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martes, 9 de junio de 2026

La épica silenciosa de “Cuaderno inglés”


Los libros como refugio y la vida como intemperie. Reseña de “Cuaderno inglés”, de Daniel Morales, obra ganadora del premio Clarín Novela 2025.




***

 

En 2016 —creo; a veces elijo recordar el pasado de una forma y a veces de otra— viajé a Tarragona, España, para recibir un premio literario internacional. El certamen era Vuela La Cometa. Yo obtuve el segundo puesto con El Alma Dividida, mi segunda novela.

El primer lugar del certamen fue para un tal Daniel Morales, un escritor malagueño del que hasta entonces no sabía absolutamente nada. Tímido, macanudo (como decimos en Argentina). Buen pibe.

Sincericidio: me puse contento por él, pero también tuve un poquito de envidia. Digamos todo, ¿no? A los dos nos publicarían la novela, pero él fue la estrella de la noche.


Cuando el Dani todavía tenía (algo de) pelo.- Tarragona, 2016.

Eso no impidió que pasáramos unos días súper memorables por allá. Y cuando digo "memorables" estoy hablando obviamente de morfi y alcohol. Daniel, yo y la gente de la editorial nos dedicamos a celebrar nuestros éxitos literarios como corresponde: brindando un montón. Éramos jóvenes, teníamos nuevos libros galardonados y la sensación —falsa, pero hermosa— de que el futuro nos pertenecía.


Un joven Lupa (y un joven Daniel Morales) junto al equipo editorial de Cuanto Te Quiero.- Tarragona, 2016.


Los años fueron pasando. Yo, por ejemplo, tuve dos niños y un trabajo terriblemente corporativo que paga las cuentas. Con Daniel mantuvimos el contacto por redes. Yo siempre fui bastante más sociable que él y quien se interesaba más en saber en qué andaba cada tanto. Así fui conociendo de sus trabajos temporales, extrañísimos. Él siempre estaba en busca de tiempo para leer y escribir. Parecía sentirse cómodo en los márgenes. Palabras suyas, no mías.

Eventualmente las conversaciones se hicieron esporádicas hasta que, una década después, me llegó una noticia que me alegró genuinamente: Daniel había ganado el Premio Clarín Novela 2025 con su obra Cuaderno inglés.

Compré el libro apenas llegó a Don Quijote, mi librería local. Después de leerla, entendí perfectamente sus méritos. Hablemos un poquito de este fascinante texto. #SinSpoilers, claro.


Lo que ocurre cuando “no ocurre nada”

Explicar de qué trata Cuaderno inglés es complicado porque, en cierto sentido, no trata de nada extraordinario. Todo comienza con una invasión de moscas. Carlos, su protagonista, es un español que emigró y ahora vive en el sur de Londres.

Trabaja cuidando ancianos y hace malabares para ahorrar, lo que incluye una guerra secreta en el supermercado para obtener los productos por vencerse que están de oferta. Hay mucho humor en la novela, aunque es un tipo de comedia más melancólica.

Lo único que Carlos quiere es organizar su vida alrededor de una única pasión: leer. Lee en bibliotecas públicas o en los parques. Lee para acompañarse y, un poquito, para sobrevivir.


Su rutina está construida con pequeños rituales: comprar comida rebajada cerca del cierre de los supermercados (hay escenas muy cómicas en este sentido), correr descalzo por el parque, elegir cuidadosamente qué libro leer según el estado de ánimo con el que se despierta.

Pronto, Carlos también descubre que además de leer, disfruta mucho escribiendo sus propias vivencias. En Cuaderno Inglés no hay asesinatos ni grandes misterios. Nadie conspira… si bien encontraremos unos muy astutos (y agridulces) giros de tuerca sobre el final.

 

La soledad como territorio

A pesar de que hay muchos “eventos” en el día a día de Carlos… la verdadera trama ocurre en la cabeza del protagonista. Lo que hace el autor es tomar una vida aparentemente insignificante y demostrar que ninguna vida lo es.

Cuaderno inglés habla mucho sobre la soledad, pero no de la soledad romántica ni cinematográfica. En inglés tienen palabras que lo definen mejor. Solitude (la soledad “buena”) vs loneliness (la soledad “mala”).

La novela habla de esa soledad más incómoda que está en el medio y no llega a ser ninguna de esas dos: la de quien quiere conectar con los demás, aunque al mismo tiempo siente que cualquier interacción social le exige una energía que no tiene.

Carlos parece debatirse constantemente entre dos impulsos contradictorios: desaparecer y ser comprendido. Aleja personas que claramente le importan (como a una novia que lo llega a querer mucho). Evita vínculos. Se refugia en rutinas cada vez más pequeñas. Y aun así, cuando alguien se aleja, sufre.

Es un personaje antipático. Odiable, incluso. Uno que, sin embargo, genera empatía y un poco de bronca al mismo tiempo. Más de una vez tuve ganas de gritarle: "¡Reaccioná, carajo!"

Y me parece que ahí encontramos una de las mayores virtudes de la novela. Carlos no es un héroe. Ni siquiera intenta serlo. Es un tipo común y corriente atrapado en sus propias limitaciones emocionales.

Por momentos aparece un dejo de depresión clínica recorriendo el texto. (Por cierto, acá también pensé en Holden Caulfield, el personaje principal de El guardián entre el centeno). Ojo, no una depresión porque la novela lo diga explícitamente, sino por la manera en que el personaje se relaciona con el mundo: el agotamiento social, la culpa permanente, la tendencia al aislamiento, la dificultad para sostener vínculos…



 

Los libros como refugio

Hay una frase, al principio de la novela, que me quedó dando vueltas:

"Escribir un libro, volcar en él lo mejor de ti y luego ofrecérselo al mundo te sitúa en una posición de vulnerabilidad extrema."

Como escritor, me sentí peligrosamente identificado. Porque Cuaderno inglés también habla de eso: de la fragilidad de quien crea algo y luego debe exponerlo a la mirada ajena. La literatura no aparece como un símbolo de prestigio cultural.

En otras palabras: aparece como refugio y compañía. Inclusive como una forma de atravesar días particularmente difíciles. Las bibliotecas públicas funcionan igual que los templos laicos donde los lectores se reúnen para sentirse “solos en compañía” (un concepto que me parece hermoso, por cierto).

Lo sé porque yo mismo (también muy lector, no tanto como me gustaría) he disfrutado mucho de leer sabiendo que alguien más está leyendo cerca de mí. A veces es hasta tan reconfortante como sentarse junto a una estufita en invierno.



El intertexto con Stoner

Durante toda la lectura sentí un intertexto muy claro acompañando la novela. La de Stoner. El propio protagonista Carlos habla de John Williams y de su obra. Pero más allá de esa referencia explícita, el parentesco está en el tono, en el ritmo y -fundamentalmente- en la sensibilidad.

Igual que William Stoner, Carlos lleva una existencia silenciosa, gris y aparentemente irrelevante para el resto del mundo. Como él, encuentra en los libros un sentido que la vida cotidiana parece negarle.

Hay diferencias, obvio. “Stoner” narra la vida de su protagonista desde el nacimiento hasta su muerte. Es una novela extensa, preciosa, trágica. “Cuaderno inglés” es un slice-of-life, un recorte de tres días en la vida de Carlos y se asemeja más a los escritos breves de César Aira.

Ambas novelas comparten una virtud: no buscan impresionar al lector. Confían en que observar honestamente una vida humana ya es suficiente.



Tres días de una vida

Hay pequeñas cositas que me hicieron ruido. Muy chiquitas. Si bien muchos de los hilos narrativos que se plantean tienen su resolución (y es brillante), otros no tanto. Por ejemplo, hay una imagen espectral que aparece tempranamente en la novela y que parece insinuar un arco narrativo importante. Nunca llega una resignificación o cierre emocional.

Puede que sea deliberado. Es más, conociendo un poco al probablemente lo sea. O puede que responda a una lógica más simbólica que argumental. A mí me dejó una sensación de asunto pendiente. Son detalles mínimos, claro. De todas maneras, la novela parece estar más interesada en las preguntas que en las respuestas.

Cuaderno inglés es una novela breve, ligera y llevadera. Está compuesta por tres capítulos largos que transcurren en tres días consecutivos. La estructura es simple, la prosa también. Pero debajo de esa sencillez hay muchísimo movimiento emocional.

Es una de esas obras donde gran parte de lo importante ocurre entre líneas. No hay demasiada narrativa explícita. Sí hay insinuaciones o pensamientos que parecen triviales hasta que uno descubre que esconden algo más profundo.

La leí prácticamente de un tirón durante mi viaje por Entre Ríos. (Sí, fui a la Comic-Con, pero también aproveché a avanzar con mis lecturas pendientes.)

 


Cuando la terminé, me quedé pensando en los varios temas que explora: la soledad (a veces elegida, a veces no tanto). En los libros. En la fragilidad de volverse viejo (porque es uno de los grandes temas también).

Y pensé en todas esas pequeñas derrotas cotidianas que rara vez aparecen en las novelas porque no parecen suficientemente importantes. Daniel Morales demuestra que sí pueden serlo. Que incluso las vidas más rutinarias contienen una intimidad inmensa.

Carlos pasa buena parte del libro intentando escapar de sí mismo. Eventualmente descubre algo que casi todos aprendemos tarde o temprano: uno puede mudarse de país, cambiar de ciudad o empezar de cero las veces que quiera; hay ciertas preguntas que siempre viajan con nosotros.

Quizás por eso Cuaderno inglés quedó tan grabado después de terminarlo (encima que estaba haciendo un viaje de mochilero solo por Entre Ríos). Porque este libro no habla de un hombre que vive solo en Londres sino de la soledad en general, la búsqueda de sentido y esa sensación tan humana de estar un poco perdido… incluso cuando creemos haber llegado a destino.

¡Mis mayores felicitaciones por este libro hermoso, querido Daniel! 



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=>> Otras POSTS SOBRE LITERATURA en el blog: “El Alma Dividida se publicó en España”; “Mi novela en Tarragona”; “Mis días por España”; “Mis días por Entre Ríos”; “Stoner: la gran novela académica de John Williams


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