miércoles, 26 de agosto de 2015

Un paseo por el soliloquio de Hamlet


La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca” (o simplemente “Hamlet”) es la obra de teatro más conocida (y decididamente más sobre-analizada) del inglés William Shakespeare. No solo se trata de la pieza más larga, sino que además el texto escrito en 1601 se ha convertido en una de las tragedias más influyentes y poderosas de la historia universal.

En pocas palabras: Hamlet es el Príncipe de Dinamarca. Su padre (¿Mufasa?) fue asesinado por su nefasto tío Scar, digo… Claudio… en un intento de usurpar el trono. El fantasma del fallecido rey se le aparece a su hijo para pedirle que se vengue de su asesino. La obra se va desenvolviendo alrededor de la locura (real, pero también fingida) y de cómo una persona transita los diferentes estados frente a la muerte de un ser querido (pasando por el dolor intenso y la ira desmedida). A su vez aparecen las temáticas de la venganza, el incesto, la corrupción y la traición. Ya saben, esas cosas que le encantan a Shakespeare y a George Martin.

Hamlet decide que la mejor manera de resolver el asunto con su tío Claudio es una buena y tradicional venganza a sangre fría. Para obtener las pruebas necesarias, monta una obra de teatro (una obra dentro de la misma obra) y cubre su comportamiento fingiendo demencia.

Sin embargo, a medida que la trama progresa se vuelve cada vez más ambiguo si Hamlet finge locura o realmente está perdiendo la cabeza. La cosa se complica especialmente con la presencia de un popurrí de personas secundarios: Polonio (canciller del reino y amigo del difunto padre), Ofelia (hija de Polonio y el objeto de afecto de Hamlet), Gertrudis (la madre, que ahora se ha casado con su maligno cuñado) y , por supuesto, el mismo Claudio, que está preparando planes para remover a su sobrino del escenario.

Un bolonqui de aquellos.

Es probable que Shakespeare haya basado su obra en un conjunto de leyendas con temáticas similares que abundaban en diferentes culturas alrededor del mundo: la leyenda romana de Bruto, la saga escandinava Hrolf Kraki, una obra anterior posiblemente escrita por Thomas Kyd (titulada “Ur-Hamlet”), entre otras. Muchos de los elementos de la obra, por ejemplo, fueron tomados de “La vida de Amleth” (Saxo Grammaticus), obra del siglo XIII.

Hoy Hamlet ha sido adaptada numerosas veces al cine, teatro y televisión. Y ha cambiado tanto que muchas veces solo se relaciona en la trama más básica con el contenido original. 

(Piensen, por ejemplo, en “El Rey León” de Disney).

En internet pueden encontrarse adaptaciones super raras, como la edición de Hamlet de Facebook, una versión Manga y una con los personajes de Mario Bros. La obra teatral “Máquina Hamlet”, del aleman Heiner Müller, es una celebrada adaptación surrealista. Por su parte, la película “Legend of the Black Scorpion” es básicamente Hamlet en la China feudal.

Después de un diálogo de Star Trek VI donde se menciona que los trabajos de Shakespeare eran, en realidad, el trabajo de un Klingon, algunas fans con mucho tiempo en sus manos se tomaron el trabajo de traducirlo a lenguaje Klingon.

Orson Scott Card, un declarado del movimiento anti-gay, también hizo el intento de adaptar la historia del príncipe en una extravagante novela de 2008 con pésimas críticas: “Hamlet´s Father”. En ella resulta que el viejo rey es un pedófilo que viola a la mayor parte del elenco masculino para convertirlos en homosexuales y pedófilos como él. En serio.

Por último vale destacar dos casos más. El primero es la película “Royal Deceit” (1994) con Christian Bale y Gabriel Byrne. Una cinta de bajo presupuesto que combina Hamlet con la historia original y vikinga (Saxo Grammaticus). Las opiniones se dividen entre “tan mala que termina siendo buena” y “tan promedio que resulta siendo aceptable”. El último caso es el de la serie “Sons of Anarchy” (del canal FX), que trata de una banda de motoqueros que actuan al borde la ley pero de fondo es una versión de Hamlet ambientada en la época moderna.

Además de engendrar perturbadores adaptaciones, Hamlet es conocida por haber sido generadora y frases clichés que se usaron y parodiaron en todas partes. De todas ellas, seguramente la más conocida (e incomprendida) sea “Ser o no ser…”, que es el comienzo del afamado soliloquio del inicio del acto III.

La obra de teatro no tiene uno, ni dos, sino siete soliloquios en total. Todos son de una profundidad sin igual, y todos están íntimamente relacionados con la trama y el desarrollo del personaje que lo recita. En ese sentido, la estructura de la obra se ajusta a la del teatro isabelino: cinco actos, todos de diferente longitud, y con un lugar especial para los monólogos.


Popular y erróneamente se asocia el monólogo de “Ser o no ser” (que sucede en el acto III) con la calavera del bufón Yorick que Hamlet encuentra en el cementerio durante el acto V. En realidad este monólogo –el tercero de una serie de pensamientos en voz alta que se formula el protagonista– es de carácter existencial y se centra en la duda, pero no tiene nada que ver con una calavera.

En su base, Hamlet es un intelectual quejoso que tiene la carga del peso de su vida. Sus pensamientos paralizan su accionar y es exactamente lo que expone en el soliloquio. Lo interesante de lo que dice es que, más allá de su locura fingida, hace observaciones muy agudas en cuando al espíritu humano, el amor, los pecados y la muerte.

Se trata de un monólogo tremendo y cargado de significado que tiene mucha tela para cortar. Sorprendentemente, se mantiene muy contemporáneo en sus palabras, pese a tener más de 400 años de antigüedad.

“Ser o No Ser, esa es la cuestión”

Hamlet se muestra natural, sin tapujos. Pone en relevancia la incertidumbre de cómo debe vivir, actuar y comportarse frente a los demás . Hay quienes afirman que su frase “ser o no ser” se refiere a ser o no ser como su tío Claudio (es decir, un pecador). 

La verdad es que parecería tener un sentido más amplio: ser humano de forma completa, con todo lo que implica, las más y las menos, las injurias y penurias, o abandonar todo y dejarse llevar por la vida.

“Si es más noble para el Alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro”

Aparece el cuestionamiento de actuar de forma honrada (sabiendo que vas a ser golpeado por la vida) frente a conformarse con lo que pasa alrededor.

“Morir: dormir, nada más.
Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, ¿sería una conclusión seriamente deseable?” 

Morir, dormir: dormir, tal vez soñar.
Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno 
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del Tirano, la afrenta del Soberbio, las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la Arrogancia del cargo, los Insultos que sufre la paciencia, 
pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal? 

¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve,
detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos 
antes que huir hacia otros que ignoramos? 

Todos estos versos ejemplifican y desarrollan el dilema planteado al principio por medio de metáforas, ejemplos y diferentes dicotomías: rebeldía vs. resignación, vivir vs. morir, acción vs. reflexión. 

Hamlet se plantea lo sencillo y fácil que sería poner fin a todos los males con el suicidio (“…pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal?”), y la idea de que es el desconocimiento de lo que hay luego de la muerte lo que pone freno a esa maniobra.

Hamlet plantea el dilema, lo extiende, lo desarrolla, y luego llega a la inevitable conclusión sobre el final:

La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso 
y ya no son acción.

Tomar conciencia sobre nuestros actos sin convertir el pensamiento en acción, propone Hamlet, hace que el individuo se paralice. Es una conclusión que él aplica a su situación particular, pero que puede extenderse a cualquier ámbito de nuestras vidas. Rendirse o seguir peleando. Cuando pensamos demasiado las cosas, cuando nos conformamos con las injusticias, cuando dejamos que las cosas suceden porque “así sucedieron siempre”, somos unos cobardes.

Cada vez que releo este monólogo, se me eriza la piel.

Aunque el texto en español es una traducción posible de las tantas que hay dando vueltas, la densidad conceptual está presente. Hay una precisión en la elección de palabras y elegancia en la forma en que arma cada verso. Hay muchísimos recursos formales empleados y que moldean el contenido para intensificar ideas importantes y brindar más fuerza a lo que se quiere transmitir.

Shakespeare fue un conocedor del alma humana y las penurias del hambre. No es casual que por eso tantos de sus personajes se hayan convertidos en símbolos y fluentes de influencias. Si Macbeth representa la ambición humana, y Romeo y Julieta el amor, Hamlet es la vacilación por excelencia. Muchos investigadores se han preguntado por qué él tarda tanto tiempo (esencialmente toda la obra) en llevar a cabo su plan, por qué duda tanto. Al respecto hay varias teorías interesantes, pero serán motivo de otro post.

Leer Hamlet es ponerse uno contra uno con las dualidades más elementales del hombre: la locura y la razón, la honradez frente a la maldad, y la justicia por medios legales frente a la venganza (justicia por mano propia). 

Temas, por supuesto, atemporales.

El soliloquio de Hamlet en mi traducción preferida:



Ser o No Ser, esa es la cuestión:
Si es más noble para el Alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro....

Morir: dormir, nada más.
Y si durmiendo terminaran las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, ¿sería una conclusión seriamente deseable? 

Morir, dormir: dormir, tal vez soñar.
Sí, ese es el estorbo; pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno 
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio y da tan larga vida a la desgracia.

Pues, ¿quién soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del Tirano, la afrenta del Soberbio, las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la Arrogancia del cargo, los Insultos que sufre la paciencia, 
pudiendo cerrar cuentas uno mismo con un simple puñal? 

¿Quién lleva esas cargas, gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá, la tierra inexplorada de cuyas fronteras ningún viajero vuelve,
detiene los sentidos y nos hace soportar los males que tenemos 
antes que huir hacia otros que ignoramos? 

La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad por tal motivo se desvían de su curso 
y ya no son acción.
(...)

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martes, 18 de agosto de 2015

Un minuto en la vida del Stop - Motion


Igual que el animé (como comenté en este post) el stop-motion no es un género narrativo, sino más bien un medio para contar historias. Hacía bastante que tenía ganas de hablar de esta técnica que me gusta bastante.

El stop-motion (un anglicismo que recientemente comenzó a utilizarse en la lengua española) es una técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos a través de una serie de imágenes en sucesión. Una traducción fiel sería “animación cuadro por cuadro”. Es fácil diferenciarla de las otras dos técnicas más populares de todas: el dibujo animado (donde el “animé” entra como una sub-categoría) y la animación por computadora (CGI).

La técnica es una de las más artesanales e históricamente se han utilizado diversos materiales como plastilina y arcilla. 

Junto al uso de títeres, el stop- motion se remonta a los principios del cine. Uno de los precursores fue el ruso Ladislaw Starewicz, quien realizó la película “La venganza del camarógrafo” (1912), pero antes existió también un español, Segundo de Chomon, con “El hotel eléctrico” (1905) y “La casa encantada” (1906).

Hay quienes afirman que el verdadero pionero de la animación no fue Walt Disney sino Quirino Cristiani, caricaturista y director de animación italiano radicado en Argentina. Fue responsable del primer largometraje del mundo entero: "El Apostol" (1917), que utilizó técnicas de stop-motion.

Se trató de una sátira política dirigida al entonces presidente de Argentina (Hipólito Yrigoyen). Aunque se conservan algunas pocas imágenes, ya no quedan copias en la actualidad (se perdieron en un incendio en 1926).

La vida y obra de Cristiani es súper interesante, hay varios documentales en Youtube que hablan de él. Uno que disfruté mucho fue este:

Quirino Cristiani, el gran pionero – 2011:



En la película, el presidente Yrigoyen asciende a los cielos para utilizar truenos que limpien Buenos Aires de la inmoralidad y la corrupción. Un delirio absoluto.

Por otra parte, otros afirman que el origen de la técnica puede rastrearse a 1897 y una película llamada “The Humpty Dumpty Circus”. Ahí se utilizó para ilustrar una colección de juguetes y animales disecados que cobraban vida.


Un pionero de este arte –quizás más conocido– fue Willis O'Brien, célebre por animar la película de “King Kong" en 1933. Ray Harryhausen, otro famoso creador de efectos especiales, también hizo un gran número de películas con stop-motion entre la década del ´40 y la del ´80. Para darse una idea del tipo de cosas que hacía, pueden ver “Jasón y los Argonautas”, una maravilla de 1963. No tiene desperdicio, especialmente por la batalla final contra un grupo de esqueletos. (acá mi crítica).

Sin embargo, la triste realidad es que la técnica no era demasiado popular por aquella época. El verdadero boom del stop-motion ocurrió en los años ochenta, cuando comenzó a ser usado por Tim Burton. Él había crecido viendo los efectos especiales de Ray Harryhausen  y comenzó a crear cortos y largometrajes cuadro por cuadro. "The Nightmare Before Christmas”, donde el ofició de productor, es una de sus películas más valoradas que utilizan esta técnica.

Hoy el stop-motion sigue siendo considerado algo más bien “under”, más asociado al cine independiente, ya que ha sido casi completamente reemplazado por el CGI (que es la forma más tradicional de crear efectos especiales en la actualidad). Sin embargo, han surgido grandes películas hechas con stop-motion que quiero destacar.

Tenemos “Chicken Run” (Pollitos en fuga, 2000) y “Wallace & Grommit, The curse of the Were-Rabbit” (que recibió 3 oscar en el 2005). También vale la pena reconocer el mérito de “Fantastic Mr. Fox”, una comedia memorable del genial Wes Anderson. Por su parte, “Robot Chicken”, la delirante serie creada por Seth Green, utiliza figuras de acción para crear las desopilantes parodias a series de televisión, películas y dibujos animados.


Un caso interesante es “Coraline” (2009), donde prácticamente todo (incluyendo el pasto y el impermeable de la protagonista) fue cableado para moverse libremente, a excepción de los rostros donde, en lugar de hacerse de arcilla, fueron diseñados en una computadora a través de una impresora 3D. Un laburo tremendo.

Unos años despues, en el 2012, los creadores de Coraline sacaron “ParaNorman”, que también hace uso del stop-motion y tiene unas efectos especiales maravillosos. Acá pueden leer mi crítica de esa película.

También del 2009 es “Mary y Max”, una grandeza de la animación y una historia única y muy personal. Si no vieron esta cinta, la recomiendo ampliamente.

Es una genuina celebración del valor de ser diferente, tiene una trama extrañísima pero tierna y un humor fino y delicado. Quizás algunos pueden molestarse con el excesivo uso de la narración, pero uno se acostumbra. Es sorprendente que la película australiana haya llegado tan lejos sin que las personas que la financiaron hagan recortes para que guste a una mayor audiciencia. Definitivamente no es una historia para chicos ni tiene un clásico final hollywoodense. La forma en la que la película maneja el síndrome de Asperger es muy distinta a lo que había visto hasta ahora en el cine.

Con esto no quiero decir que no haya excelentes películas que lidian con el síndrome de Asperger. Las hay. “Mi nombre es Kahn” (2009), de origen indio, es impecable (acá mi crítica) y “Ben X” (2010), película belga, también (acá mi crítica). Lo que hace muy bien “Mary y Max” es tratar el síndrome con muchísimo humor (irónico, negro, infantil) pero sin caer en lo burdo. Es decir, se ríe de la enfermedad, pero lo hace con seriedad. Y eso, realmente, es su punto más destacable.

La última película que necesito comentar es una española, super independiente, de nombre “Gritos en el pasillo” (2007). Mi crítica está en este link. Se trata de la primer película hecha con cacahuates (maníes, en Argentina). Es una historia de terror y suspenso que funciona como thriller y recuerda un poco a “Stonehearst Asylum” (mi crítica), película de 2014 basada en un popular cuento de Edgar Allan Poe.


Gritos en el pasillo” es genial porque utiliza un estilo de marionetas donde los cacahuates son montados en palillos y se desplazan sincronizándose con la voz de los actores. En la teoría puede parecer cualquier cosa, pero el efecto logrado es excelente. La historia es sencilla: un prestigioso ilustrador de cuentos infantiles es contratado por el director de un MANI-comio (¿entienden?). Su misión es decorar las paredes con sus dibujos para mejorar el ambiente del lugar. Todo se complica cuando el dibujante encuentra un oscuro pasillo desde donde se oyen gritos escalofriantes. Curiosa película que me llamó muchísimo la atención en su momento.

DE YAPA:TOP 10: Mejores películas stop-motion”:


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jueves, 13 de agosto de 2015

“Un médico rural”, una antología de cuentos de Franz Kafka


En febrero de este año hice un recorrido inolvidable por Europa. El viaje –absolutamente movilidazor– quedó registrado en varias entradas de este blog que funcionan como una suerte de diario.

Uno de esos destinos fue Praga, una ciudad que me fascinó. Ahí, recorriendo el Callejón de Oro y la casita N° 22 (hoy, una librería y mini-museo), terminé comprando una edición exquisita y en español de “Un medico rural”, pequeños relatos que el autor escribió en 1916 mientras vivía en ese mismo lugar.

Donde hoy reina el jolgorio de los turistas, Kafka encontró un escondite sencillo (pero colmado de encanto) donde pudo dedicarse a escribir. En un momento hasta le dijo a su hermana menor, Ottla, quien le ayudó a encontrar la casita: “la vida allí es algo especial, implica tener casa propia, cerrar al mundo, no la puerta del cuarto, no la de la vivienda, sino la de toda la casa”.

Mientras tanto, el mundo del que Franz Kafka se recluía cerrando la puerta era más bien lúgubre: plena Primera Guerra Mundial. Para ese momento él ya había escrito La metamorfosis, pero solamente era conocido en un círculo de lectores muy reducido.

La verdad es que su vida privada también pasaba por momentos especialmente difíciles. Las relaciones con su padre seguían tensas, hasta el punto que Kafka prefirió pasar la víspera de Año Nuevo solo, en su casita del Callejón de Oro. Su primer matrimonio se había arruinado  en 1914 y el segundo fracasaría antes de que terminara el año 1917.

Ese mismo año, además, ya le diagnosticarían tuberculosis pulmonar.


Es díficil decir cuál de los relatos de la antología es más inquietante. Tienen todos un elemento en común: en algún pasaje del texto, ya sea al principio o bien en un punto más avanzado de la narración, surge una escena perturbadora (la llamada “paradoja Kafkiana”). El lector (nosotros) solo puede intentar adivinar qué significa. Por mucho que nos esforcemos en clasificarlos , no encajan en ningún molde interpretativo. La narración no coincide con el contexto del mundo real, por lo menos en su totalidad.

► La antología se compone de 14 relatos breves de tres o cuatro carillas (a excepción de dos que son más extensos y que, casualmente, son los más interesantes). En un último apartado se presenta un texto de tipo expositivo que comenta sobre la  gestación de la obra y su efecto.

Entre los 14 cuentitos, destaco especialmente 2 (que resultaron mis preferidos) y algunos más que son llamativos por motivos que ya voy a comentar.

#1. “UN MÉDICO RURAL”

El primero que vale la pena mencionar es el que da título a la antología. “Un médico rural” es un texto fácil de contarle a un amigo, pero absolutamente onírico y cargado de metáforas como para explicar en detalle. Todo trascurre como hecho del mismo material de las pesadillas.

Si no leyeron “Un médico rural”, pueden hacerlo en el siguiente link. Los próximos párrafos revelan algunos detalles de la trama, así que #SpoilerAlert.

La cuestión es que un médico es llamado a mitad de la noche para visitar a un enfermo que se encuentra grave. Sin forma de llegar, de pronto surge alguien que le da dos caballos, quedándose a cambio con la críada del médico (Rosa). Aunque el pueblo está lejos, el médico llega casi sin darse cuenta. El paciente parece estar sano, pero una segunda revisión revela una herida repugnante y llena de gusanos. La historia sigue en ese estilo, con una contradicción constante entre lo real y lo imposible.

El surrealismo, por supuesto, se pone en relevancia con cada página. Resulta extrañísimo que el médico rural se encuentre de imprevisto con caballos dentro de la vieja porqueriza; o que descubra la espantosa herida del paciente al mirarlo por segunda vez. O bien, que, súbitamente, él mismo esté acostado en la cama junto al enfermo. Cada análisis literario involucra una interpretación diferente.

Algunos han atinado a decir que “cabalgar” es, en realidad, “hacer galopar la pluma”, entonces la narración resulta un eufemismo para hablar del arte de escribir. A lo mejor las numerosas insinuaciones eróticas pueden ayudar a descifrar un poco el texto. El blog https://vividordeotrasvidas.wordpress.com, por ejemplo, tiene una teoría desopilante que encuentra una interpretación anti-capitalista en el relato. Vale la pena chequearla.


La desenfrenada sucesión de metáforas convierte al relato en una alegoría llena de símbolos. Desde un primer momento el concepto de dualidad se pone en evidencia: dos pueblos (dos mundos), dos caballos, dos veces que revisa al enfermo. La flor, como símbolo, es también motivo de estudio. El enfermo tiene una flor, que es una herida (vale aclarar: una herida sin curación posible, que solo debe soportarse)  y el mismo médico tiene su propia flor (Rosa). Nuevamente aparece la dualidad como tema.

En el 2007, el animador japonés Koji Yamamura realizó un corto maravilloso. Tiene un estilo gráfico muy particular que captura todo el ambiente opresivo y onírico del cuento. No tiene desperdicio.

Franz Kafka - Un médico rural:


#2. “INFORME PARA UNA ACADEMIA”

Mi cuento favorito de esta antología. Informe para una Academia es mucho menos surrealista que “Un médico rural”, pero me encantó. Acá la paradoja kafkiana aparece en el primer párrafo: un mono redacta un informe de cómo se forzó a sí mismo para convertirse en humano.

Si no leyeron “Informe para una Academia”, pueden hacerlo en el siguiente link. Los próximos párrafos revelan algunos detalles de la trama, así que #SpoilerAlert.

Un simio es cazado en su entorno natural. Mientras viaja en barco, enjaulado, hacia Europa, se desespera por buscar una salida. Por eso toma la decisión de comenzar a copiar (imitar) a los humanos. Comienza a escupir como los marineros, tomar ron de la botella y hasta en un momento dice “hola”.

Esta necesidad de escapar es la que inicia su proceso de evolución que termina por impresionar a toda la comundiad científica. No busca la libertad (no como la conocemos nosotros) sino más bien poder moverse fuera de la jaula, adonde fuera.

El final es tremendo. 

Aparte de ser capaz de hablar, el simio ha conseguido adquirir la cultura propia de un europeo promedio, los vicios del ser humano, y hasta tiene una mona acobachada en su casa que utiliza para quitarse sus instintos más animales… al mejor estilo “Rebelión en la granja”. Magistral.

Parece que es un relato que se presta a interpretaciones, pero no parece tan difícil de desentrañar. Nos habla de la selección natural y del precio que se paga por sobrevivir, por ser el más fuerte. Expone la temática de la adaptabilidad y de cómo las situaciones extremas son las que te sacan de la zona de confort. A su vez, es una sátira hacia los estilos de vida salvajes de los humanos. Quizás, de alguna manera, somos tan animales como un similio enjaulado en altamar.

#3. OTROS RELATOS DESTACABLES

Dentro de la antología, subrayo también "Preocupaciones de un padre de familia", donde aparece el monstruo Odradek, un afable ser animado que parece hecho de hilos. Está online en este link

Por su parte, "Ante la ley" (relato incorporado luego a la novela “El proceso”) funciona como una suerte de parábola. Un campesino espera ante la puerta de la Ley a que El Guardián lo deje pasar, pero esto no pasa nunca.

El último que me llamó la atención fue “Un fraticidio”; quizás el relato más oscuro. Es una de las historias más gráficas y violentamente descriptivas que leí de Kafka. Está inspirada (probablemente) en la historia de Caín y Abel y pueden leerlo acá. Schmar es el asesino y Wese la víctima. También aparece un personaje (Pallas) que resulta alarmante, incluso hasta incómodo. Es un observador pasivo que es testigo de todo el drama (y podría haberlo evitado) pero en su lugar elige no hacer nada.

Y con esto nos vamos. ¡Hasta la próxima!


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lunes, 10 de agosto de 2015

Grandes juegos de mesa (V): “5 técnicas para ganar con matemática”


Gran parte de mi infancia la viví jugando juegos de mesa (e incluso hoy forman una parte importante de mis reuniones sociales). Esta quinta entrada sobre “grande juegos de mesa” es, sin embargo, muy diferente a las anteriores donde hablé de un juego en particular (Clue, Jenga, Monopoly y TEG). Mencioné orígenes y curiosades, pero no estrategias. Y esa es una verdadera lástima, porque a todos realmente nos gusta ganar.

Por eso, en este post voy a comentar algunas tácticas básicas –basadas en la matemática– para ganar clásicos juegos (no necesariamente) de mesa de la vieja escuela. Arranquemos:

#5. “Piedra, papel o tijera”: siempre sacá papel.

Ok, no es un juego de mesa, pero vale la pena mencionar esta estrategia porque puede hacernos perder muchas menos apuestas de las que querríamos.

Los jugadores profesionales del afamado “Piedra, papel o tijera” (sí, existen) descubrieron que los humanos somos bastante predecibles en cuanto a juegos tan sencillos como éste. Por ejemplo, un principiante tiene una tendencia a elegir “piedra” por tratarse de un movimiento que parece más “cool” y, al mismo tiempo, es más sencillo. 

El instinto nos lleva a elegir “piedra” antes que cualquier otra cosa (por lo menos en la primera ronda). A su vez, las estadísticas muestran que los jugadores tienen menos predilección a sacar “tijeras” en cualquier ronda, así que uno mejora mucho sus chances de ganar (por lo menos las primeras rondas) sacando siempre “papel”.


Y un dato más: los más avanzados utilizan técnicas de “manipulación subliminal” para hacerte elegir una en particular (algo similar a lo que hacen los magos con las cartas). La estrategia consiste en recordarle al contricante las reglas del juego antes de que inicie la partida, asegurándose de mostrar repetidamente (y rápidamente) la elección que querés que el otro tome. Por ejemplo: cada vez que mencionás la palabra “piedra”, mostrás el movimiento. Mientras no seas demasiado obvio, el subconsciente del enemigo va a tomar la decisión por él.

Ahora que sabés esto –y como todo superpoder conlleva una importante responsabilidad– asegurate de no usarlo para el mal.

#4. “¿Quién es quién”: hacé uso de los algoritmos de búsquedas binarias.

Quienes recuerden este juego saben que hay que realizar preguntas de tipo sí/no para descubrir el personaje que eligió el oponente entre un elenco de 23 personas caucásicas y una señorita negra. Cuando éramos chicos, las preguntas más comunes eran: ¿es mujer? ¿tiene bigote? ¿tiene pelo rubio? ¿usa sombrero? ¿tiene cara de completo idiota? (aunque esta última hacía poco para limitar nuestra búsqueda).
  

"¡...nein nein nein!"

En realidad, la mejor táctica es realizar preguntas basadas en el alfabeto para reducir la mitad de las posibilidades. En computación es lo que se conoce como “algoritmo de búsqueda binaria”. Básicamente garantiza ganar siempre con unas 5 preguntas. La primera sería sí, por ejemplo, el nombre del personaje misterioso comienza con “L” o algunas de las letras anteriores del abecedario. Si la respuesta es sí, se pregunta si el nombre comienza con “F” o alguna de las letras anteriores, si la respuesta es “no”, implica que el nombre está entre las “G” y la “K”. Siempre preguntando por la mitad del conjunto podemos eliminar la otra mitad con facilidad.

Por supuesto, esto le quita la única magia al juego que esencialmente tenía.

#3. “Batalla Naval”: siempre apuntá al centro.

La premisa de la Batalla Naval es que no podés ver el tablero del oponente, ni la ubicación de los ingratos barquitos de plástico. Así que el objetivo consiste en cantar números al azar, cual Bingo de ancianos, pero con explosiones, y esperar tener suerte de tocar un pedazo de barco.

Ahora: estadístiscamente hablando, es más probable que golpeés un barco más cercano al centro del tablero que uno más alejado. ¿Cómo sabemos esto? Obviamente porque alguien se tomó el trabajo de simular millones de tableros de Batalla Naval y llegó a una conclusión interesante. Los barcos más largos no pueden ubicarse tanto en las afueras del tablero debido a su longitud. Por ejemplo, el más grande (que ocupa 5 cuadrados) solo tiene dos formas de posicionarse de tal forma que toque una de las esquinas, pero diez maneras diferentes de colocarse para que toque uno de los cuadrados del centro.

Entonces, la estrategia sería atacar al centro y de forma diagonal, como si búscaramos a un alfil en un tablero de Ajedrez. De esa forma (y ubicándonos nosotros lo más alejado del centro posible, por si el oponente conoce esta táctica) estamos mejorando muchísimo las chances de ganar.

#2. “Monopoly”: comprate todas las propiedades naranjas.

Ya hice un post sobre el Monopoly y sus curiosidades. Es uno de mis juegos de mesa favoritos y yo mismo había identificado esta “técnica” en su momento, solo que nunca me había puesto a pensar detenidamente el por qué.

Para el ojo sin entrenamiento, parecería que todas las casillas tienen igual probabilidad de que un jugador caiga. Sin embargo, no es difícil notar que la casilla de la cárcel es la más frecuente. Prácticamente todos los jugadores caen, por lo menos, 2 o 3 veces en la cárcel por juego. Esto es porque podés simplemente caer en la casilla de “Go directly to jail”, tirar dobles 3 veces o sacar una carta de Suerte o Arca Comunal que te mande derecho tras las rejas. Los matemáticos más nerds han encontrado, en efecto, que la cárcel es el lugar más frecuente para caer (…igual que en la vida real).


Y consideremos lo siguiente: cuando uno sale de la cárcel inevitablemente pasa por las propiedades naranjas (Nueva York, Tenesse y Plaza St. James), que además tienen el plus de no ser tan costosas (la mejor de su línea, y con 500$ ponés un hotel). Por otra parte, sacando dobles se sale de la cárcel antes (y si esos dobles son 3-3, caés en Plaza St. James) y  el número más frecuente al tirar dos dados es el 7 (que te haría caer en Tenesse). Sumemos a esto que el 6 y el 9 son también números muy frecuentes al tirar dos dados (lo que te haría caer en una propiedad naranja). Teniendo en cuenta todo esto, el resultado es obvio: las propiedades naranjas son una mina de oro escondida.

Esta táctica no te garantiza ganar el juego (el elemento de la suerte siempre está presente) pero sí mejora muchísimo tus posibilidades. La estrategia sería obtener las naranjas y poblarlas lo antes posible.

#1 “Pac-Man”: hay un escondite dentro del laberinto.

De nuevo: no es realmente un “juego de mesa”, pero sí un arcade de la vieja escuela. Y, además, este es mi blog, y hago lo que quiero.

Me sorprendió muchísimo este dato y hasta tuve la posibilidad de comprobarlo. 

Pac-Man se remonta a principios de los ´80 y fue el primer juego de laberintos verdaderamente exitoso. Generó la chispa del fenómeno pop-cultural de los video juegos y hasta fue el primero con una adaptación a dibujos animados.

Su premisa es sencilla (corretear por pasillos oscuros, tragando pastillas y escuchando música repetitiva) pero pocos hemos podido pasar del nivel 4 o 5. De hecho, los 256 niveles del juego fueron terminados por un fan casi dos decadas después de su lanzamiento original.

La dificultad del juego consiste en que los implacables fantasmitas nunca te dejan en paz. ¿Pero qué sucedería si supiéramos que hay un “punto ciego” en el laberinto donde los fantasmas no llegan? 

Varios videos en Youtube lo demuestran:

  
Lo cierto es que cuando llegás a ese punto ciego, los fantasmas comienzan a girar de forma circular sin tocarte. Esto sucede porque ellos no están realmente programados para seguirte. En realidad, siguen ciertos patrones. Solo el fantasma rojo (Blinky) está programado para cazarte. El azul y el rosado se ubican en una pocisión relativa a Pac-Man y el naranja se mueve aleatoriamente.

Los jugadores avanzados han podido usar este “bug” para crear una serie de patrones de movimiento para Pac-Man. A partir del nivel 20, los laberintos comienzan a repetirse, por lo que hay quienes han logrado terminar el juevo repitiendo estos movimientos de Pac-Man basados en el punto ciego del mapa… durante 6 horas.

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miércoles, 5 de agosto de 2015

“Dr. Strangelove” y el extraño amor hacia la guerra

En 1964, con la Crisis de Misiles en Cuba fresca en la mente de los estadounidenses, la Guerra Fría en su punto más frío, y el miedo hacia la reciente creación de la bomba de hidrógeno, Stanley Kubrick se animó a hacer una película sobre lo que sucedería si la persona equivocada oprimiera el botón equivocado… y –contrariamente a lo que uno podría pensar– jugó con la situación con muchísimo humor.

Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” (traducida en latinoamérica como “Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”) no solo es uno de los títulos más extraños para una película, sino que además representa el ejemplo más interesante de comedia negra que alguna vez existió en la historia del cine.

Dr. Strangelove (me niego a escribir el título entero) es una sátira fantástica sobre la política en la época de la Guerra Fría y una de las entradas más peculiares en la filmografía de Kubrick, un tipo que siempre se destacó por producciones recargadas de simbología y por transgredir la barrera de lo socialmente permitido. ¿Por qué es considerada una de las cintas más influyentes de la historia? ¿Cuál es su verdadera importancia? ¿De qué habla realmente la película? Todo eso y más en este post.

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#SpoilerAlert: se revelan detalles fundamentales de la trama. Si no viste la película todavía, hacelo… y después volvete para acá, claro.

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Hoy se encuentra en el #50 del Top 250 de IMDb.com, tuvo 4 nominaciones a los Oscar (incluyendo mejor película, director, guión y actor) y ganó un total de 15 premios alrededor del mundo. 

Nada mal para una cinta que es, esencialmente, una comedia.

A principios de los años 60, Kubrick se interesó en hacer un thriller sobre un posible desastre nuclear. Buscando ideas se encontró con una novela dramática de Peter George (“Red alert”) que indagaba en la facilidad con la que podría desatarse una guerra nuclear como resultado de un malentendido o una mala comunicación. 

El director compró los derechos y se dispuso a adaptar el guión.

Entonces algo inusual ocurrió: Kubrick se dio cuenta que el material con el que estaba trabajando, aunque estuviera basado en una realidad absolutamente plausible, era cómico en su esencia. Había demasiadas situaciones absurdas o paradójicas como para tratarse de un thriller serio y dramático. Así que tomó la arriesgada decisión de convertir la historia en una sátira oscura.

¿De qué trata la película? Un día como cualquier otro, el oficial de la Fuerza Aérea Jack D. Ripper (Sterling Hayden) se vuelve completamente loco y ordena atacar sorpresivamente a Rusia con bombas de hidrógeno, suponiendo que eso dará fin a la Guerra Fría. Cierra todas las comunicaciones, confisca las radios y comanda a sus tropas a disparar a cualquiera que intente ingresar a la base (sea estadounidense o no). Ni siquiera su segundo oficial en mando, el capitan Mandrake (Peter Sellers) puede hacerlo cambiar de parecer. En Washington, el actual presidente de los Estados Unidos (otra vez Peter Sellers) se reúne con su gente en la Sala de Guerra para buscar medidas que eviten el desastre. Es aconsejado por un peculiar científico nazi en una silla de ruedas –el Dr. Strangelove, también personificado por Peter Sellers– quien le confirma que el ataque a Rusia va a detonar una Máquina del Fin del Mundo, programada para activarse ante un ataque a los comunistas.


Dr. Strangelove es indudablemente una cinta anti-guerra, pero su naturaleza cómica la hizo más sabrosa para la audiencia que un drama. Fue un éxito de taquilla sin precedentes y hasta se convirtió en tapa de la revista Times ese mismo año. Llegó en un momento justo en el que las ansiedades respecto a la Guerra Fría eran gigantes (sin mencionar la Guerra de Vietman, que se encontraba en marcha) y abrió las puertas para que otras películas trataran los mismos miedos.

Ahora: ¿de qué habla realmente la película? La temática central es que la guerra es un sustituto del sexo, y que los hombres están preocupados (mucho) por ambos. La idea de almacenar un arsenal “más grande” que el del enemigo –incluso cuando ambos, Rusia y EEUU, ya tenían suficiente para destruir al mundo– es rídicula, pero es exactamente lo que sucedía durante la Guerra Fría. Dr. Strangelove expone esta tontería, con hombres entrando en luchas de poder estúpidas mientras el destino de la Tierra pende de un hilo.

La conexión entre el sexo y la guerra se establece inmediatamente. Es cierto que la gran mayoría de las producciones esconden, de una forma u otra, referencias sexuales (y si no me creen, vean “End of Evangelion”). No nos es difícil, debido a nuestra fascinanción por el sexo, ver mensajes sexuales ocultos y símbolos fálicos hasta en películas de Disney (especialmente en películas de Disney). Kubrick también se encargó de sobrecargar la película con imágenes muy sugerentes.

Por ejemplo, la primera escena muestra a un bombardero siendo rellenado de combustible, como dos criaturas mecánicas haciéndolo en el aire (y acompañadas por una sugerente canción de amor de fondo). 

El general Jack D. Ripper (genial personaje) obtuvo su nombre del famoso asesino serial, célebre por asesinar prostitutas y mutilar sus órganos sexuales. Él parece querer compesar “algo” con sus largos habanos y su extensa ametralladora automática. Su impotencia se hace evidente particularmente cuando le comenta a Mandrake que, aunque se sigue acostando con mujeres, se niega a “entregarles su esencia”.

De hecho, todos los nombres tienen sugestivas connotaciones sexuales. “Mandrake” es una planta afrodisíaca, “Merkin” es una peluca púbica y el embajador ruso Alexi de Sadesky apunta rápidamente al Marqués de Sade. ¡Y no nos olvidemos de las múltiples interpretaciones que puede tener el nombre Strangelove!

Por su parte, el Final del Mundo como lo Conocemos (cuando la bomba de hidrógeno finalmente se suelta sobre Rusia) comienza con un hombre gimiendo de emoción y montando una bomba de carácter fálico directamente hacia un lugar llamado “Laputa”. Eso dispara una serie de climáticas explosiones. La escena final es, seguramente, una de las formas más cool de morir y se convirtió en la escena más memorable (y parodiada) de toda la película.


Dentro de todo este concurso de masculinidad, tampoco es accidental que solo se vea un único personaje femenino, en una sola escena, y mostrando muy poca ropa. Es muy divertido ver la película una segunda vez sabiendo que prácticamente todas las escenas hacen referencia al sexo. Le agrega una capa de comicidad adicional. Kubrick era conocido por ser meticulosamente perfeccionista con cada escena y controlar cada aspecto de su película, así que nada de esto es producto de una casualidad.

Tampoco es casual que la Sala de Guerra se asemeje a una mesa de poker, implicando que los líderes de EEUU están apostando a la raza humana en un juego insulso.

Ver la película hoy, más de 50 años después, es una experiencia absolutamente maravillosa. El primer motivo es porque, a pesar de tener efectos especiales impresentables para los standards que hoy manejamos y estar filmada en blanco y negro, Dr. Strangelove es genuinamente divertida. La sátira sigue funcionando en la actualidad porque la temática nunca dejó de ser contemporánea y controversial. Kubrick estuvo tan adelantado en su tiempo que creó una obra atemporal que sigue siendo disfrutable decádas más tarde.

Curiosamente, el Dr Strangelove –que forma parte del título– es apenas un personaje secundón. Strangelove pasa el poco tiempo que tiene en escena actuando como un villano de caricatura, pero nunca hace nada realmente maligno. No participa activamente en los eventos de la trama, aparece muy poquito tiempo y hasta parece estar “fuera de lugar”. Incluso, el motivo de su presencia en la película ha sido muy debatido porque varios no llegan a comprender, dicho liso y llanamente, para qué carajo está.

Sin embargo, en mi opinión su participación es esencial para enfatizar el leitmotiv de la obra.

El Síndrome de la Mano Extraña es un trastorno neurológico real y rarísimo que se caracteriza por la presencia de movimientos involuntarios (e incontrolables) en por lo menos uno de los miembros superiores. A su vez, esto genera una sensación de “extrañeza” en relación a uno mismo, como si ese miembro tuviera vida propia o fuera alienígena. Fue descrito en 1908 por –oh, casualidad– un médico alemán (Kurt Goldstein).

En la película, la mano Dr. Strangelove, en una escena, parece cobrar vida propia y comenzar a hacer “algo” en su falda que la cámara no llega a captar. El personaje fue tan influyente en la condición del Síndrome de la Mano Extraña que se hizo también conocido como el “Síndrome del Dr. Strangelove”.

El tipo, quien parece ser una burla de un científico nazi llamado Wernher von Braun, es otro componente más de la sátira que presenta Kubrick y representa el extraño amor que siente el hombre por la guerra. El Dr. Strangelove parece fascinado por los eventos que están ocurrido y la excitación es la que lleva a que su mano cobre vida para toquetear su miembro. En el personaje de Strangelove se encuentra contenido ese delicado equilibrio entre la búsqueda de la paz y la necesidad de pelear, como si hubiera un agente extraño en nosotros, instintivo, animal, que nos incita a buscar lo salvaje, la destrucción.

Aunque la película no lo pone en evidencia, Strangelove pasa de preocuparse por la situación y el futuro de la humanidad –en un primer momento– a relajarse y comenzar a amar lo que va a seguir: la posibilidad de crear un nuevo mundo, quizás más perfecto, quizás hasta más ario, de repoblar la Tierra y, por supuesto, las chances de que ese nuevo mundo traiga nuevas oportunidades para su propia destrucción.


 "Gentlemen, you can't fight in here! This is the War Room!"
— President Merkin Muffley.


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