jueves, 26 de mayo de 2016

La torre oscura (I): “El pistolero” (1982)


El pistolero es el primer volumen en la saga de la Torre Oscura, que el mismo Stephen King considera como su magnum opus. Hace muchísimo tiempo que tenía ganas de comenzar a leer esta obra que representa el trabajo más extenso y complejo que alguna vez escribió el autor.

King comenzó a redactar “El pistolero” incluso antes de publicar su primera novela (“Carrie”). Había quedado fascinado por el universo épico creado por J.R.R Tolkien en “El señor de los anillos” y quiso elaborar el suyo. El resultado fue un mundo post-apocalíptico y paralelo al nuestro, donde los recursos escasean y el entorno se ha vuelto del estilo del Lejano Oeste, una idea que hoy es común –mezclar futurismo con vaqueros lo hicieron Cowboy Bebop y Firefly, por ejemplo– pero que en ese momento fue absolutamente novedoso.

Stephen King arrancó a pincelar la historia allá por el año 1970. Inicialmente publicó cinco historias cortas entre 1978 y 1981, que se fueron publicando en The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Eran: “El pistolero” (octubre, 1978), “La estación de tren” (abril, 1980), “El oráculo y las montañas” (febrero, 1981), “Los mutantes lentos” (julio, 1981) y, finalmente, “El pistolero y el Hombre de Negro” (noviembre, 1981). Al año siguiente, y debido al éxito de la historia, reunió todas las partes en un solo libro. 

La versión que se imprime hoy, sin embargo, es una que revisó en el año 2003, donde corrigió errores de continuidad con respecto a las demás sagas y arregló algunos problemas de ritmo, expandió la trama y modificó algunos detalles menores.

La trama se centra en Roland Deschain, el último pistolero del mundo, quien está detrás de un feroz adversario: el Hombre de Negro. Esta primera parte sigue la travesía de Roland a través de un vasto desierto, luego en una estación abandonada, en las montañas y, finalmente, en cuevas subterráneas. En el camino tiene que sortear las diferentes trampas que le deja el Hombre de Negro y va conociendo a muchas personas, entre ellas a un chico (Jake Chambers) que resulta ser parte esencial de la verdadera misión del pistolero: llegar a la Torre Oscura.


Para los fans de la saga, hace poco se confirmó una gran noticia. Esta primera parte de la historia va a tener su adaptación oficial al cine en el año 2017. El Pistolero va a ser el actor Idris Elba (“Luther”, “Zootopia”, “Thor”, “Beasts of no Nation”) y el rol de El Hombre de Negro quedó, contrariamente a lo que alguno habría pensado, para Mathew “Alright, alright, alright”, McConaughey. El director elegido fue el dinamarqués Nikolaj Arcel, célebre por su adaptación de “Los hombres que no amaban a las mujeres”.


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Ya saben cómo viene el tema. #SpoilerAlert: se revelan partes fundamentales de la trama. Obviamente, sólo del primer libro.

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El pistolero” es una obra en la que cuesta sumergirse. Los primeros capítulos son densos en descripciones y se toman el trabajo de presentar el extraño mundo de Stephen King con un alto nivel de detalle. Si bien maneja con mucha sutileza el ambiente (no es obvio a la hora de contarnos el lugar donde viven los protagonistas) desde el vamos queda claro que estamos ante un futuro distópico que volvió a las raíces: no hay tecnología, existe la magia, el escenario es similar a nuestro “lejano oeste”, pero también aparecen rastros de lo que fue el mundo antes.

La novela es una mezcla entre lo épico de Tolkien y lo “cool” de películas como “El Bueno, el Malo y el Feo”. Es todo muy místico, hay profecías y no existen religiones claras. Parcialmente tiene un aire a las leyendas arturianas también.

En Internet se suele comentar que este libro es una suerte de “precuela” a la historia, y que verdaderamente nada concreto sucede. Creo que es un poco cierto. De hecho, el final no es demasiado conclusivo, pero sí nos introduce al protagonista, Roland, y entendemos su origen a través de jugosos flashbacks. 

Me quedaron muchísimos interrogantes al terminar la historia, pero eso sólo indica que la novela, como inicio de la saga, funciona. Cuando terminé quería saber cómo iba a seguir todo, y hay eventos en “El pistolero” que son durísimos y esenciales para comprender qué tipo de persona es.

En este mundo que se “ha movido”, vivimos un clásico ambiente de western pero con pequeños cambios. El primero, que descoloca bastante, sucede cuando Roland llega a un típico bar, completo con cantina, piano, barwoman y borrachos. Excepto que acá hay alguien tocando en el piano la canción “Hey Jude” (de los Beatles). Esto ya nos revela lo que está sucediendo: es el futuro del mundo que conocemos. Más adelante comienzan a aparecer restos de máquinas viejas, que supieron funcionar con electricidad, vapor, etc. Pero no sólo eso, es también un mundo paralelo al nuestro. Jake Chambers, por ejemplo, murió en “nuestro mundo”, en Nueva York, y despertó en el de la novela.

Me fascinó todo el aire místico que presenta la historia. Hay todo un tema rodeando el número 19, aparecen demonios en un sótano, varias profecías, cartas de tarot, mutantes en una cueva, Roland puede hipnotizar a gente y el Hombre de Negro es capaz de seducir a las personas para que hagan lo que él desee.

En cuanto a su forma, “El pistolero” es una novela tranquila y más bien meditativa. Es una manera muy peculiar de disparar una serie de fantasía épica. De nuevo: los primeros capítulos son difíciles de seguir por su ritmo extremadamente pausado. 

También tiene una estructura muy curiosa. Cada una de las cinco partes distintivas presenta un pedacito de la historia de Roland, contada a través de flashbacks. Se introducen personajes que pensás que van a durar mucho más, pero terminan siendo secundarios (o mueren de formas muy violentas... George Martin, un poroto).

Algo interesante de la obra es que al principio sabemos que Roland está impulsado por una sed de venganza, pero no entendemos bien por qué. A medida que el libro progresa, pequeñas conexiones se van haciendo entre el pasado y el presente que explican con mayor claridad cómo el Hombre de Negro fue responsable del mundo del pistolero. Y, sin embargo, el final (súper spoiler alert) me tomó desprevenido: Roland encuentra a su enemigo, hacen un fuego, cenan, tienen conversaciones cuasi-existenciales, y entonces... BUM, un salto temporal. El Hombre de Negro utilizó magia para hacer dormir a Roland, quien despierta 10 años después, sólo para encontrar el cuerpo de Walter o´ Dim muerto y como un esqueleto. Se levanta y continúa su viaje hacia la Torre.


Definitivamente muy lejos del final que habría esperado encontrar. Y admito que me generó mucha ansiedad.

Es loco cómo la historia va mezclando diferentes géneros que no deberían coexistir. Y no sólo coexisten, sino que además lo hacen perfectamente. Algunos capítulos son puro western (su estadía en Tull), otros pertenecen al género de fantasía y terror (la estación de trenes y su encuentro con Jake) y la parte de los mutantes lentos es ciencia ficción a pleno.

El aspecto más atrayente es el pequeño Jake Chambers, que brinda emoción a la narración y le permite al protagonista tener conversaciones reales y honestas. Nosotros, como lectores, llegamos a comprender que estamos ante mundos paralelos, y nos termina de cerrar la vida de Roland. La historia del chico es intrigante y las referencias que hace a películas, subtes y rascacielos ayuda a entender que la mezcla de géneros es también posible en un mundo formado por muchos mundos.

Jake es el punto más fuerte del libro. Es simpático, relacionable, le brinda emoción al frío pistolero y genera varias giros argumentales atractivos. Pero al final del día sabemos que no es más que un medio para alcanzar el fin, y por eso también me encantó cuando Roland tiene que tomar la decisión de salvarlo o continuar su búsqueda del Hombre de Negro. Es el único personaje que nos permite ver la humanidad en lo profundo del pistolero.

En resumidas cuentas: la primera parte de “La torre oscura” es un libro fascinante, aunque extraño. Lejos de contar con grandes escenas de acción, es más bien tranquilo, y nos sumerge con paciencia en un mundo extraño pero familiar. Entiendo que muchos cabos quedan sueltos para ser resueltos en las otras seis partes, y en ese sentido me atrapó por completo. 

► Es una lectura muy disfrutable, sagaz, pero igualmente frustrante. El final genera más confusiones que respuestas claras, y es probable que King haya hecho esto de forma intencional: nos deja con ganas de más, nos interpela frente al inmenso tamaño del universo (guiño a que las próximas entregas van a ampliar mucho más lo que ya conocemos) y presenta una introducción a su saga que es compleja, dramática y mística.

Yo, con esta primera parte, compré. Ahora vamos por la segunda. ¡Hasta la próxima!

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lunes, 23 de mayo de 2016

Dos nuevos emprendimientos literarios


Si bien es bastante reciente, hoy quiero comentarles dos pequeños emprendimientos que arranqué este año en cuanto a la escritura. Hay otros proyectos literarios dando vueltas (más ambiciosos, sin duda) pero esos me los guardo (como para no mufarlos).

1.- Altapeli.com (http://altapeli.com/)

A partir de este mes comencé a redactar notas de cine para Altapeli.com, una excelente página argentina que yo –de hecho– ya seguía desde mucho antes de que contactaran.

No es la primera vez que escribo de cine para otros sitios. Ya lo había hecho, en algunas oportunidades, para Desde Hollywood (por ejemplo esta nota sobre westerns modernos imperdibles) y para La Nación (“Una mirada a la literatura detrás del cine” y “Lo mejor de la ciencia ficción de los 90”).

La diferencia acá es que (espero) perdurar en el tiempo. Ya se publicaron mi primera nota (McCarthy y sus adaptaciones al cine) y otra sobre la llegada al cine de “Ready Player One” (que ya comenté en el blog). Estén atentos porque cada semana seguramente aparezca algo diferente. 

Hoy estoy redondeando una sobre grandes películas desconocidas de superhéroes.


Altapeli es una muy buena página que no sólo habla de cine, sino también de series de TV, animé, noticias, etc. Algo interesante es que siempre tiene la cartelera de cine actualizada y al día; además. los reviews salen, casi siempre, la misma semana de estreno.


NusSocial es un proyecto muy diferente, y con un enfoque bastante más local.

Se trata de un blog participativo, y de construcción colectiva, que habla sobre temas de cultura y sociedad en Bahía Blanca (mi ciudad). Me contactaron para escribir notas de cultura, o de cine y literatura con impacto social.

Mi primer texto se publicó la semana pasada (“Un lugar para libros, cine, rarezas y mucha ñoñez”). Es una entrevista a los dueños de La Masmédula Libros, una librería en Argentina que se dedica a difundir a autores bahienses, venta de libros usados y ediciones extrañas y distribución de artículos bien ñoños (cómics, posters, vinilos antiguos, material de Star Wars, etc, etc).

Sus dueños son profesores de Letras que cumplieron su sueño de armarse su propia librería, y es un lugar que invita a recorrer y a quedarse. Allí también realizan eventos donde impulsan a bandas locales.


En estos días debería estar saliendo mi segunda nota (sobre la película “Ben X” en relación al bullying) y estoy armando la tercera, que tiene que ver con la organización de los Abuelos Lee Cuentos en Bahía Blanca. Creo que NusSocial es atractiva desde lo social (no sólo para gente de mi ciudad) pero también cuenta con un factor de entretenimiento alto. Si bien recién estamos comenzando, esperamos poder ver crecer al sitio y comenzar a sumar más y más escritores.

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=>> Aunque no es lo más común en el blog, a veces no puedo evitar hablar de mí. Lo hice, por ejemplo, cuando me fui un mes a Europa y redacté mi diario de viaje, o cuando tuve la fortuna de publicar mi primera novela, o cuando me publicaron mi primera obra de teatro. Ah, y también está el misterioso post nro. 100.

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jueves, 19 de mayo de 2016

“Superman: Red Son”, una historia de Mark Millar


Los “Elseworlds” de DC se hicieron famosos por brindar historias que respondían a la pregunta “¿Qué pasaría si…?” con un estilo irresistible que Marvel nunca pudo igualar. Permiten ver a nuestros héroes favoritos con perspectivas absolutamente diferentes, no sólo alterando pequeños detalles, sino también modificando sus historias de origen, personalidad y ambientación.

Dentro de estos universos alternativos, “Superman: Red Son” (2003) es considerado por muchos como simplemente la mejor historia “Elseworlds” que alguna vez se haya publicado, compartiendo siempre los primeros puestos con “Kingdom Come” (1996) y “Justice League: The Nail” (1988).

El actor Henry Cavill citó a Red Son como uno de los cuatro cómics de Superman que lo inspiraron para su personaje en “Man of Steel” (2013). 

De hecho,  Jimmy Olsen como un agente de la CIA encubierto, las secuencias de sueños de Batman, Doomsday creado por Lex Luthor y Luthor mismo siendo el titiritero detrás del conflicto entre Batman y Superman (todos elementos utilizados en “Batman V Superman”) fueron tomados de “Superman: Red Son”.

La historia –que está buenísima– nos presenta a un Clark criado en la Rusia Soviética en lugar de en los Estados Unidos. 

Así, sus ideales dejan de ser “la verdad, la justicia, y el estilo de vida americano” para convertirse en “Stalin, el socialismo y la expansión internacional del Pacto de Varsovia”. El resultado es un cómic muy ingenioso que, bajo la perspectiva de la Guerra Fría, presenta una visión irónica del clásico superhéroe americano.

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#SpoilerAlert: ya saben cómo son estas cosas. Se revelan algunas partes fundamentales de la trama y bla, bla, bla. Eso sí: el desenlace me lo guardo porque es demasiado inteligente como para arruinarlo.

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Todo es muy diferente en Red Son. En el invertido escenario global,  EEUU es una nación económicamente en ruinas, y el destino del capitalismo depende de un brillante pero inescrupuloso científico de nombre… Lex Luthor, un hombre con la ambición de convertirse en presidente y casado con una abandonada mujer (Lois Lane). El brutal y obsesivo Luthor tiene que detener la expansión del socialismo, que está creciendo rápidamente gracias a la presencia de Superman entre los rusos.

Es indudable que Mark Millar fue muy influenciado por la obra maestra de Alan Moore (“Watchmen”, que ya reseñé en el blog), particularmente en el tono de la historia, las temáticas que profundiza y la forma en que la presencia de un superhéroe que es casi un Dios (Dr. Manhattan por un lado, y Superman por otro) altera completamente el mundo en el que vivimos.

Lo genial de esta novela gráfica es que ni Lex ni Clark son 100% héroes o villanos. Ambos tienen, dentro de todo, buenas intenciones (el bien de su propio país) pero son tan moralmente ambiguos que se hace difícil apoyar incondicionalmente a uno o a otro.

El hecho de que Superman sea ruso no es el verdadero cambio significativo, sino meramenta una distracción. Lo cierto es que este Hombre de Acero tiene paradigmas muy distintos: las personas son “cosas” que deben ser reparadas, y no gente que necesita ayuda y asistencia.

A lo largo de la historia, que tiene lugar durante un gran periodo de tiempo, vemos la insistente batalla entre uno y otro, a veces de forma física y a veces a través de tretas y juegos mentales. También aparecen todos nuestros personajes de DC favoritos, pero completamente alterados. Batman, por ejemplo, es un terrorista independiente de la rebelión rusa (y muere de la mano de Superman… ¡ups!). Pete Ross (el mejor amigo de la infancia de Clark) es Pyotr Roslov, jefe de la KGB (y también el hijo ilegítimo de Stalin). Lana Lang es Lana Lazarenko (aunque apenas tiene breves cameos) y la Mujer Maravilla es, aparentemente, una embajadora internacional de la paz.

Está muy bueno lo que hacen con el grupo de “Linternas Verdes” (desgarradora escena) y especialmente con Brainiac, un personaje que tiene el rol definitivo en la historia.

Lo interesante de este cómic es que, si bien está lleno de grandes momentos de acción, la trama política tiene un mayor protagonismo. Es algo así como “House of Cards” con superhéroes. Al fin y al cabo, es una historia de la guerra fría, pero está muy lejos de ser la típica. Es un relato que no se pone de ninguno de los dos lados.

La continuidad y el mundo que vemos en “Superman: Red Son” es, de hecho, una de las 52 realidades confirmadas oficialmente como parte del Multiverso de DC (es la Tierra-30).

Un aspecto muy loco es la vibra muy orwelliana que hay entre las páginas. El Hombre de Acero ruso es capaz de escuchar conversaciones privadas en cualquier lugar del mundo, al punto que Lex tiene que irse a la Dimensión Fantasma para poder hablar de sus planes secretos. Las intenciones de Superman pueden llegar a ser buenas, pero muchas veces los resultados no son los que esperaba, y sin querer termina convirtiéndose en el peor dictador que conoció la historia.

Por eso disfruté tanto de Red Son: los personajes son grises y complejos, los giros argumentales son verdaderamente sorprendentes y el final nunca lo ves venir. 

En realidad, si tengo que hablar del desenlace, es necesario aclarar que no hay uno sino tres. El primero involucra la batalla final entre Lex y Superman y es famoso por contener una de las frases más famosas del mundo comiquero, la pregunta perforante:


«¿Por qué no simplemente metés al MUNDO entero en una botella, SUPERMAN?»

El segundo final está relacionado con Brainiac. Y el tercero, cuando ya pensás que la historia llegó a su fin, es el que realmente te vuela la cabeza. Cuenta la leyenda que fue Grant Morrison (el escritor de A Serious House on Serious Earth, que también ya reseñé en el blog) quien le dio esta brillante idea a su amigo Mark Millar para el desenlace.

Originalmente el cómic estaba dividido en tres partes (“RISING”, ubicados en los años 50, “ASCENDANT”, años 70, y “SETTING”, años 2000 y futuro) y luego se juntó en una única novela gráfica. Pueden descargarlo fácilmente por torrents o chequear el motion comic oficial que largaron DC y Warner en el año 2009 (disponible en Youtube).


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lunes, 16 de mayo de 2016

El extraordinario capítulo 66 de “Rayuela”


Terminé de leer Rayuela no hace mucho, y estoy preparando una nota que va a ser una de las más extensas y ambiciosas de este blog. La idea es examinarla desde la “búsqueda” como tema (contenido), y la transgresión en la forma. Creo que va a estar saliendo en junio porque todavía tengo bastante para investigar, releer y analizar.

Hasta entonces, tenía ganas de armar este post sobre un capítulo que me llamó muchísimo la atención. Es interesante porque no forma parte del argumento principal de la obra (léase: no hay  spoilers) y muestra dos cosas:

1) El nivel de complejidad que adquiere la novela, incluso con capítulos cortísimos que son casi una microficción dentro de la ficción.
2) Que la obra tiene historias dentro de historias, y muchos capítulos funcionan independientemente del resto, son autosuficientes y hasta tienen vida propia.

Voy a intervenir un poquito el brevísimo capítulo 66, pero antes lo comparto, como para ponernos en sintonía. 

Ahí va:

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66
Facetas de Morelli, su lado Bouvard et Pécuchet, su lado compilador de almanaque literario (en algún momento llamaba “Almanaque” a la suma de su obra).
Le gustaría dibujar ciertas ideas, pero es incapaz de hacerlo. Los diseños que aparecen al margen de sus notas son pésimos. Repetición obsesiva de una espiral temblorosa, con un ritmo semejante a las que adornan la stupa de Sanchi.
Proyecta uno de sus muchos finales de su libro inconcluso, y deja una maqueta. La página contiene una sola frase: “En el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay.” La frase se repite a lo largo de toda la página, dando la impresión de un muro, de un impedimento. No hay puntos ni comas ni márgenes. De hecho un muro de palabras ilustrando el sentido de la frase, el choque contra una barrera detrás de la cual no hay nada. Pero hacia abajo y a la derecha, en una de las frases falta la palabra lo. Un ojo sensible que descubre el hueco entre los ladrillos, la luz que pasa.
(-149)

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El episodio es parte de los “capítulos prescindibles”, la tercera parte del libro que contiene pedacitos que no pertenecen al argumento principal de la obra, pero que la complementan de alguna manera. Morelli, por otra parte, es una suerte de alter-ego de Cortázar. Tiene un rol muy secundario, y el autor lo aprovecha para poner en evidencia algunas de sus ideas sobre las maneras de hacer literatura. A lo largo de Rayuela se ven sus pequeñas intervenciones con Horacio Oliveira, el protagonista, y se exponen pedazos de sus textos.

Lo más loco del capítulo 66 es la cantidad de cosas que compacta en tan poco texto. Acá se ve la destrucción de Morelli como ser. Cortázar lo compara, muy hábilmente, muy hipertextualmente, con la obra que Gustave Flaubert nunca llegó a terminar (Bouvard et Pécuchet).

Morelli es el doble de Cortázar, y por eso sus trabajos tienen una relación directa, casi metatextual, con la obra que estamos leyendo. Rayuela también es un libro inconcluso, de muchos finales. Podemos leerla en el orden tradicional (1, 2, 3, 4, 5…), siguiendo un tablero de comandos (73-1-2-116-3-84,…) o como uno quiera. De hecho, mientras lo leemos no estamos seguros de si final va a ser conclusivo o no (spoiler alert: no lo es).

El capítulo 66 marca la última aparición de Morelli en la historia, que para esa altura ya casi habíamos olvidado debido a todo lo que sucede entre Oliveira, Traveler y Talita

Vemos cómo la pasión que tuvo Morelli por la literatura se va apagando. Él escribió –al mejor estilo Jack Torrance– toda una página entera con la frase: “en el fondo sabía que no se puede ir más allá porque no lo hay”. Sin embargo, falta un “lo” en un lugar, como un hueco donde pasa la luz.

Esto sintetiza, de alguna forma, la idea de los códigos gráficos a los que alude Cortázar. En Rayuela los íconos gráficos tienen especial importancia. Las mandalas, el tablero de comandos como campo de batalla (que remite a la noción de “juego”, otro de los grandes temas de la novela). La rayuela, el ajedrez, los espejos, los almanaques y las alfombras –entre tantos otros– también son elementos gráficos y simbólicos que cobran interés.


La página de Morelli es también un dibujo, un cuadro pintado con una misma frase, y con un único hueco. Una luz (prácticamente imperceptible) pasa por el espacio abierto por la ausencia de una palabra. No se puede ir “más allá” porque no existe un más allá de la página, ni un más allá de las palabras. 

O quizás, sólo al leer críticamente un texto podemos hallar ese haz de luz que nos lleva a lo que está detrás, a lo que verdaderamente está escrito. A la idea detrás de la idea, el texto detrás del texto. Una idea medio platónica, si me preguntan (la Caverna de Platón me viene inmediatamente a la mente).

La narrativa de Cortázar siempre fue una que expone a la fragmentación y a la transgresión, a romper con lo ya escrito, quebrar los moldes. A este mismo espíritu remiten los diferentes códigos gráficos que aparecen en Rayuela. De ellos, el del capítulo 66 me pegó especialmente. 

Debo haber leído el capítulo cuatro o cinco veces por lo menos.

Hay otro código gráfico más: la espirales de la Gran Estupa de Sanchi, en India. Es uno de los grandes monumentos budistas y para muchos representa un fundamental testimonio de la vida durante la época de su construcción, hace casi dos mil años. No es casual esta referencia, considerando la gran cantidad de símbolos budistas que aparecen en la obra.

Si se pueden comentar tantas cosas de un texto de apenas 180 palabras, imagínense la cantidad de conclusiones, análisis, estudios e investigaciones que han salido al repasar Rayuela una y otra vez. Es, verdaderamente, una obra impresionante. Ampliaré más en el review completo.

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jueves, 12 de mayo de 2016

“Gravity Falls” es una serie animada madura e ingeniosa


Para convencerte de que tenés que ver el show de Disney “Gravity Falls” (especialmente si no sos un niño) basta con ver los primeros episodios. Pero si sos de esos que todavía creen que “los dibujitos son exclusivamente para los más chicos”, en este post voy a intentar cambiar tu mente ingenua.

Gravity Falls es una serie original de Disney creada en el 2012 por Alex Hirsch, quien antes de llegar a sus 30 ya generó uno de los contenidos más universalmente alabados por la crítica en los últimos tiempos.

La historia relata –a lo largo de dos temporadas de 20 episodios cada una– las aventuras del precoz y adorable Dipper Pines y su enérgica hermana gemela Mabel. Durante un verano son enviados hacia el pueblo de Gravity Falls, Oregon, para pasar una estadía con su desconocido, misterioso, tacaño y malhumorado tío Stan Pines, dueño del Mystery Shack, una trampa para turistas.

Las cosas se complican cuando resulta que el pueblito es un imán para todo lo extraño: monstruos, viajeros temporales, fenómenos inexplicables y artefactos mágicos. 

Afortunadamente, Dipper encuentra un enigmático libro (firmado con una mano de seis dedos y el número “3”) que tiene una recopilación de todos los encubrimientos, eventos pasados y sucesos insólitos que ocurrieron en la ciudad; y también incluye mensajes crípticos y una precaución urgente: “¡No confíes en nadie!”.


Así, la serie combina muchísimo humor y referencias de la cultura pop con elementos de conspiración (al mejor estilo “Expedientes X” o “Lost”), una ambientación surreal llena de personajes extravagantes (que recuerda a “Twin Peaks”) y el horror cósmico de H.P. Lovecraft.

Al final de la primera temporada, la serie se tomó un descanso de un año. Mientras tanto, varias miniseries surgieron para mantener a los fans interesados. Están muy buenas y funcionan como material extra y complementario. La segunda temporada llegó en el 2014, y el gran final (muy emotivo y brillante, por cierto) cerró la historia con un especial de una hora de duración.

Gravity Falls es un triunfo desde donde se lo mire: construye un mundo fascinante y coherente, nos va sumergiendo en una trama cada vez más atrapante, es una maravilla visual y tiene un elenco de voces perfecto.

También es una serie muy geek, de esas que esconden chistes “para los adultos”, referencias a películas, juegos de video y literatura, y también de esas que fanatizan a la gente con posibles teorías y explicaciones de los extraños sucesos que vemos. Si bien los grandes misterios son resueltos para el final de la historia, muchas cuestiones quedaron abiertas, y los fans continúan teorizando.


Técnicamente es excelente, pero lo que más disfruté fue la impecable cohesión narrativa. Se apoya muchísimo en un complejo sistema de foreshadowing y callbacks (no sé si hay forma de no escribir esos términos en inglés). En retrospectiva, todo parece indicar que el creador tenía muy en claro hacia dónde iba la historia, y fue colocando pequeñas pistas incluso en los capítulos más de relleno.


Un ejemplo ideal es el de Blendin Blandin, el agente removedor de anomalías temporales. Durante los primeros capítulos de la serie se lo ve (inexplicablemente) apareciendo en el fondo de algunas escenas. Sólo cuando hace su introducción formal en el episodio 9 nos enteramos de que estuvo todo este tiempo eliminando las pequeñas anomalías que causaban Dipper y Mabel con sus aventuras.

Elementos como los de Blandin son los que hacen de Gravity Falls una experiencia única. La serie activamente te proponía que especules, que investigues el pueblo junto a los protagonistas. 

Mucho antes de que la gran revelación sobre quién escribió el diario saliera a la luz, los fans ya habían conectado los puntos basándose en un detalle que aparece brevemente en el episodio “Double Dipper” (uno de los primeros).

Diferentes mensajes crípticos también pueden encontrarse en cada capítulo y en los créditos iniciales, otro detalle que la producción de Gravity Falls adicionó para incorporar más misterio al misterio.  Por ejemplo, la intro a los capítulos 1 a 6 largaba un audio que, al escucharse al revés, decía “Three letters back”, indicando un método de cifrado conocido como Cifrado César.

En criptografía, el Cifrado César es uno de los más sencillos y más utilizados. Es un tipo de cifrado por desplazamiento. Una letra en el texto original es reemplazada por otra letra que se encuentra en un número fijo de posiciones más adelante (o más atrás) en el alfabeto.

Al final de cada episodio se puede ver un mensaje cifrado que debía decodificarse con la pista de cada secuencia inicial. En algunos casos, los mensajes eran tonterías del tipo “Not H.G. Wells approved” (para el capítulo del viaje en el tiempo, “The Time Traveler’s Pig”) o “SORRY, DIPPER, BUT YOUR WENDY IS IN ANOTHER CASTLE”, pero a veces eran pequeñas porciones que revelaban aspectos de la trama.

Gravity Falls es, sin duda, un show muy ingenioso, en cuanto a trama, misterios, arcos argumentales, humor. No creo que alcance la profundidad simbólica de historias como “Over the Garden Wall” (gran miniserie de Cartoon Network) pero tampoco es una historia para tomar a la ligera.

Otro de sus grandes aciertos es cómo logró introducir el horror cósmico de las historias tipo H.P. Lovecraft en un formato palpable con la audiencia de Disney.  Gravity Falls es ocasionalmente oscura y terrorífica, pero es una producción indiscutiblemente “caricaturesca”, diseñada sin buscar ningún tipo de realismo.



En el medio de tantos eventos sobrenaturales, los personajes crecen, se enamoran, aprenden, lloran, ríen y se equivocan. Hay algo muy tierno en la relación de hermanos de Dipper y Mabel, está muy bueno cómo se manejan sus relaciones con el resto de los personajes del pueblo, y hasta Stanley Pines se las arregla para brindar un arco argumental que emociona.

Y ni hablar del villano principal, Bill Cipher, que se va introduciendo muy de a poco (con sutiles pistas y referencias) y termina por convertirse en una de los villanos más memorables de la historia de los dibujos animados.

► En definitiva: Gravity Falls es un show muy sólido, con una buena cantidad de sorpresas, grandes historias y mensajes positivos. Va construyendo un cariño especial por cada personaje, por más secundario que sea, se hace lugar para el crecimiento del universo que crea, tiene tramas sofisticadas y, lo que es más importante, es realmente divertida. Ah, y está disponible en Netflix.

Gravity Falls: varios pulgares arriba. Bien hecho.

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lunes, 9 de mayo de 2016

“Borrador nro. 3474” (cuento)


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“Borrador nro. 3474”

Idea para un cuentito… un concepto, en realidad.

Es sencillo, nada del otro mundo. Bueno, literalmente sí sería de “otro mundo”. Pero tranquilo, que ya voy a llegar.
Es la historia, narrada en primera persona, de un pibe corriente. Se le murió el viejo. Posible arranque: “Durante el verano del 2003, luego del fallecimiento de mi padre…”. PUM. Drama, tensión, nostalgia. Automáticamente queremos saber más. ¿Qué pasó ese verano? El chico perdió la inocencia. Ya había perdido la virginidad, a esa altura tendría unos… ¿16 años? (¿A qué edad pierden la virginidad los chicos de hoy en día? Puf, ni idea. Yo fui re tardío. A los 19, y de pura casualidad.)

La cuestión es que él ya la puso, pero internamente sigue siendo un niño. Pero acá se viene el (primer) giro argumental: cuando se queda sin papá, empieza a revisar el taller donde arreglaba motos usadas. Y ahí descubre revistas pornográficas y un arma, un revolver de 22 mm, con balas. Eso él no lo sabe. No tiene ni idea de armas, pero la sola idea de saber que en su casa había una pistola le pone los pelos de punta. 

Como esta situación me pasó a mí de chico –la de encontrar porno y un arma en casa– estoy elevando un relato intrascendente, pequeño en escala, hasta un nivel metatextual y autobiográfico. Le pone más onda, ¿no?
Pará. La idea va por otro lado. Tengo ganas de experimentar a lo Cortázar. ¿Y si el relato tiene un estilo de trama doble interlineada? Algo así como el capítulo 34 de “Rayuela”. Puedo hacer que la historia del pibe se lea en las líneas impares, y la de él (ya adulto) que se lea en las líneas pares. ¡Un quilombo, ya sé! Pero Julio lo hizo, y le quedó al pelo.
El tema está en ver bien el tema del formato, para que no se descompagine. (REVISAR: repetición de palabra: “el tema”). Ynoescribirtodoapurado. Hay que pensar bien estas cosas, che.
Me lo pongo en una nota mental.

Sigamos con la trama.

Mmm.. pero el flaquito no tiene nombre. ¿Qué tal… Julio? Demasiado evidente. Es insultar al lector. ¿Daniel? Puede andar. ¿Cómo se llaman los pibes hoy? A ver… Google, hacé magia. “Lionel”, obviamente. Tiago, Elías, Valentino, Tiziano. Ya no se ven bebés llamados “Roberto” o “Carlos”. Da la impresión de que si le ponés Jorge a tu bebe, nace con 54 años encima. Un garrón.

Benjamín. Ese es el que va. Benjamín.

Cuestión que en la segunda trama, la de las líneas pares, vemos a Benjamín ya hecho adulto y… redoble de tambores… ¡TRABAJA EN LA LUNA! (Esperá un poquito, va a tener sentido). Claro, porque me faltó decir que, de chico, a Benjamín le robaron la bici frente a su casa. Y juntando este hecho con el fortuito encuentro de material erótico y un arma de fuego, se hizo hombre. ¿Y qué quiere hacer el hombre? Llegar a la Luna. Makes sense. (¿?) 

(REVISAR: darle motivación para que quiera ir a la Luna).

La cosa es que él, de grande, ahora trabaja en la Luna. (Sí, me gusta). Pero no hay glamour; es un recolector de porquería espacial (en un futuro, vamos a colonizar otros planetas. Y viendo cómo somos, vamos a llenar el espacio de basura). Aunque ahora que es mayor, perdió la capacidad de jugar, y quiere recuperarla. Obviamente no sabe cómo, si no, no tengo conflicto. La premisa sería que, simultáneamente, el chico va perdiendo la inocencia mientras que el adulto va recuperando el juego. ¡En la Luna!

BUM. Le doy forma, lo termino, le pongo un seudónimo, lo mando a dos o tres concursos, gano el primer premio, me salgo de este incómodo anonimato, me contacta una sexy y voluptuosa editora, vendo mi primera novela, me hago best-seller. Capaz que hasta me alcanza para ir a conocer la Luna (es uno de mis sueños, ¿se entiende? Porque el chico de la historia soy yo… con algunas diferencias. Nunca me robaron la bici, por ejemplo).

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……..

La puta madre.
¡Qué cuento de mierda! No tiene de dónde agarrarse.
Cuando no hay creatividad, es al cohete. ¿O se dice “al cuete”? A ver Mr. Google: “en vano”, “inútil”, “sin sentido”. Lo correcto sería “al cohete”. ¿Pero de dónde habrá salido? Maldita jerga argenta. Click, click, click. Nada. La primera página de Google no tiene la respuesta. No vale la pena esforzarse más.

¿En qué estaba? Ah, sí, tengo otra idea para un cuentito… 
Borrador nro. 3475.


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=>> Otros cuentos en el blog: “Homicisium”; “El último beso”; “Del texto a la vida”; “Repertorio en forma de libro, osario de palabras”. Todos mis relatos están disponibles en la solapa "ÍNDICE DE MIS CUENTOS". 

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jueves, 5 de mayo de 2016

“The Sunset Limited” y el mito de Sísifo


Fue el filósofo francés Albert Camus, célebre por el pensamiento filosófico conocido como “absurdismo”, quien planteó que no hay más que un problema filosófico realmente serio: el suicidio.

Las ideas de Camus, y en particular su obra de “El mito de Sísifo”, conforman el paisaje filosófico de “The Sunset Limited”, una pequeña película –basada en la obra de teatro de Cormac McCarthy– emitida por HBO y producida por Tommy Lee Jones en el año 2011.

En The Sunset Limited nos encontramos con sólo dos personajes, sin nombre, que en la versión impresa se los llama Blanco (Tommy Lee Jones) y Negro (Samuel Jackson). Antes del comienzo de la historia, Negro le salva la vida a Blanco, quien pretendía lanzarse directamente frente a un tren en movimiento (el Sunset Limited de Nueva York). Ambos van hacia el departamento de Negro, un ex convicto y recientemente convertido al cristianismo, donde comienzan un diálogo de carácter existencial y debaten temas polémicos como la existencia de Dios, el derecho al suicidio y el verdadero significado del sufrimiento humano.

Si no vieron esta película, se las recomiendo completamente.

Es un derroche de talento por parte de dos grandes actores (en el que, probablemente, fue uno de los mejores papeles de su carrera) y plantea temas absolutamente atrapantes. El conflicto se dispara a partir de una diferencia de ideales extrema, ya que Blanco es profesor universitario y un auto-proclamado ateo.


Si bien ninguno de los dos está encerrado, ambos se encuentran atrapados en la sala, con ideas muy distintas. El guión de McCarthy es magistral, y es maravilloso cómo se mantiene la atención del espectador durante sus 90 minutos de duración. La esencia del drama es el conflicto, y acá está por todos lados.

La discusión filosófica que entablan los personajes de “The Sunset Limited” sigue las premisas de Albert Camus en su ensayo Le Mythe de Sisyphe (“El mito de Sísifo”), publicado originalmente en 1942. El título del ensayo proviene del personaje de la mitología griega. Al igual que Prometeo, Sísifo hizo enojar a los dioses griegos y fue condenado a quedarse ciego y tener que empujar eternamente una roca gigante hasta la cima de una montaña. Al llegar, la roca caía rodando hasta el suelo, desde donde él debía volver a empujarla una vez más (y así sucesivamente, hasta el fin de los tiempos).

Camus aprovecha el mito para discutir el valor de la vida y la cuestión del suicidio. La historia de Sísifo funciona como una provechosa metáfora del esfuerzo inútil del hombre (al fin y al cabo, todos vamos a morir). En The Sunset Limited, Blanco representa la postura absurda de Camus: nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que el de lo que nosotros creamos.

Lo interesante del ensayo es que Camus formula el concepto del “hombre absurdo”, alguien que constantemente (como Sísifo) es consciente de la inutilidad de su vida. Como esa persona puede “darse cuenta” de este hecho, también está en eterno confrontamiento con el absurdo. 

Aceptar el absurdo, dice Camus, es la única alternativa aceptable al injustificable salto de fe que forma la premisa de todas las religiones. Esta visión religiosa es la que aporta, en la película, el personaje de Samuel Jackson.


Juzgar si la vida vale la pena vivirla es dar respuesta al tema fundamental de la filosofía. 

Todo lo demás viene después. Blanco (Tommy Lee Jones) es profesor universitario, pero ya no cree en nada. El mundo de la ciencia, el arte, la literatura o la música no representa nada para él. Es un fiel partidario del cinismo. 

Negro –un criminal convertido a cristiano devoto– le ofrece el consuelo religioso (las premisas del amor al prójimo, Dios y la vida eterna) para apartarlo del suicidio. Sin embargo, Blanco retruca constantemente con ideas difíciles de argumentar: si pudiésemos ver la vida tal cual es, no nos quedaría otra opción que matarnos.

Es genial, y simultáneamente destructor, cómo el personaje de Tommy Lee Jones se debate –al mejor estilo Hamlet– que la única religión verdadera sería una que crea en la nada misma, en la muerte como alivio; una que nos asegure que no hay nada en el “más allá”, que sólo quedamos reducidos a polvo. 

Para él, lo que aleja a la humanidad del suicidio es, justamente, el miedo a lo incierto del “más allá”.

El aspecto más interesante de la película es que, al ser las posiciones tan extremas, nunca podemos estar completamente de un lado o del otro. La vida está siempre teñida de grises, y por eso por momentos nos inclinamos hacia el pensamiento de Negro y luego hacia el de Blanco.

«Show me a religion that prepares one for nothingness, for death.
That’s a church I might enter.
Yours prepares one only for more life, for dreams and illusions and lies.
Banish the fear of death from men’s hearts they wouldn’t live a day.
Who would want this nightmare but for fear of the next?»

(Blanco, “The Sunset Limited”)

Toda la obra está empapada en filosofía. 

La exposición del mundo que presenta Blanco también me recordó un poco a algunas de las ideas de Sartre y su existencialismo. Él argumenta que nos definimos ante la mirada del otro, y que el sentido de la vida está en la existencia con el otro; el otro es, en esencia, mi salvación en este caótico mundo.

Sin embargo, personalmente terminé encontrando más fuertes los silogismos de Negro, quién también en un momento afirma que la historia de la humanidad es una sucesión de crímenes. Aquello a lo que llamamos “progreso” se consiguió a costa del terror y del sufrimiento. Desde el punto de vista de la ciencia, por ejemplo, los mayores avances se dieron en épocas de conflictos bélicos y guerras internacionales.

No digo estar más de acuerdo con el pensamiento de Tommy Lee Jones en la película (aunque tiendo a inclinarme más hacia él), pero sus argumentos son tan poderosos que, de hecho, es quien termina ganando el debate, en un final absolutamente demoledor que deja a Negro dudando de sus propias creencias.

Algo que disfruté mucho de la película fue la impecable atención a los detalles: la ausencia de TV y radio, el café negro, los candados en las puertas. Todos los detalles cargan con un simbolismo muy fuerte, al igual que la misma habitación donde ocurre la acción. 

En la habitación hay orden, pero afuera está la vida, el caos, el absurdo.


► Pocas películas con tan poca puesta en escena y actores lograron mantener mi atención como “The Sunset Limited”. Es para verla y reverla, y probablemente hasta para estudiarla en detalle. Un genio McCarthy. Y unos genios Tommy Lee Jones y Samuel Jackson.

***

POSDATA: como películas similares (es decir: un número pequeño de actores, dentro de una sala, únicamente conversando) les puedo recomendar los siguientes títulos: “12 Angry Men” (obra absolutamente magistral y clásica de 1957 que presenta a un Henry Fonda en su mejor momento), “The Man fron Earth” (2007), “Rope” (película de Alfred Hitchcock de 1948 que ya comenté en el blog) y “The Invitation” (2015).

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