miércoles, 26 de noviembre de 2014

Las aventuras de Tom Sawyer: nostalgia y juventud

¿Quién no ha escuchado –aunque sea de nombre– sobre “Las aventuras de Tom Sawyer”? 

Se trata de una novela norteamericana clásica de Mark Twain (Samuel Clemens), publicada en 1876. Considerada una obra maestra de la literatura juvenil, relata las andanzas del joven Tom y sus amigos, mientras crecen en el pequeño pueblo de San Petersburgo (Missouri). Bajo las restricciones de sus mayores, realizan escapadas para vivir historias fantásticas llenas de peligros reales.

Esta novela slice-of-life cuenta con 35 episodios de relativa autonomía y fue la precursora de la críticamente aclamada “Las aventuras de Huckleberry Finn”, calificada universalmente como la obra maestra de Mark Twain. (Pero esta continuación la dejo para otro post.) Hoy quiero desmenuzar un poquito las Aventuras de Tom Sawyer.

Las aventuras de Tom Sawyer” es de dominio público, así que pueden encontrarlo fácilmente de forma virtual en Internet.

El género “coming-of-age” en Tom Sawyer

El mismo autor comenta en su prefacio que casi todas las aventuras que se relatan en el libro ocurrieron realmente. Huck Finn, por ejemplo, fue tomado de la vida real. Tom Sawyer, por otro lado, es la combinación de tres amigos de su infancia. Esta técnica es la que se conoce como “orden compuesto” en la jerga de la arquitectura, y yo también la usé para crear a los personajes de mi primera novela (“Un verano para recordar”), que forma parte del mismo género.

El propósito de Twain fue contar historias que pudieran entretener a los niños, aunque terminó realizando un estudio social de su época. Sin embargo, lo mejor que tiene la novela es la representación nostálgica de vivencias que –en mayor o menor medida– hemos tenido todos de niños. Aunque hayan pasado 138 años desde su publicación, las aventuras de los protagonistas siguen manteniendo su frescura: jugar a ser piratas o detectives, enamorarse, perderse, pelearse, enojarse, mentir… La inocencia y alegría de estos muchachos que tienen toda la vida por delante está a flor de piel.

Pero no todo es color de oro para Tom. Él se enfrenta a peligros reales (como perderse en una cueva o enfrentarse al matón Joe, el Indio) que lo ayudan a madurar. Ese “pasaje de la niñez a la adultez” (que representa al género) no está tan plagado de drama como en “El guardián entre el centeno” (que comente en este post) pero sí está muy presente. En esencia, es una aventura en busca de la identidad y el crecimiento personal, una novela de aprendizaje al estilo bildungsroman (como se la conoce en Alemania).

La mirada de un niño es también una parte fundamental de la obra. Todo sucede a través de los ojos de Tom: las apariencias, las máscaras que utilizan las personas mayores, los ritos y costumbres. Muchas veces el autor se muestra cómplice del protagonista, omitiendo escenas que el mismo Tom prefiere no mencionar.

También hay un juego constante entre distintos tipos de literatura: fantasía, misterio, policial, aventura (búsqueda de tesoros), terror, etc… y su humor picaresco siempre nos lleva a recordar que esta es la historia desde la percepción de un niño.

En este sentido, la temática me recordó mucho a las películas “Mud” (mi crítica acá) y “Kings of Summer” (mi crítica acá), ya que ambas tienen como protagonistas a niños viviendo a la orilla del río, que tienen todo tipo de aventuras. “Mud” es excelente, y mucho más adulta. “Kings of summer” tiene un tono más infantil y me hizo recordar muchísimo a la novela de Mark Twain (en ambas los protagonistas escapan de la casa para vivir alejados del mundo de los adultos, por ejemplo).

Entre paréntesis, los que disfruten de este género pueden ver la ambiciosa “Boyhood” (acá mi review), que es un experimento cinéfilo sin precedentes. Y, como siempre digo, recomiendo ampliamente “The Way Way Back” (que es excelente), la inmortal “Stand by me” (basada en un cuento de Stephen King) y “Perks of being a Wallflower”; todas interesantes y pertenecientes al género.

Mucho más que aventuras

Mark Twain convirtió el pequeño pueblo de Saint Petersburg, donde la obra se desarrolla, en una visión en miniatura de Estados Unidos, un microcosmos. En ese sentido, es un atractivo estudio realista de la época. Esto también le trajo ciertas controversias en su momento.

El autor, a través de la mirada de Tom, hace un análisis de la clase media a la que perteneció y a sus instituciones básicas: la familia, la iglesia, la justicia, la policía, la comunidad… destaca las virtudes y defectos, los aciertos y fallos. Por este motivo, “Las aventuras de Tom Sawyer” también entra dentro del género de sátira.

Por otra parte, me gusta pensar que la historia puede leerse en capas. La capa más superficial es la aventura infantil de los protagonistas, pero más en profundidad se detectan temáticas adultas como una observación sobre la moral, la hipocresía de la sociedad, la libertad a través de la exclusión social y la superstición.

A su vez, hay una serie de elementos simbólicos que se ponen en juego en la novela. El más claro es el de la cueva, que representa el último gran obstáculo que Tom tiene que superar antes de graduarse hacia la madurez. Las historias coming-of-age suelen involucrar pruebas, peligros o desafíos que el protagonista, aislado del resto de la sociedad, debe afrontar. No es casual que la cueva sea el lugar donde todo confluye: su capacidad de supervivencia, su enemistad con el indio Joe y su amor por Becky.

Otro símbolo importante es la historia es el tesoro, un indicador que marca el fin de la travesía de los chicos y, en particular para Huck Finn, su movimiento hacia una sociedad civilizada. A su vez, es una representación evidente del heroísmo de ellos, convirtiéndose en personas excepcionales en un mundo donde todos simplemente se conforman con lo que tienen.

Tom y Huck como personajes principales

Tom Sawyer es un personaje pluridimensional e interesantísimo. Inquieto, pero de gran corazón. Su inteligencia queda declarada desde los primeros capítulos, donde logra que todos los niños vecinos pintan la cerca felizmente por él. Cuando la novela arranca, es un chico travieso que envidia la libertad de Huck Finn (el hijo del ebrio del pueblo, que duerme en un barril y no tiene que ir a la escuela). Sin embargo, a medida que la historia avanza debe tomar decisiones responsables: brindar un testimonio clave en un juicio, salvar a su enamorada de un castigo o navegar por una cueva para salvar su vida. Al final, Tom comprende la importancia de la educación, de las reglas, de los adultos, y le aconseja a su amigo Huck aceptar la pérdida de libertad por una mejor calidad de vida.


Huck Finn, por su parte, no tiene modos de vida ejemplares para “los grandes” pero sí es querido entre los más chicos. Sobre el final, luego de encontrar el tesoro, su vida cambia por completo cuando lo adopta la viuda Douglas. Lo obligan a vestirse y alimentarse bien, a ir a la escuela y aprender modales. Tiene que comer con cuchillo y tener, ir a misa, hablar apropiadamente y lavarse los dientes. Hay bastante para estudiar de estos dos personajes, pero llevaría un análisis mucho más detallado.

Las censuras de Tom Sawyer

Algunos han interpretado esta obra de Twain como una crítica social al Sur de EEUU antes de la guerra.  Pero, por sobre todo, la autenticidad de la lengua y el tratamiento que el autor le dio a sus textos hicieron que sea considerado “racista”. 

La versión original cuenta con el uso repetido del políticamente incorrecto término "negro" (nigger) y el adjetivo de "injun" (indio) para el villano. Estas críticas llevaron a las prohibiciones posteriores de sus libros más famosos.

En las ediciones escolares, tanto "Las aventuras de Tom Sawyer" como su secuela (aún más controversial) "Las aventuras de Huckleberry Finn" están corregidas. La palabra "nigger" fue sustituida por "esclavo" y la palabra "injun" por "indio".

La cronología de Tom Sawyer

Un apartado de color. Para los que estén interesados en leer todas las historias de Tom en el orden correcto de lectura, sería el siguiente:

1. The adventures of Tom Sawyer ("Las aventuras de Tom Sawyer")
2. Adventures of Huckleberry Finn ("Las aventuras de Huckleberry Finn"): la historia se desarrolla inmediatamente después de "Las aventuras de Tom Sawyer".

Como última curiosidad, en la película "La liga de los hombres extraordinarios" (adaptación de novela gráfica de Alan Moore), aparece el personaje de Tom Sawyer como un agente del servicio secreto americano a las órdenes de Roosevelt.

Palabras finales

Como novela infantil, Las aventuras de Tom Sawyer es llevadera y amena, aunque no alcanza el nivel de complejidad (por lo menos en cuanto al perfil psicológico) de grandes historias coming-of-age como “El guardián entre el centeno”. Es una lectura más bien orientada a un público juvenil de 11 a 16 años, divertida y con mucha aventura. Leerla como adulto me permitió ver algunas cuestiones bajo otra perspectiva. Ya he hablado de literatura juvenil en el blog, y quizás hay otras propuestas más interesantes. Pero no me arrepiento de haberle dado una miradita a este clásico.


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=>> Otras notas sobre LITERATURA JUVENIL en el BLOG: “La feria de las tinieblas” (de Ray Bradbury), “El guardián entre el centeno” (de J.D. Salinger), “Un verano para recordar” (mi novela, publicada en 2013), “El principito” (de Antoine de Saint-Exupéry) y “Un cuento de Navidad” (de Charles Dickens).

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martes, 18 de noviembre de 2014

“Aprendan geometría” y otros cuentos de Fredric Brown


Hace poco escribí un microrrelato (“El horno”, que pueden leer acá) y uno de mis lectores detectó que la temática era muy similar a un cuento del genial Fredric Brown

Resultó ser cierto. 

Aunque son relatos breves muy diferentes, la esencia de la historia es la misma. La coincidencia me llamó la atención y me llevó a recordar a este autor que me ha hecho delirar muchísimas veces con sus historias de suspenso y narraciones cortas.

Naturally”, el cuento de Brown que es casi hermano del mío, ha sido traducido de formas muy variadas: “Cero en geometría”, “Aprendan geometría” o simplemente “Geometría” (nombre que le dio Guillermo del Toro cuando lo convirtió en un corto). En este cuento, el desconocimiento de la geometría básica tiene consecuencias funestas para un joven aprendiz de magia negra.

Les comparto “Aprendan geometría” para que puedan disfrutarlo (no tiene desperdicio):

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“Aprendan geometría”

Henry miró el reloj, a las dos de la mañana cerró el libro desesperado.
 Seguramente lo suspenderían al día siguiente. Cuanto más estudiaba geometría, menos la comprendía. Había fracasado ya dos veces. Con seguridad lo echarían de la Universidad. Sólo un milagro podía salvarlo. Se enderezó.
 ¿Un milagro? ¿Por qué no? Siempre se había interesado por la magia. Tenía libros. Había encontrado instrucciones muy sencillas para llamar a los demonios y someterlos a su voluntad. Nunca había probado. Y aquel era el momento o nunca. Tomó de la estantería su mejor obra de magia negra. Era sencillo. Algunas fórmulas. Ponerse a cubierto en un pentágono. Llega el demonio, no puede hacernos nada y se obtiene lo que se desea. ¡El triunfo es nuestro!
Despejó el piso retirando los muebles contra las paredes. Luego dibujó en el suelo, con tiza, el pentágono protector. Por fin pronunció los encantamientos.
El demonio era verdaderamente horrible, pero Henry se armó de coraje.
— Siempre he sido un inútil en geometría —comenzó.
— ¡A quién se lo dices! —replicó el demonio, riendo burlonamente. 
Y cruzó (para devorarse a Henry) las líneas del hexágono que aquel idiota había dibujado en vez del pentágono. 

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Fredric Brown (1906-1972) es considerado uno de los más perspicaces escritores americanos de misterio, y un maestro del relato corto. Participó escribiendo guiones para la serie de televisión de Alfred Hitchcock y algunos de sus relatos fueron convertidos en episodios de la serie Star Trek.

Aparentemente, era tan apasionado que si lo molestaban mientras estaba escribiendo, perdía el hilo de la idea y explotaba de bronca. Por ese motivo, utilizaba una gorra roja cuando su mujer no debía ni siquiera inquietarlo.

Brown perteneció al entorno de lo que se conoció en EEUU como  “autores pulp”, es decir, literatura popular y barata, hecha con papel de mala calidad y que proliferó entre las guerras, en medio de la crisis económica. Eran escritores mercenarios que cobraban un par de centavos por palabras.

De todos ellos, se suele afirmar que Fredric Brown fue siempre el más divertido, el más imprevisible, el más extravagante, el más absurdo y el más ingenioso. Se dice que era capaz de hacer una historia a partir de cualquier cosa; su imaginación prodigiosa transformaba hechos cotidianos en extraños argumentos.

Uno de sus relatos hiperbreves más conocidos, y que siempre se cita, es “El último hombre”:


El último hombre sobre la tierra entró a su cabaña y se sentó en el sillón.
Tocaron a la puerta”.


Sus relatos siembre cuentan con una gran dosis de humor y finales sorprendentes. Ha generado un culto importante de seguidores que continúan publicando sus cuentos y creando nuevas adaptaciones a partir de sus historias. En español también hay páginas enteras que le rinden homenaje.

Para que puedan conocer un poquito sobre su obra, armé un compilado con algunas de sus mejores historias cortas. Hay otras que son geniales pero no las pude encontrar por internet en castellano.

En esta antología incluí algunos relatos de su saga “Pesadillas” (historias oníricas que tienen a algún color como protagonista) y una saga que me encanta, la de “Grandes experimentos perdidos del siglo XX” (son tres partes). También van a poder encontrar excelentes relatos cortos y, de postre, su cuento ““EL ASESINATO EN 10 SENCILLAS LECCIONES” (de mis favoritos).

Descargar “Aprendan geometría y otros cuentos” (de Fredric Brown) en formato PDF: http://goo.gl/qrnJoU

En el blog, en una oportunidad comenté “Gritos en silencio”, un cuento de misterio que se encuentra entre mis grandes preferidos y cuyo autor es, nada más y nada menos que, Fredric Brown. Les recomiendo darse una vuelta por ese post también. ¡Hasta la próxima!


DE YAPA: “El final”, un relato híper breve e ingenioso sobre lo que se produce cuando se acciona una máquina del tiempo:

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“El final”

El profesor Jones había trabajado en la teoría del tiempo a lo largo de muchos años. 
— Y he encontrado la ecuación clave —dijo un buen día a su hija—. El tiempo es un campo. La máquina que he fabricado puede manipular, e incluso invertir, dicho campo.
 Apretando un botón mientras hablaba, dijo:
— Esto hará retroceder el tiempo el retroceder hará esto— dijo, hablaba mientras botón un apretando. 
— Campo dicho, invertir incluso e, manipular puede fabricado he que máquina la. Campo un es tiempo el. —Hija su a día buen un dijo—. Clave ecuación la encontrado he y.
Años muchos de largo lo a tiempo del teoría la en trabajado había Jones profesor el. 

FINAL EL.

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=>> Otras notas sobre grandes cuentitas en el BLOG: “Jack London: salvaje y misterioso”, “No tengo boca y debo gritar” (de Harlan Ellison), “Gritos en el silencio” (de Fredric Brown) y “El misterio del cuarto amarillo” (de Gastón Leroux)

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viernes, 14 de noviembre de 2014

“Tremors” y los guiones cinematográficos


Tremors es una de mis películas-que-nadie-conoce preferidas, y una de las mejores cosas que pueden pasarle al subgénero de “terror con animales” que popularizó “Jaws” en 1975. En clave de comedia, aunque con excelentes escenas de suspenso, tenemos a un genial Kevin Bacon y otros pocos pueblerinos que se ven acosados por… gusanos gigantes… que tienen otros gusanos en la boca… y que son inteligentes como para aprender con la experiencia… Sip. Así de bizarra.

Hace un tiempo que me preguntaba por qué me parecía tan buena, hasta que finalmente entendí que es una de las mejores películas escritas de Hollywood.  O, por lo menos, uno de los mejores ejemplos de guión americano que vi hasta ahora. No tiene escenas desperdiciadas, ya que cada una es utilizada para hacer avanzar la trama o desarrollar eficientemente a los personajes principales. Además, todo lo que se plantea tiene su recompensa (lo que se conoce como plant-and-payoff y brick jokes, cuestiones que se plantan en un primer momento y tienen su resolución mucho después, casi al final, cuando el espectador ya las ha olvidado), el diálogo es picado y eficaz y los personajes están bien definidos. Pero por sobre todo: no hay agujeros en la historia (bueno, en realidad… literalmente hay muchos agujeros). Me refiero a que los personajes hacen cosas coherentes con sus personalidades, y no se ven acciones estúpidas o ilógicas. 

Trailer de “Tremors” (1990):



Lo que hace que Tremors sea maravillosa, primero que nada, es la química entre los personajes. Todos actúan con carisma y reflejan cómo se comportaría uno ante esta situación imposible. El dúo Kevin Bacon – Fred Ward es especialmente divertido y presentan escenas con mucha comicidad.

En esencia, está muy bien equilibrado el suspenso (terror) con la comedia. Generalmente, este tipo de películas se basan en personajes estúpidos haciendo cosas tontas (y muriendo de forma tonta, también), pero este no es el caso. También es emocionante ver que las criaturas son sabias y asimilan con la experiencia. Cuando una muere, el resto aprende a no cometer los mismos errores. No he visto este tipo de genialidad en otros monstruos.

Mi crítica cinéfila de Tremors la pueden leer completa acá.


Pero de lo que quiero hablar es de su guión, que es un gran ejemplar de la escritura norteamericana porque la narrativa, aunque lineal, es de propulsión, de causa y efecto. Los eventos suceden por una serie de elecciones y de personajes individuales reaccionando ante las circunstancias.  Por otra parte, se puede apreciar perfectamente la estructura de los 3 actos (con sus puntos de giro) y la “narración objetiva” (porque la audiencia conoce más que los personajes y puede ver todo simultáneamente).

Lo (poco) que sé de guión cinematográfico (escribí algunos cortos en mi vida) lo aprendí de Syd Field, un groso conocido por ser el gran guionista de Hollywood

Hasta su fallecimiento el año pasado, Field publicó una inmensa cantidad de literatura sobre cómo producir guiones de cine efectivos. En sus escritos se destaca su facilidad para explicar y tiende a crear paradigmas teóricos que pueden ser utilizados por cualquier aprendiz.

Un ejemplo es su famosa paradigmo de estructura dramática en 3 actos: el proponía dividir la historia en tres partes (establecimiento de la acción, confrontación y resolución) con marcas de tiempo muy específicas.

En su libro “El manual del guionista” (1995), lo último que leí de él, brinda ejercicios e instrucciones para escribir un buen guión, paso a paso. Comienza explicando su paradigma en teoría, siempre basándose en buenos ejemplos, y luego pasa a brindarnos una invaluable guía sobre el arte de hacer guiones. Si les interesa el tema, y tienen oportunidad de leerlo, háganlo porque no tiene desperdicio.


► PARA BAJAREl manual del guionista” (Syd Field, 1995) en español y en PDF: http://goo.gl/GMh9wh

“Writing should be an adventure,
shrouded in mystery and uncertainty,
blessed with amazing grace. In theory, of course”

(Syd Field, The Screenwriter’s Workbook)

¡Hasta la próxima, y no se olviden de agendarse “Tremors”!

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lunes, 10 de noviembre de 2014

Humor y literatura


El humor es más viejo que la imprenta, que el feudalismo y que el Antiguo Testamento. Es tan viejo como el mundo mismo. Los seres humanos aprendemos a reír antes que a hablar. Y es, ciertamente, un tema fascinante. ¿Qué hace que mi amigo se ría de algo de lo que yo no me río?

Es una manifestación muy local y difícilmente transferible.

No todos los grupos reaccionan igual ante un mismo estímulo. Pero cuando una expresión de humor está en línea con nuestra propia cultura, atraviesa el tiempo y la distancia.

No es sorpresa decir que el humor es el género literario más popular. Además del porno, en Internet se busca humor en todos sus formatos: videos, textos, chistes, diálogos, imágenes, memes. Y, como todo género, tiene intenciones claras y depende exclusivamente de que el texto produzca sobre el lector el efecto cómico buscado.

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Construir un texto cínico, irreverente, sarcástico, irónico, satírico, o burlesco no es cosa fácil. Mucho menos lo es improvisar. De hecho, varios han estudiado técnicas y procedimientos literarios para generar el humor.

En un muy interesante texto crítico de 2010, Ulpiano Lada y Álvaro Arias estudian las conexiones entre el Humor y la Literatura, compilando varias obras críticas hispanoamericanas. 

Me encantó la obra porque se lee de forma amena y los autores son muy didácticos al presentar la información. Se estudia el humor en textos de Juan Rulfo, de Cortázar y de muchos otros.

Se los comparto en formato PDF para que puedan descargarlo si les interesa.

Descargar “Literatura y humor, estudios críticos” en formato PDF: http://goo.gl/YtDbPf

En Inglaterra fueron grandes autores quienes cultivaron humor en la literatura: Charles Dickens, Oscar Wilde, Robert Louis Stevenson, y Gilbert Chesterton, por mencionar algunos.

En Francia se destacó Gustave Flaubert y en Argentina tenemos a todo un batallón entre los que se distinguen Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Julio Cortázar. (¡Y ni hablar de Les Luthiers, que pronto tendrá su post!)

La potencia intelectual de un hombre se mide
por la dosis de humor que es capaz de utilizar.” 
(Friedrich Nietzsche)

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=>> Otras notas humorísticas en el BLOG: “La oscura ascendencia de la novela” (una E-TRUE Hollywood Story); “Liniers, lo maravilloso de lo simple”; “Los Simpson en la cultura contemporánea”; “El último cuento” (microrrelato) e “Instrucciones para aconsejar a través de frases”.

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martes, 4 de noviembre de 2014

“Gemini Rue” y la narrativa en las aventuras gráficas


Hace tiempo ya que los videojuegos son otra forma de contar historias, con la gran particularidad de que el receptor tiene la posibilidad de tomar decisiones que afectan al destino del protagonista (algo así como en los de “Elige tu propia aventura”).

Pero mientras que puede decirse que los primeros tenían una narrativa emergente (“Pong” era una suerte de partido de tenis de la vida real, por ejemplo), hoy el desarrollo tecnológico nos permite contar con narrativas más complejas y embebidas. Un argumento completo, con sus puntos de giro, desarrollo de personajes y conflictos que se van desenredando según progresamos en el juego.

A diferencia de otros campos (como el cine o la literatura) en los videojuegos la trama, la ambientación y los personajes tienen que enganchar al jugador, pero además se debe transmitir la diversión. La clave está en esta delicada combinación entre narrativa y jugabilidad, y éste es el tema de esta nota.

Gemini Rue” (2011) es una de las mejores experiencias en materia de ciencia ficción que tuve en los últimos años. Y no me refiero solo a videojuegos. 

Los que me siguen en el blog conocen mi afinidad por este género. Pero en lo posible intento evitar lo trillado, lo conocido. La ciencia ficción hoy se preocupa por mostrar aliens y grandes naves espaciales, rayos láser o conspiraciones galácticas. Casi todas son obras cyberpunk o novelescas que han robado, en una buena medida, de Star Trek, Star Wars y los escritos de los grandes maestros del género: Ray Bradbudy, Isaac Asimov y Phillip Dick.

Página oficial de “Gemini Rue”: http://www.wadjeteyegames.com/games/gemini-rue/

Por eso me encantó “Coherence” (2013), una obra maestra de la ciencia ficción independiente que trabaja temáticas menos convencionales (acá pueden encontrar mi crítica completa).

Y también por eso me encantó Gemini Rue –en esencia, una aventura gráfica– cuando lo jugué hace un par de años. La substancia de la ciencia ficción, con su tecnología asombrosa y sus premisas fantásticas, es que nos haga cuestionar la realidad, la vida, el universo, todo. 

Debe ser un medio para la introspección, para pensar en la existencia humana.

Publicado por Wadjet Eye Gamesen en 2011, Gemini Rue es una aventura del tipo point and click que brilla en la composición de la historia. Una sociedad distópica es el hogar de dos personajes: Azriel Odin, un antiguo sicario convertido en detective que busca las pistas de su hermano desaparecido, y Delta-Six, un preso condenado en la nave-prisión Center 7, donde se lleva a criminales para someterlos a un radical proceso de reeducación, que pasa por borrarles todos los recuerdos de sus vidas pasadas.

Trailer oficial de “Gemini Rue”: http://youtu.be/foZp9ToBewA



Ambas historias corren paralelas y guardan grandes sorpresas. Incluso las voces son muy convincentes y dan en la tecla con la personalidad de cada uno. (Azriel, por ejemplo, tiene una voz profunda, tosca.)

De alguna manera, el género de aventura es uno de ellos donde la narrativa cobra vital importancia. Y joyas como Monkey Island o Day of the Tentacle nos han sabido mostrar que la calidad del argumento debe estar por encima del diseño, los puzzles y la jugabilidad para que el videojuego no sea un aburrimiento total.

Sí tengo que admitir que los fans del género van a encontrarlo muy ligero en cuanto a puzzles, quizás hasta un poco decepcionados (es muy fácil en general) pero gana puntos en originalidad por presentar situaciones donde los protagonistas pueden morir, acción y tiroteos (algo raro en este tipo de juegos) y un atractivo diseño retro.

Me encanta la amalgama entre policial negro y ciencia ficción que logra Gemini Rue. La historia, además, es una de las mejores que vi en toda mi vida, con una trama insuperable llena de misterios, traiciones, mafia, conspiraciones y algo de filosofía existencialista. Muchas de las temáticas sobre la identidad, la memoria y lo que significa ser humano —que posee  “Blade Runner”, una clara inspiración— están presentes en este juego.

Quienes se animen a jugarlo (en serio: es muy sencillo y toma un par de horas para finalizarlo) van a quedar cautivados con el argumento. Los más detallistas quizás también noten una serie de Easter Eggs (como todos los personajes de Cowboy Bebop que están escondidos dentro del juego).

Es un videojuego que presta especial atención al detalle, y ojalá los cineastas aprendieran la importancia de escribir guiones de esta calidad. Técnicas como el anacronismo, el foreshadowing o el hipertexto son evidentes. Pero por detrás también tenemos un significado especial que se le da a los nombres y a los lugares. En la mitología nórdica, por ejemplo, Azriel es el ángel de la muerte, y Odin el mayor Dios de los escandinavos, que tuvo la particularidad de cambiar de nombre (y de identidad) muchas veces.

Los giros de guión, sus tiempos y el ritmo general de la narración me llevó, inevitablemente, a pensar en las formas cinematográficas. Pero esta es una manera diferente de vivenciar una historia. Me quedo con la sensación de que ofrece un equilibrio perfecto entre entretenimiento y vocación narrativa; o lo que es lo mismo, un equilibrio perfecto entre los dos puntos fundamentales del género.

En Internet se pueden leer varias discusiones sobre su trama, pero mi consejo es que la experimenten ustedes. “Gemini Rue” me pareció una gran bocanada de aire fresco, un juego inteligente y emotivo que, además, se hace tiempo para dejar caer una reflexión interesante sobre la identidad y la memoria, dos de los temas centrales del argumento.

En definitiva, se trata de una pequeña e imprescindible joya que se convirtió, rápidamente, en una de mis grandes aventuras gráficas favoritas. Respeta los lugares comunes del género pero nunca traiciona su naturaleza. Y por sobre todo, demuestra el camino correcto para lograr la madurez final de los videojuegos en cuanto a lo narrativo

Si se consideran fanáticos de la ciencia ficción, les recomiendo que lo tengan en cuenta. No se van a decepcionar.


He's trying to change who he is, something that I couldn't do.
If I can help him do that... maybe, maybe I can live with myself”.
— Azriel, Gemini Rue

¿Son de jugar aventuras gráficas? ¿Cuáles son sus favoritas? ¿Conocían “Gemini Rue”? ¡Espero sus comentarios!


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=>> Otras posts sobre CIENCIA FICCIÓN en el blog: “Ahogo, la ciencia ficción distópica de Guido Barsi”, “El hombre ilustrado” (de Ray Bradbury), “El cálculo de Dios” (de Robert Sawyer) y “¿Sueña Phillip Dick con ovejas eléctricas?

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sábado, 1 de noviembre de 2014

“Cuidado, adultos jugando” (cuento)


No suelo colocar introducciones antes de los posts sobre cuentos míos, pero en este caso hago una excepción. Ayer por la noche (viernes 31 de octubre) el siguiente mail llegó a mi casilla:

«Como miembro de la Subcomisión de Cultura y en nombre del Centro Nativos Puntaltenses, me es grato informarle que su obra “Implacablemente suyo” ha obtenido el 2º Premio en el género Cuento del 1º Certamen Literario “Dr. Juan Atilio Bramuglia” organizado por esta Institución.»

El anuncio, por supuesto, me dejó absolutamente sorprendido. Tuve que leerlo varias veces para convencerme de que me estaba equivocando. "Implacablemente suyo" es uno de mis relatos preferidos y me alegré muchísimo por el reconocimiento.

Lo más extraña (quizás, lo más loco) es que no voy a poder estar presente en la gala de premiación porque ese mismo recibiendo otro premio en Junín, provincia de Buenos Aires. Es una coincidencia increíble, única. Hace unas semanas me avisaron que una obra mía había quedado seleccionada entre las 15 mejores de 1930 relatos en el "XLIII Concurso Internacional de poesía y narrativa ELEGIDOS 2014”, y va a formar parte de una próxima Antología Digital Internacional. La cena de gala y entrega de premios es exactamente el sábado 29 de noviembre, el mismo día que la entrega de premios del otro concurso.

Dos premios nacionales en un mismo día. ¿Qué tul? (Ni yo me lo creo aún).

Voy a subir los cuentos ganadores y contarles cómo me va a lo largo de éste y el próximo mes. Mientras tanto, los dejo con este pequeño relato que escribí recientemente. ¡A ver qué les parece!

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Cuidado, adultos jugando


Hay muchas cosas en los alrededores de la plaza Rivadavia: un monumento al célebre personaje histórico, farolas de 1925, una gran fuente en mármol de carrara, inglesa, enmarcada por cuatro pilares pequeños. Está la catedral y en el extremo opuesto el palacio municipal. También se ven cosas que la gente no distingue, que nadie nota. Letras del abecedario, tierra, árboles y un pedazo bastante grande de cielo, cartelería, perros, palomas y hasta seres humanos. La 500. La 504. La 319 en su recorrido de regreso. Decenas, no, centenas de micro-acontecimientos, acciones simultáneas. Una joven está sentada en un banco frente al Café Rodríguez, fumando un cigarrillo. A su lado una mujer se abanica. 

Asfalto. Más seres humanos.

El lector comprobará que —salvo una ligera reflexión de carácter general— mi texto es apenas la enumeración de lo que uno percibe en cualquier espacio verde. Todavía no se ha introducido un conflicto, ni a los personajes principales. Es una pobre excusa de introducción a una narrativa. Lo que ocurre es que se hacía preciso describir lo que pasa cuando no pasa nada. Solo así puedo introducir a mis protagonistas.

Saluden a Florencia, de veintiocho años, y a Mariela, de treinta y cuatro. O no lo hagan. De todas maneras, ellas están sumergidas en su propia conversación.

— Te digo una cosa, no teníamos una ola semejante desde el 2009 —dice Mariela mientras agita su abanico. Tiene razón, el aire en la plaza tiembla por el calor intenso—. No se puede estar ni a la sombra —agrega sacudiendo la cabeza.
— Ni hablar. ¡Y no sabés lo que me gasto en aire acondicionado! —comenta Florencia al tiempo que exhala una larga bocanada de humo—. Igual, hoy la plata no alcanza para nada.
— ¡Qué querés que te diga! Comprás dos pavadas y ya te gastaste cien pesos. En casa usamos ventilador de piso; si no, no llegamos a fin de mes. Yo ya ni el diario leo. Son todas malas noticias. Hasta que no cambie el gobierno, esto no va a cambiar.

— Son todos una manga de mentirosos, y corruptos. El gobierno, la policía. La gente... la gente anda loca, loca. Te matan por dos pesos.
Frente a ellas, los niños siguen jugando y gritando. Se lanzan por el tobogán y giran en la calesita.
— ¿Cuál es el tuyo? —pregunta Florencia.
— El rubiecito, que está con esa nena. Tiene cinco, es un amor, ¡no sabés!
— ¡Esa es mi hija! Parece que ya se hicieron amigos —ríe Mariela—.  A veces pienso en su inocencia y me da mucha envidia.
— ¿Te enteraste lo del colectivero? Dos tipos se le suben al bondi, como el chofer no los deja viajar sin pagar, le fracturan dos de dedos de la mano. Después le sacan la plata de la billetera. Ochenta pesos.
— ¡Qué terrible! Hoy te pegan un tiro aunque haya un menor presente. Se perdió el respeto por la vida humana. Me pongo a pensar en eso y me dan nauseas. Acá, así, no se puede vivir —Mariela se sobresalta de pronto—. ¿Y los niños? ¿Dónde están los niños?

A unos metros de distancia, detrás de unos arbustos, dos pequeños cuchichean.
— ¿La de allá es tu mamá? —pregunta Franco.
— Sí.
— Se la ve cansada.
— Siempre está cansada, y preocupada —dice Clara—. A veces me preocupa mucho. Por eso la traigo a la plaza, así toma un poco de aire y se tranquiliza.
— Te recontra entiendo. Mamá nunca está contenta, y se queja. A veces tiene miedo, pero nunca lo muestra. Yo también la tengo que sacar a pasear cada tanto, para que no esté tan seria.

Clara muestra frustración en su rostro.

— Los adultos nunca entienden nada. Me canso de tener que explicarles todo. ¿No te pasa?
— ¡Me requeterecontra pasa! Son re inocentes, creen que saben todo, y en verdad no saben nada. No quiero crecer nunca.
— Y ojalá que yo tampoco. ¿Me acompañás al sube y baja?
— ¡Ahí estaban!
Las madres se acercan a sus niños y los levantan a upa.
— ¿Vamos a casa, Fran? —le dice Florencia y luego mira a Mariela—. ¡Un gusto! Tal vez nos crucemos la próxima.
—Me hizo bien desenchufarme un poco —responde y mira a su hija—. ¡Ay nena! ¡Estás toda llena de tierra! Vamos a casa así te bañás.

A medida que las madres se dispersan con sus hijos, todo les sigue sin llamar la atención, nada destaca de lo habitual y la narración continúa sin un problema o conflicto principal hasta su abrupto y –hay que decirlo–  vulgar desenlace.


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=>> Otros cuentos de mi autoría, temáticamente relacionados: “Ana y el infinito”, “¡Bang, bang!”, “Esas cosas no existen” y “La historia repetida”.

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