vínculo, y evolucionar tanto a nivel personal como en la forma de tratarlos
para forjar una alianza poderosa que te haga mejor cada día.
PD: vean también GARY, un episodio especial entre la cuarta y la quinta temporada. Está medio escondido, pero vale la pena.
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