lunes, 31 de octubre de 2016

“Branded” (Código oculto): cuando los trailers mienten


En un Moscú futurista, donde las marcas corporativas han creado una población desilusionada, un hombre se esfuerza por desbloquear la verdad detrás de una conspiración que disparará una épica batalla contra las ocultas fuerzas que controlan a nuestro mundo.


O, por lo menos, eso vendía el avance de Branded.

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Estoy cansado de los trailers que te mienten descaradamente, editándolo de tal forma que el producto final no tiene absolutamente nada que ver con lo que promocionaron en un principio. Exactamente eso me pasó con Branded (2012), traducida en Latinoamérica como Código oculto.

Se trata de una producción rusa e independiente que, paradójicamente, está hablada en inglés. Tiene algunas escenas muy memorables, otras bizarramente geniales, unos efectos de dudosa calidad y un par de momentos que son un absoluto WHAT THE FUCK.

Sólo miren el maldito poster y díganme si no pinta una película delirante y entretenida para mirar con un par de cervezas encima. 

► Este es el avance:


Lo cierto es que no sé si esta película es una basura absoluta o un potencial clásico de culto.  Su ritmo es desbalanceado, hay escenas que no tienen nada que ver con nada y no pega en lo absoluto con el estereotipo de películas contemporáneas. Hay algo en la historia que recuerda al cine de Kubrick, pero muy superficialmente.

Yendo a lo concreto, esperaba una divertida película sobre monstruos y me encontré con una exposición soporífera sobre la maldad inherente del capitalismo y donde cualquier tipo de lógica argumental se va por el inodoro.



Hay quienes van a poder encontrar la profundidad entre los límites de lo absurdo que presenta la historia, pero yo la encontré apenas llevadera y, por sobre todo, fallida. Pero: ¿es eso, o hay algo más? Para una película que habla sobre los peligros de la publicidad, quizás hay una ironía en el hecho de que no pueda cumplir con las expectativas de su propia campaña de publicidad.

Uno de los grandes problemas es que se tarda una hora, y una buena cantidad de escenas que no van para ningún lado, para que la cinta se vuelva medianamente interesante. 

El cambio de tono es muy abrupto y no termina de encajar, pero al menos se empieza a parecer un poco más a lo que el trailer vendía. Sólo para terminar rápidamente y con un final poco satisfactorio.

Prefiero no revelar demasiado de la trama para que cada uno pueda tener su propia opinión al respecto. Está disponible en Netflix o puede descargarse por torrents fácilmente. Sin duda es original, y bastante diferente a lo que uno está acostumbrado. Pero diferente no siempre es sinónimo de calidad. Así y todo, creo que puedo llegar a entender a quien la vea y le parezca una genialidad.

Lo digo también porque Branded me recordó un poco a Cabin in the Woods (que salió por la misma época) en cuanto a lo bizarro de la propuesta y las expectativas que yo tenía.

Cuando vi Cabin in the Woods por primera vez (una película que esperaba con muchas ansias) la odié. Me pareció una basura, un experimento burdo, una parodia con actuaciones pésimas, diálogos clichés, y momentos olvidables. Tuvo mucho que ver la gente con la que la vi (gente bastante cerrada a películas fuera de lo convencional).

Con el tiempo la aprecié mucho más, y hoy (habiéndola visto varias veces ya) la considero una obra maestra del cine de terror. No sólo es terriblemente divertida, sino que además todo lo que muestra es adrede, y tiene cosas espectaculares. Es tremendo cómo me fue cambiando la cabeza para comenzar a ver esta historia con mejores ojos. 

Hoy en día la banco a muerte.

Entonces, no sé, quizás Branded necesito verla un par de veces más para que pueda determinar si es un posible clásico de culto o si está destinada al olvido eterno. A lo mejor, la forma en la que se promocionó tuvo sus motivaciones, y quizás la historia funciona de formas que todavía no comprendo del todo.


Eso, o la película es un asco. Si quieren y pueden, véanla. Después me cuentan.

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jueves, 27 de octubre de 2016

Tirando la moneda (en la ficción)


Tirar una moneda al aire para tomar una acción determinada es una práctica que se remonta hasta la Antigua Roma. En la ficción, es muy común que un personaje no esté muy seguro del camino correcto a seguir, así que decide que el destino elija por él. 

Pero, al hacerlo, ¿sus posibilidades son realmente de un 50/50?

En Scarface (la versión de 1932), el personaje de Guino Rinaldo popularizó este método como un modus operandi de los gánsters y como un elemento de las películas de gangsters en general. Varios años más tarde, el villano de Sin lugar para los débiles también tiraba una moneda para decidir si matar o no a su potencial víctima.

Por supuesto que la moneda es el ítem de cabecera del villano Dos Caras, una de los adversarios más conocidos del universo de Batman. Dos Caras antes fue Harvey Dent, fiscal de distrito de Gotham City y aliado de Batman. 

Hizo su primera aparición en Detective comics #66, agosto de 1942.

Su historia de origen va cambiando según la línea de continuidad que se siga, pero siempre hubo involucrado un accidente que le desfiguró media cara y lo convirtió en un psicópata. 

Desde entonces, tomas sus decisiones mediante el lanzamiento de una moneda de dos caras, excepto que una está marcada (para poder identificar de qué lado cae).


Habría que investigar hasta qué punto su método es verdaderamente “justo”. Las posibilidades de tirar una moneda no son realmente del 50/50 (como lo comprobó esta gente) sino que hay una ligera tendencia a que caiga del lado que inicialmente estaba hacia arriba. De hecho, las posibilidades de que la moneda caigan del lado que está arriba son de un 51%, lo que hace que dé una pequeña ventaja a quien conoce cuál es dicho lado.

Y, si bien las posibilidades son minúsculas, la moneda siempre podría caer en el filo, o nunca caer (existe una chance, si bien prácticamente imposible, de que la moneda desaparezca en el mismo aire).


El personaje tuvo diferentes versiones en la ficción, pero una de mis preferidas siempre va a ser la de la serie animada.

En uno de los episodios que lo tienen como protagonista, llega hasta a atar a Batman a una moneda gigante y la tira al aire mediante una catapulta. Si cae de abajo, lo aplasta, pero si no, se salva. Al final Batman termina escapando, pero uno no puedo dejar de pensar que las condiciones no eran del todo justas para el Caballero Oscuro.


Lo cierto es que, a niveles prácticos, es una de las maneras más equitativas (y por lo tanto, justas) de tomar una decisión de tipo A o B. 

El juego Magic: The Gathering tiene varias cartas que requieren lanzar una moneda, y es mucho más común en el juego de cartas Pokemon.

Claro que el genio indiscutido de la ciencia ficción también dio su aporte respecto al azar y al lanzamiento de una moneda. 

Lo hizo en el cuento corto “La Máquina que Ganó la Guerra” (pueden leerlo acá).

Publicado por primera vez en la edición de octubre 1961 de la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction, el relato es una conversación entre tres líderes de la raza humana. 

Celebran el éxito de la guerra contra los Denebians y discuten la manera en la que su máquina de inteligencia artificial (la Multivac, que tuvo apariciones en otros cuentos) fue un factor clave para la victoria.

Sin embargo, las cosas se ponen interesantes cuando cada uno admite que alteró los datos de entrada con los que alimentaba a la súper-computadora. 

Uno de ellos, en los momentos finales de la historia, revela que no utilizó los informes de acción que brindó la Multivac (ya que no confiaba en una inteligencia artificial), sino que había tomado cada una de sus decisiones al azar, mediante el lanzamiento de una moneda.

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lunes, 24 de octubre de 2016

Los microdélicos (cuento)


Hace bastante que no publico ningún cuento en el blog (lo que no significa que no esté escribiendo). En esta ocasión les dejo un texto de tinte humorístico sobre una curiosa obsesión por la militancia de temas insignificantes.

Ganador de una mención de honor en XIII CONCURSO LITERARIO BONAVENTURIANO DE POESÍA Y CUENTO (Colombia, agosto 2017).



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“Los microdélicos”

Existen en este mundo algunas actividades del hombre tan curiosas que su mera mención convierte a quien las practica en un receptáculo de burlas y risas. Una de ellas, quizás la más notable de todas, es la de los microdélicos.

El término, del griego mikrós = pequeño y délomai = manifestarse, acuñado por primera vez en el 2009 por el filósofo, escritor y filólogo Ricardo Mux, se refiere a quienes hacen militancia en cuestiones mínimas e insignificantes.

En el barrio porteño de Flores, en calle Remedios al 2800, existe un fiambrero que no vende chorizos Paladini. Argumenta que Don Juan Paladini (sí, tal fue el nombre del creador de estos embutidos) cortejó a su bisabuela, allá por el año 1922, y que fue ella, la refinada Adelaida Brunelli, quien le dio inicialmente la idea de elaborar productos inspirados en un viejo cuaderno de recetas de Italia que ella poseía. El fiambrero hasta tiene un cartel en la entrada que aclara, para que no quede lugar a dudas: “Acá no se venden chorizos Paladini.”

Es igualmente llamativo el caso de un profesor de literatura cordobés que intentó liderar una marcha contra los escritos de Dan Brown. Las pancartas leían “No leo a Brown. Es pura mierda”. A la marcha fueron siete personas.

Todos somos acreedores de alguna pequeña microdelia en nuestra vida. Hay quienes se rehúsan a comprar una Coca-Cola para hostilizar a la maligna empresa (como si ellos pudieran llegar a darse cuenta), hay otros que repudian con fervor a los amantes de los Reality Show, que se ponen incordiosos ante la presencia de médicos oftalmólogos o que se niegan a escribir con tinta negra porque “puede no distinguirse la fotocopia del original”.

Hay, sin embargo, una familia argentina que saltó repentinamente a la fama por contar con una larga herencia de integrantes microdélicos. Todo comenzó con Fernando Aguirre, un kiosquero de Capital que no vendía historietas de Marvel por tener argumentos demasiado incoherentes. Su hijo, Miguel, heredó la microdelia del padre –algunos científicos han comenzado a considerar que podría existir un gen que la arrastre– y fundó la Asociación Contra el Pan con Manteca y Mermelada. La ACEPCMYM. Su lucha, por lo pronto solitaria, busca concientizar al público de los peligros de mezclar ambos productos (provocarían acidez). Agrega que las poderosas compañías de mantecas y mermeladas trabajan en colaboración, aumentando los precios de productos hoy considerados como complementarios, generando un oligopolio oculto y –en última instancia– perjudicando el bolsillo del consumidor final. Quien además probablemente tenga acidez.

Miguel tuvo tres hijas. Sofía, la mayor, sólo salía con tipos más bajos que ella. Micaela, la del medio, no compraba ropas los jueves (según sus estudios, publicados en su blog personal, las empresas aumentan los precios un 15% exclusivamente en esos días, pero no lo informan al público). Bianca, aun en edad preescolar, intenta convencer a todos sus compañeros del colegio que los controles remotos intoxican el ambiente más que el humo de los cigarrillos.

Cuando la hija de Sofía, hoy de dos años y medio, comenzó a mostrar indicios de preferir los colores rojo y amarillo por sobre cualquier otro, los estudiosos de la materia comenzaron a concebir la idea de una cuarta generación de microdélicos (algo jamás visto).

Estudios de la Universidad de Princeton, donde opera el Centro de Investigación de la Microdelia, muestran que el 67% de los microdélicos están convencidos de que una periódica e imperceptible militancia va progresivamente carcomiendo las entrañas de un enemigo difuso, y que aquel acto desinteresado les brindará un pedazo modesto del mismísimo cielo.

Según el último censo mundial realizado a través de la red mundial Facebook, un 17% de la población sufre de microdelia, y las posibilidades de que la obsesión por la militancia de cuestiones intrascendentes se transfiera aguas abajo en la genealogía es de aproximadamente un 20%. ¿Es usted un microdélico? ¿Siente fanatismo por alguna manía en particular, que combate con fervor y milita con entusiasmo? Si es así, todavía está a tiempo de corregir el rumbo. La ardiente batalla contra los microdélicos, individuos creados por corporaciones oscuras lideradas por enanos y zorros parlantes, financiadas por gobiernos imperialistas, puede ganarse.

Debajo de esta nota encontrará el contacto de mi organización: “Juntos contra la microdelia”, un espacio participativo donde podrá movilizarse contra aquellos que militan sobre lo insignificante. El mundo es demasiado caótico y tenebroso como para andar preocupándose por las pequeñas cosas.

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DE YAPA: En este link pueden leer el libro de la antología creada a raíz del concurso. Contiene mi cuento y muchos más que están buenísimos:


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jueves, 20 de octubre de 2016

Juan de los muertos: zombies en Cuba


Vi Juan de los muertos como parte del “Festival Internacional de Cine 2012” en Panamá (por esa época vivía allá).

Recuerdo que junto a El gato desaparece (de Carlos Sorín) fue la producción latinoamericana que más me gustó. Se trata de una delirante comedia de terror que tiene la particularidad de ser la primera (y única) películas de zombies en Cuba.  

La crisis de los zombies en Cuba

Esta comedia es una historia completamente loca, pero que funciona a la perfección. Juan (Alexis Díaz de Villegas) es un cuarentón que nunca hizo nada en su vida. Sin embargo, cuando el apocalipsis zombie desata su furia sobre Cuba, él encuentra una forma de enfrentar a los muertos-vivos y hasta hacerlo redituable. Monta un negocio bajo el lema: “Juan de los muertos: matamos a tus seres queridos”.

La ambientación es tan genial como triste. Las cosas están tan mal por allá que los protagonistas ni siquiera se sorprenden cuando todos se convierten en zombies (o “disidentes” como ellos los llaman). Este enfoque me pareció muy creativo. 

Y si a esto le sumamos un humor inteligente, políticamente incorrecto y grosero, el resultado es un potencial clásico del género.

Quizás peca de tener algunos minutos de relleno sobre la mitad y que los personajes a veces se fuerzan demasiado para ser graciosos. Pero son detalles que no tiran abajo esta gran producción del cine independiente. Desde lo técnico, me sorprendieron los efectos especiales (con un aire muy comiquero) y el trabajo de maquillaje. El soundtrack suma bastante y las actuaciones son memorables (incluso las de los “disidentes”).

Homenaje a los grandes maestros

La cinta nunca oculta que está parodiando a la brillante comedia inglesa Shaun of the Dead (que, a su vez, es una parodia de Dawn of the Dead, el clásico de George Romero de 1978). Lo que la hace especial es que, con la excusa de una invasión zombie en La Habana, se muestra una visión metafórica de lo que es vivir en Cuba bajo el régimen comunista.


La película del argentino Alejandro Brugués no para de hacerte reír y tiene situaciones muy ingeniosas. El director es fanático del género zombie y se nota. Acá se divierte con estas criaturas pero también se las ingenia para homenajear a los grandes maestros. 

Por ejemplo, en una escena en la que los sobrevivientes quieren escapar de Cuba en una balsa (cualquier parecido con la realidad…) aparecen muertos bajo el agua, como en Land of the Dead (también de Romero), una de las pocas historias que exploran la posibilidad de zombies acuáticos.

Palabras finales

En definitiva: Juan de los Muertos puede jactarse de ser única al presentar zombies en Cuba. 

Es un refrescante combo para esas historias de zombies que tanto nos gustan y recomiendo que la tengan en cuenta para pasar un rato divertido y, especialmente, si son asiduos al género.



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lunes, 17 de octubre de 2016

Lutherapia: Les Luthiers y el psicoanálisis


Lutherapia es el último espectáculo “nuevo” de humor musical de Les Luthiers. El grupo lo grabó en el 2009 e hizo giras durante los años siguientes. Durante los últimos años tuvieron que reemplazar a Rabinovich por Tato Turano (en instrumentos) y Martín O´ Connor (en canto y actuación). Luego comenzaron a presentar obras antológicas (como ¡Chist!, que vi hace poco en mi ciudad).

Cuando en su momento arranqué a ver Lutherapia por primera vez (aclaro que ya había visto todo lo anterior de Les Luthiers y que soy un fanático enfermo y obsesivo que se conoce todos los chistes) tenía miedo. El comienzo (con la opereta medieval El cruzado, el arcángel y la harpía) es mediopelo y no termina de convencer. 

Por un momento pensé que me iba a encontrar con otro bodrio como el que fue “Premios Mastropiero” (2005), quizás su show menos inspirado.

Lo cierto es que Lutherapia remonta mucho, especialmente sobre la mitad, y compensa el comienzo lento. Analizándolo de forma completa, está muy trabajado y tiene un nivel humorístico difícil de conseguir. Si bien se nota la falta de colaboración del negro Fontanarrosa en los guiones, creo que está bastante completo. 

Es muy divertido, creativo y tiene varios gags con juegos de palabras destacables.

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Psicoanálisis y Mastropiero

El guión, en esta ocasión, va por el lado de la terapia psicoanalítica… pero siguen apoyándose en el sexto integrante del grupo: el indescriptible Johann Sebastián Mastropiero. Incluso acá le dan un protagonismo interesante al relacionarlo en varios de los sketches y desarrollar más su particular vida.


Los argentinos somos ávidos consumidores de la terapia, y ya era hora de que formara parte del hilo argumental de Les Luthiers. Acá Mundstock y Rabinovich recuperan a sus personajes de Murena y Ramírez, pero en los papeles de psicoanalista y paciente.

Desde un diván de hilarantes sesiones –que se disparan porque el personaje de Rabinovich está trabado con una tesis relacionada con Mastropiero– se van sirviendo los distintos números que acompañan con música y risas.

El espectáculo recibió elogios absolutos de la crítica y el público y es considerado uno de sus mejores trabajos. Está compuesto por diez obras totalmente nuevas. Se extrañó la clásica libreta roja, pero ya era hora de un cambio y hay muchos guiños hacia las clásicas presentaciones de Marcos Mundstock. La idea de Daniel en el sillón del psicoanalista es fantástica y ata a la perfección los problemas del paciente con cada obra.

Un astuto uso del lenguaje

Siempre me pareció que hay dos aspectos donde Les Luthiers se luce espléndidamente. El primero es en el timing cómico cuando Marcos y Daniel están (estaban) juntos. Lamentablemente Daniel Rabinovich ya no está entre nosotros, pero sus participaciones van a quedar para la eternidad gracias a las diversas filmaciones.


Ambos siempre tuvieron una química especial. Su “biólogo del merengue” es impresionante, así como sus obras “Lo que el sheriff se contó”, “Daniel y el Señor” o “La hija de Escipción” (que están entre mis favoritas). En Lutherapia hay grandes momentos entre ellos dos, aunque no están en su máximo esplendor.

Lo segundo en lo que destacan es en sus chistes rápidos, inteligentes y astutos. En Lutherapia este aspecto está muy bien aprovechado y hay un par de gags maravillosos. Sobresalen obras musicales como "El flautista y las ratas" (excelentes juegos de palabras) y la genial parodia del “tarareo” “Aria Agraria”, que la disfruté un montón:


Musicalmente hablando, Les Luthiers sigue siendo único. La obra “Rhapsody in Balls” no es la más cómica del show, pero hay un manejo impresionante del piano por Carlos Núñez Cortés tocando un “azul” (un blues), y la magia de la comedia pícara de Jorge Maronna. También se destaca mucho la Exorcítara que el grupo presenta en el divertido número final, el cierre donde un cura tiene que evitar que nazca el Anticristo:


Uno de los aspectos más positivos del grupo es cómo se han sabido actualizar con el tiempo en materia musical. En una época presentaron el soberbio “Los jóvenes de hoy en día” (clásico infaltable de Les Luthiers) y en esta obra sorprenden con “Dilema de Amor”, donde los ancianos se animan a parodiar a la cumbia.

Conclusiones

Lutherapia presenta grandes dosis de humor y referencias a la cultura popular, fundamentalmente en la segunda mitad que es muy superior a la primera. En mi opinión, la obra no llega a ser tan maravillosa como “Bromato de Armonio” (1996) o “Todo por que rías” (1999), pero la encontré sumamente mejor que “Premios Mastropiero” (2005).

Sigo sacándome el sombrero con estos caballeros que, a pesar de sus canas, mantienen una mente fresca, humor inteligente y la voz muy a punto.

Programa completo

1.       El cruzado, el arcángel y la harpía (Opereta medieval)
2.       Dolores de mi vida (Galopa osicosomática)
3.       Pasión bucólica (Vals geriátrico)
4.       Paz en la campiña (Balada mugida y relinchada)
5.       Las bodas del Rey Pólipo (Marcha prenupcial)
6.       Rhapsody in Balls (Handball Blues)
7.       El flautista y las ratas (Orratorio)
8.       Dilema de amor (Cumbia epistemológica)
9.       Aria agraria (Tarareo conceptual)
10.   El día del final (Exorcismo sinfónico-coral)

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viernes, 14 de octubre de 2016

“Pierre Menard, autor del Quijote”, de Jorge Luis Borges


Este post viene a ser continuación directa de uno que escribí hace unas semanas sobre Roland Barthes y la Muerte del Autor (pueden leerlo acá). En esta oportunidad la idea es ejemplificar el concepto con un caso brindado por el artesano de las palabras Jorge Luis Borges.

Repasemos: la Muerte del Autor hace referencia a la idea de que las intenciones del autor y su rasgos biográficos (tendencias políticas, religión, ideas, valores) no deberían pesar a la hora de buscar interpretar un escrito. En otras palabras, la interpretación de un escritor sobre su propio trabajo es tan válida como la de cualquier lector. En la nota anterior hablé un poco más al respecto y busqué dar algunos ejemplos prácticos.

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Un caso concreto de esta temática aparece en un trabajo de Jorge Luis Borges titulado Pierre Menard, autor del Quijote

Se trata de un análisis sobre un autor imaginario; una especie de ensayo literario respecto a Pierre Menard, escritor del siglo pasado que se puso como ambicioso proyecto escribir “El Quijote”, no como una copia del trabajo original, sino como un libro que coincida palabra por palabra con El Quijote de Cervantes.

Texto completo de “Pierre Menard, autor del Quijote”: LEER.

El narrador compara ambos trabajos a la luz de las experiencias vividas por cada autor y, así, un extracto del libro de Menard acaba teniendo una interpretación completamente diferente al mismo pedacito de texto (que es exactamente igual, letra por letra) del libro original de Cervantes.


Todo esto lleva a análisis totalmente absurdos pero consistentes, como encontrar influencias de Nietzsche en El Quijote escrito por Menard (mientras que el de Cervantes no las tiene porque, claro, Nietzsche ni existía en el siglo XVI).

El relato-ensayo de Borges finaliza con la propuesta de que atribuirle el libro La imitación de Cristo –un texto de devoción católica, y el más influyente después de la Biblia– a James Joyce podría empaparlo de todo un nuevo significado.

Lo divertido de la proposición borgeana es que el irlandés James Joyce, uno de los escritores más aclamados del siglo XX, se hizo famoso por sus vanguardistas, extrañas, polémicas y controvertidas novelas. De pronto establecerlo como el autor de un libro devoto que busca “instruir al alma en la perfección cristiana, proponiéndole como modelo al mismo Jesucristo” llevaría a análisis muy locos.

Dentro de los relatos de Borges, Pierre Menard, autor del Quijote, incluido en su antología Ficciones (1944), es indudablemente uno de los menos convencionales. No tiene ningún tipo de argumento o nudo, se asemeja enteramente a un ensayo serio de un anónimo crítico literario y, aunque corto, es denso para leerlo. 

Pero no por eso deja de ser fascinante.

Pierre Menard es un oscuro escritor francés recientemente fallecido, cuyo mayor logro fue escribir, en el siglo XX, los capítulos noveno y trigésimo octavo de la primera parte del Quijote, y un fragmento del capítulo veintidós.

En este universo bizarro que pinceló Borges, Pierre Menard (este “otro autor” del Quijote) no quería hacer una nueva versión de El Quijote, ni tampoco pretendía escribirlo tal y como lo hizo Cervantes. 

Directamente quería ser Miguel de Cervantes, pero en los años 30:

«saber el español, recuperar la fe católica, guerrear contra los moros o contra el turco,
olvidar la historia de Europa entre los años de 1602 y de 1918.»

Y lo gracioso es que el crítico encuentra que «el fragmentario Quijote de Menard es más sutil e infinitamente más rico que el de Cervantes». ¡Y el texto es exactamente el mismo!

Está en uno decidir si el texto de Borges es una ironía fina e ingeniosa o no (a mí me gusta pensar que sí) pero es sólo cuestión de que el lector decida si verdaderamente podemos atribuirle “Pierre Menard, autor del Quijote” a Borges (en lugar de al lector, a todos los lectores).

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Es muy conocida la anécdota de cómo llegó Borges a escribir este delirio. Resulta que cuando tenía 39 años (durante la Navidad de 1938), se lastimó la frente con el borde de una ventana abierta. La herida se le infectó a tal punto que los médicos creyeron que moriría

No murió, pero sí comenzó a temer haber perdido sus capacidades mentales. Hasta ese punto, Borges no había escrito mucho más que un puñado de poemas y reseñas literarias (sus más grandes obras literarias llegarían unos años después). Se le ocurrió pensar que si intentaba escribir una reseña y no lo lograba, se sentiría incapacitado para siempre. En cambio, si trataba de hacer algo nuevo, algo que nunca hubiera intentado antes, y fallaba, no vería la derrota como algo tan grave. Decidió escribir un cuento y el resultado fue "Pierre Menard".


Isaac Asimov frecuentemente relataba esta otra anécdota: una vez se sentó en una clase donde el tópico de discusión era uno de sus trabajos. Se sentó bien atrás, manteniéndose relativamente oculto. Luego de que la clase terminó,  se acercó al profesor y se presentó. Dijo que le pareció que la interpretación del profesor era muy llamativa, pero que no era ni cerca lo que Asimov había querido realmente decir con esa obra. 

El profesor respondió: 
“sólo por que la hayas escrito, ¿qué te hace pensar que tenés alguna idea sobre lo que está diciendo?”.

Brillante.

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martes, 11 de octubre de 2016

“Mulholland Drive”: ¿la mejor película del siglo XXI?


En agosto del 2016 la BBC realizó una encuesta a varios críticos alrededor del mundo para determinar las cien mejores películas del siglo XXI.

177 críticos realizaron la votación y el resultado fue una lista que se publicó en su sitio web. El primer puesto fue para Mulholland Drive (2001), la obra maestra de David Lynch que desconcierta a los espectadores y fascina universalmente a la crítica.

¿Por qué es Mulholland Drive considerada la mejor película del siglo XXI? En esta nota vamos a tratar de aclararlo.

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El cine en el cambio de milenio

A partir del año 2000, el cine experimentó una especie de crisis existencial.

Muchos comentaristas están de acuerdo en que el siglo XXI vio el renacimiento de la televisión como medio para contar historias de manera más profunda y desarrollada que el cine. Apareció un Don Draper (Mad Men), un Walter White (Breaking Bad). Series como “24” revolucionaron el formato televisivo mientras que otras como “Game of Thrones” colocaron a la fantasía por encima de todo.

Hoy la televisión no es más considerada una forma inferior de arte. En el peor de los casos, está al mismo nivel que el cine (si bien comercialmente siguen teniendo años luz de distancia). Pero hoy grandes actores del cine están queriendo volcarse a la televisión para poder desarrollar personajes más complejos y perfeccionados. Lo vimos con Matthew McConaughey en True Detective y con Kevin Spacey en House of Cards.

Por su parte, el cine tuvo que reinventarse a sí mismo para parmanecer comercialmente rentable siendo que uno podía descargar el torrent, ver películas por streaming o esperar no demasiado tiempo para que llegara a canales como Cinemax o HBO.


Así: el cine se volvió franquicia, buscando cada vez más el merchandising, presentando cada vez más sagas, secuelas, precuelas y reboots. Surgieron los superhéroes en el cine como un producto estable y fructuoso. El cine de terror se volvió más experimental, retornando a la esencia de las películas de los años ´70 y ´80, introduciendo las nuevas tecnologías (internet, redes sociales, cámaras go-pro, found footage). Volvió el western (¿quién lo habría dicho?) y se multiplicó la comedia de situaciones.

En este sentido, no resulta tan extraño que exista una fascinación desmedida por Mulholland Drive, una historia que nació como un piloto de TV fallido y fue salvado para convertirse en largometraje.  Por otra parte, es un comentario brillante sobre las maquinaciones que se hacen en Hollywood.

Pero para ello, primero tenemos que conocer de qué va la historia.

Sueños, misterios y secretos

Luego de un accidente automovilístico en la carretera Mulholland Drive de Los Ángeles, una joven Rita (Laura Harring) se esconde en una casa, todavía en shock por lo sucedido. Betty (Naomi Watts, en el rol que lanzó su carrera) es una chica que sueña con ser actriz y está recién llegada a Hollywood. La casa es de su tía, y al encontrarse con Rita descubre que está en estado amnésico.

En el bolso de Rita hay mucho dinero y una misteriosa llave azul. También está el brumoso recuerdo de un nombre (“Diane Selwyn”). Betty decide ayudar a la desconocida y ambas emprenden una surrealista aventura para averiguar su identidad y los motivos del accidente.

Hasta acá la cosa va bastante lineal. 

Faltaría agregar que ellas se vuelven más que amigas rápidamente, que hay un director (Justin Theroux) que parece no tener descanso, cuya mujer le es públicamente infiel, una excéntrica ama de casa, un asesino a sueldo inútil, un cowboy aterrador que podría no ser de este mundo, un teatro surrealista donde ocurre magia de verdad, una misteriosa caja azul, un hombre que parece controlar todo Hollywood desde una silla de ruedas en una oficina oscura y una especie de linyera-zombie  que le da a un hombre un ataque cardíaco solo con verlo.

Sí, es una de esas películas.

¿Todo lo que sucede acá es un sueño? ¿Sólo algunas secciones? Se hace difícil saberlo a ciencia cierta, pero David Lynch fue lo suficientemente amable como para dejar 10 pistas que le servirían al espectador para descifrar la historia. Son estas, pero algunas son tan enigmáticas como la película en sí.


¿Por qué Mulholland Drive es considerada la mejor del siglo XXI?

Acá quiero aclarar –si bien es comprensible– que no soy yo quien la considera la mejor de este siglo, sino los críticos que armaron la lista para la BBC. Sí me gusta un montón, y la he visto (y analizado) más de una vez. Pero no está entre mis cintas más destacadas (creo que ese es un lugar que guardaría para Memento, Unbreakable, The Dark Night, Eternal Sunshine… ¿quizás Identity?).

Mulholland Drive ni siquiera es mi favorita de Lynch (adoro Carretera Perdida, que comparte varias temáticas similares y la considero superior).


En fin, entiendo por qué muchos la encuentran tan cautivante. Para empezar, las obras de Lynch están llenas de elementos oníricos, sombríos, con argumentos surrealistas y una estética siniestra que no parece guardar ninguna relación con el mundo real. Eso es siempre una experiencia fascinante. En ese sentido, Mulholland Drive quizás sea la que mejor describe el cine de Lynch: presenta una historia llamativa, atrapante, pero además nos desafía a buscar nuestras propias interpretaciones. 

Y esto vuelve a la trama interesante para debatir y estudiar.

Es también una cinta hipnótica, donde una gran cantidad de escenas memorables (imposible olvidar la secuencia en el bar “Silencio”) generan un efecto inquietante de ilusión. La magia de los sueños, y la magia del cine, son presencias constantes a lo largo de la trama. Incluso la cámara parece estar siempre flotando.

A su vez, Lynch se las arregla para presentar un estudio minucioso de Hollywood y sus manipulaciones, y simultáneamente homenajear al cine clásico. Gran parte de la película puede verse como una narrativa de suspenso con toques de policial negro. Por ejemplo, el personaje de Betty Elms (Naomi Watts) está claramente inspirado en las muchas heroínas rubias de Hitchcock. Hasta en una escena se viste igual que Kim Novak en Vertigo (gigante película que ya reseñé en el blog).

Por su parte, Rita obtiene su nombre de la actriz Rita Hayworth, que se muestra en un póster de una de sus películas.

Hay tantas referencias al cine clásico como simbolismos escondidos en esta película. Por ejemplo, la cinta Sunset Boulevard también tiene a una “Betty” como ingenua protagonista, y el auto utilizado en la película se ve en el estudio donde ella va a audicionar. Hay también algo de El Mago de Oz en esta historia, sin duda.

Asimismo, existe todo un análisis minucioso sobre la memoria y la interpretación de los sueños. Algunos autores han sabido encontrar en Mulholland Drive los cinco mecanismos simples que quien sueña utiliza para reinterpretar recuerdos descontextualizados:

  • 1.       La atribución errónea.
  • 2.       La sugestión.
  • 3.       El bloqueo.
  • 4.       La persistencia.
  • 5.       La propensión.

Quienes quieran conocer más del tema puedan revisar este impecable artículo del español Alfonso Muñoz Corcuera donde estudia la memoria, la ficción y la realidad en esta película, desenredándola en términos muy sencillos.

***

Por su labor técnico formidable (hay un trabajo de edición y montaje interesante) y la estructura narrativa fragmentada que utiliza Lynch, sumadas al carácter simbólico de la historia y los múltiples homenajes al cine clásico, Mulholland Drive –una auténtica sinfonía de la confusión– es innegablemente una de las obras maestras del cine del siglo XXI. Y si no estuviera en el primer puesto, merecería por lo menos un lugar entre los primeros.


La selección de la BBC

En este link pueden encontrar las 100 mejores películas del siglo XXI según la encuesta realizada por la BBC. Yo acá dejo los primeros 20 puestos. ¿Cuántas de estas películas vieron? Yo, lamentablemente, sólo diez de las veinte. Algunas ni siquiera las escuché nombrar. Espero poder ir encarándolas todas a mi ritmo.

20. Synecdoche, New York (Charlie Kaufman, 2008)
19. Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015)
18. The White Ribbon (Michael Haneke, 2009)
17. Pan's Labyrinth (Guillermo Del Toro, 2006)
16. Holy Motors (Leos Carax, 2012)
15. 4 Months, 3 Weeks and 2 Days (Cristian Mungiu, 2007)
14. The Act of Killing (Joshua Oppenheimer, 2012)
13. Children of Men (Alfonso Cuarón, 2006)
12. Zodiac (David Fincher, 2007)
11. Inside Llewyn Davis (Joel and Ethan Coen, 2013)
10. No Country for Old Men (Joel and Ethan Coen, 2007)
9. A Separation (Asghar Farhadi, 2011)
8. Yi Yi: A One and a Two (Edward Yang, 2000)
7. The Tree of Life (Terrence Malick, 2011)
6. Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004)
5. Boyhood (Richard Linklater, 2014)
4. Spirited Away (Hayao Miyazaki, 2001)
3. There Will Be Blood (Paul Thomas Anderson, 2007)
2. In the Mood for Love (Wong Kar-wai, 2000)
1. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)

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