lunes, 22 de septiembre de 2014

La singularización como forma de desautomatizar


Los que viven  en la costa se acostumbran tanto al murmullo de las olas 
que ni siquiera las oyen.
Por la misma razón, apenas oímos nosotros las palabras que proferimos.
Nos miramos mutuamente, pero ya ni siquiera nos vemos.
Nuestra percepción del mundo se ha  desvanecido,
lo que ha quedado es un mero reconocimiento”.

(Viktor Shklovski)

Shklovski fue un tremendo pensador ruso que configuró una de las teorías más convincentes sobre la “verdadera finalidad del arte”. 

Lo mencioné hace un tiempo en este post, y ahora me dieron ganas de explayarme un poquito más sobre uno de sus enfoques.

En “El arte como artificio” (1917), texto que juega el rol de manifiesto que reúne los principios fundamentales del formalismo ruso, Shklovski plantea una premisa que es ruptura absoluta en relación a todo lo que se venía pensando sobre el arte en esa época.

El arte, expone, debe ser un medio para volver desconocido lo conocido, para volver extrañas las cosas que nos son habituales. Esto permitiría generar contenido novedoso que de una sensación del objeto como visión y no como simple reconocimiento.

Si examinamos las leyes generales de la percepción, vemos que una vez que las acciones llegan a ser habituales se transforman en automáticas. Nuestros hábitos se refugian en un medio inconsciente. 

En cambio, cuando algo nos resulta chocante, insólito o raro, nos interpela, nos quita del lugar común, nos incomoda. Esto genera la liberación del automatismo al que el hombre está condenado.

En su texto (que es genial, por cierto) él presenta varias formas de liberar al lector del automatismo perceptivo (refiriéndonos exclusivamente a la literatura). Una de las más llamativas es la técnica de la singularización. En realidad, lo único que hizo Shklovski fue ponerle un nombre a un método empleado desde siempre por los escritores.

La singularización consiste en no llamar al objeto por su nombre sino en describirlo como si se lo viera por primera vez y en tratar cada acontecimiento como si ocurriera por primera vez. 

Por ejemplo, Shklovski reconoció esta técnica en muchos de los escritos de León Tolstoi.

Las obras de Tolstoi abundan en pasajes en los que el autor se “niega a reconocer” los objetos familiares y los describe como viéndolos por primera vez. Así, al describir una representación de ópera en Guerra y Paz, habla de los decorados como “trozos de carbón pintados”.

La misma técnica se emplea, en mayor escala, en el relato “Jolstomer: historia de un caballo”, donde el narrador es un caballo y los objetos son individualizados por la percepción otorgada por el animal, y no por la del hombre.

► “Jolstomer: historia de un caballo”, de León Tolstoi, en versión PDF: http://goo.gl/JXm2Hc

En este cuento de extensión media es interesante como el autor ruso concibe, por ejemplo, el derecho de la propiedad. 

El protagonista se presenta desde el ventajoso punto de un observador marginal, un animal sorprendido y asombrado por la inconsistencia y la hipocresía de los hombres.

Jolstomer también se hizo famoso por hacer un uso fascinante de la técnica conocida como “efecto de distanciamiento”, que creara Bertolt Brecht en relación a su Teatro Épico (y que también mencione en el blog).

La singularización es muy común especialmente en la prosa erótica, donde los órganos sexuales suelen nombrarse de formas que no le son habituales. El célebre episodio “The contest” de “Seinfeld” (mi gran serie de TV favorita) también se destaca por un peculiar uso de la singularización.


De todos los grandes episodios que tuvo la serie, “The contest” es seguramente el más icónico e ingenioso, especialmente por su incomparable matiz sexual. No solo fue arriesgado para la época, sino que hoy en día sigue siendo un episodio impresionante porque nunca se hace mención directo del “asunto” en sí. Dicho de otra forma, todo el episodio habla de la masturbación, pero las referencias a ella son siempre indirectas.

Este capítulo, considerado uno de los mejores, logró elevar al máximo el potencial de los cuatro protagonistas. Cada uno tenía un motivo que los tentara a dejar su puesto de “master of their domains”.

Por supuesto, la singularización es una de las técnicas principales y más usadas de la poesía (en especial la poesía simbolista). En “Tempestad con Silencio” (de Pablo Neruda), por ejemplo, las gotas de lluvias se convierten en “uvas desgranadas”.

“...La nube espesa desgranó sus uvas
cayó el agua de todo el cielo vago,
el viento dispersó su transparencia,
se llenaron los árboles de anillos,
de collares, de lágrimas errantes
...”

Asimismo, la frase que describe cómo los árboles se llenan de anillo, collares y lágrimas errantes nos obliga –como lectores– a ver a la lluvia bajo una nueva visión, y de esa forma lograr reconocerla. Shklovski nos recuerda que el propósito del arte debe ser el de crear una percepción particular del objeto (crear su visión y no su reconocimiento).

Por último, la técnica de la singularización es la base (y el único sentido) de todas las adivinanzas

Una adivinanza es una especie de acertijo con un enunciado que se formula en rima. Por ese motivo, cada adivinanza es una descripción, una definición del objeto, por medio de palabras que no le son habitualmente aplicadas.

Las adivinanzas no solo juegan un rol lúdico o educativo, sino que también se han empleado como artilugios en diversas obras de ficción y literarias (me vienen a la mente los acertijos que Bilbo Baggins le hace a Gollum, o la famosa adivinanza de la Esfinge en el mito de Edipo Rey). 

Son sugestivas para estudiar a nivel de recursos educativos, para analizar la comprensión de metáforas y el lenguaje no literal en niños. Pero ese será un tema para otra nota. ¡Hasta la próxima!

DE YAPA: El episodio “The Contest” de SEINFELD, de la mano de http://www.miraseinfeld.com, una maravilla imperdible => http://www.miraseinfeld.com/temporada-4-episodio-11.php

"Are you still master of your domain?"

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=>> Otras NOTAS LITERARIAS temáticamente relacionadas con este post: “La excepción y la regla” (de Bertolt Brecht), “99 formas de contar un mismo episodio”, “La verdadera finalidad del arte”, “Tentativa de agotar a Georges Perec

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martes, 16 de septiembre de 2014

Grandes series de mi vida – Parte 3: Puestos 10 al 1


Llegó el momento que muchos esperaban (¿?).

Estas son las 10 series que me llevaría a una isla desierta, aquellas que marcaron mis gustos y tendencias, esas historias que hoy sigo recordando y, ocasionalmente, volviendo a revivir

El tiempo dirá si la lista se modifica –en definitiva, tiene un alto nivel de subjetividad–, el tiempo dirá si entra alguna serie nueva que desplace a otras, pero estas 10 van a seguir siendo de mis preferidas por siempre. Acá van:

(#10) “24” (2001–2010,2014)

La segunda temporada la vi en una maratón de 24 horas seguidas con mi hermano y un gran amigo. A ese nivel de fanatismo llegué en su época. En sus mejores momentos (olvidándonos de temporadas pésimas como la 4 y la 6), “24” generaba niveles de adrenalina tremendos, contenía mucha intriga política y giros de tuerca que golpeaban más duro que una bofetada de Tony Almeida.

“24” es una de las series más “cinemáticas” que uno puede encontrar en la TV, con grandes presupuestos, toneladas de acción y suspenso y un Kiefer Sutherland que se consagró en el rol de Jack Bauer. Incluso algunos giros argumentales absolutamente estúpidos (sí, estoy pensando en el puma que amenazó a Kim Bauer en la 2da temporada) resultaban queribles.

No es un misterio que “24” rompió con todo lo que se conocía hasta el momento. Aunque ya habían salido películas que ocurrían en tiempo real, ninguna serie se había atrevido a hacerlo. El tiempo real incluía los comerciales y resultó ser una desconocida forma de acumular tensión en los espectadores.

Cada temporada trabajaba una amenaza terrorista a gran escala, usualmente preparada por un gran villano, y podían ir desde asesinatos presidenciales y bombas nucleares, hasta bio-armas, agentes encubiertos y traiciones políticas. ¡Todo eso en un solo día de trabajo!

Por otro lado, “24” hizo un buen uso de la cámara dividida, de tal manera que uno pudiera observar simultáneamente las acciones de varias personas al mismo tiempo. Kiefer Sutherland nació para ser Jack Bauer, y se convirtió en un héroe de acción que influyó mucho en el cine y televisión de la década del 2000. 

Por último hay que agregar que el final de cada episodio te dejaba mordiéndote las uñas con una sorpresa de último momento.

Es cierto que no todas sus temporadas son increíbles y que la fórmula se volvió muy repetitiva sobre el final. Pero también es sencillo olvidar lo novedoso que fue este formato. Este año salió una temporada nueve (“24: Live Another Day”), de solo 12 episodios, que continúa donde quedó la octava. Personalmente me pareció muy prolija, aunque quizás innecesaria, y representó otra inyección de adrenalina jackbaueriana en mi vida. Más allá de computadoras que funcionaban con demasiada eficiencia, tráfico en Los Ángeles sospechosamente ligero y un Jack Bauer que nunca necesitaba ir al baño, ninguna serie supera a “24” en materia de acción y adrenalina.

(#9) “Coupling” (2000–2004)

Me da pena que haya gente que no conozca Coupling. Esta serie británica nos cuenta la historia de seis amigos y sus complicadas vidas sexuales. Su inspiración en “Friends” (y las constantes comparaciones) es evidente, pero Coupling siempre me pareció superior. La serie tiene 4 temporadas cortas (de unos 6 episodios aproximadamente) y fue célebremente reconocida por sus tramas meticulosamente intrincadas que se apoyaban en mentiras, malos entendidos y divertidísimos casos de “meteduras de pata”.

Friends nunca llegó a tener capítulos que tuvieran la mitad de la mitad de la originalidad que vi en Coupling. Me encantaba que no solo me hacía reír muchísimo, sino que planteaba abiertamente algunos temas sexuales “tabú” para la televisión: masturbación, lesbianismo, tríos, etc, etc. En ese sentido Inglaterra siempre fue más abierta, y recuerdo haber visto shows ingleses muy buenos (Sugar Rush y As If, entre otros) que me sorprendieron por la forma en que llevaron a la pantalla ciertos asuntos más íntimos.

En “Coupling”, seis amigos debaten todos los aspectos del sexo y las relaciones en su búsqueda interminable del verdadero amor. Pero todas las historias son excelentes. Si quieren ver un solo episodio (como para comprobarlo), alcanza con ver el 4to de la primera temporada, donde una de los protagonistas encuentra un video porno (“El infierno de las lesbianas nalgueadoras”) en el departamento de su novio. Impecable.

Creo que es una serie sin desperdicio que además tiene la ventaja de ser cortita, compacta. Steve, Susan, Jeff, Patrick, Sally y Jane. Todos son memorables por motivos diferentes. Debo decir que esta es la única sitcom que más me recuerda a Seinfeld o Arrested Development, en el sentido que una variedad de argumentos separados se unificaban de formas inesperadas sobre el final del episodio.

(#8) “Whose Line is it Anyway?” (1998–2001)

Drew Carey, Colin Mochrie, Ryan Stiles y Wayne Brady fueron mis héroes durante mi secundaria.

Cuando agarraba Whose Line por Canal Sony, no podía creer lo que estaba viendo. Era imposible. Cuatro actores improvisaban en un serie de juegos que un conductor (Drew) dirigía. Los resultados siempre eran tan divertidos, tan cómicos, que yo estaba convencido que todo estaba guionado.

Fui fan de la versión americana de Whose Line y hoy sigo viendo episodios al azar de tanto en tanto. Es un show increíble que disfruto especialmente por mi adoración por el teatro y la improvisación. Va más allá de lo divertido, y no hay nada igual en la televisión. Aunque admito que se precisa un muy buen nivel de inglés para disfrutar correctamente de la serie (porque los chistes son disparos rápidos y están plagados de slang), el show es comedia pura que divierte sin piedad.

Por suerte, hoy se pueden encontrar todos los episodios online, por ejemplo en Youtube. Y recientemente salió una nueva versión de unos 30 episodios (“Improvaganza”) que reunió al mismo y excelente cast de los años noventa, y también está disponible en Internet. 

Si pueden, véanla.

Whose Line” supo reunir a un grupo de comediantes talentosos que hacen improvisación de manera solemne.  Drew Carey interactuaba con los comediantes, siempre tirando chistes, y nunca tuvo miedo de descostillarse de la risa cuando algo lo valía. Wayne Brady es un cantante que la destroza y el dúo Colin-Ryan es imparable.


Siempre me pregunté por qué el formato no llegó a Argentina, viendo que nos llegan tantas cosas desde afuera. Creo que nunca va a existir un show de improvisación tan desopilante como “Whose Line is it Anyway?”. Con mis amigos (todos tenemos ciertas nociones de teatro porque hemos estudiado unos años) hemos jugado a varios de los juegos de improvisación que presentaba “Whose Line…”, pero nunca pudimos alcanzar la grandeza de aquellos comediantes.

Sinceramente, una serie excelente para agarrar aleatoriamente (y online) y disfrutar junto a una equilibrada combinación de amigos y cerveza.

(#7) “Supernatural” (2005 – Actualidad)

Todavía falta que salga la décima (y última) temporada de “Supernatural”, pero es un show que se ganó mi corazón desde el primer episodio.

Volando por debajo del radar, Supernatural es el show sobre monstruos, demonios, vampiros (y todo tipo de ente sobrenatural) más consistente de la TV, impulsado principalmente por la perfecta química de hermanos que existe entre sus protagonistas (Jensen Ackles y Jared Padalecki).

Supernatural” es maravillosamente creativa, con un ciclo interminable de villanos inhumanos, efectos visuales impresionantes y una mitología fascinante. En serio, hay que darle una chance a esta serie para descubrir una de los joyitas mejor guardadas de la televisión.

Estoy viendo la serie completa por segunda vez, y es una de las pocas que me resulta siempre tan cautivante. Episodio tras episodio, nunca defrauda y siempre sorprende. Todo el cast es brillante, y todos son excelentes para exponer emociones.

Es una historia épica y emocionante que logra diferenciarse de toda la basura que anda dando vueltas por la televisión. Tiene un balance perfecto entre comedia y suspenso, entre capítulos que avanzan en la historia principal, y episodios stand-alone que experimentan con aspectos metatextuales, o que parodian clásicos del cine de terror. 

Ha tenido nueve temporadas muy intensas (exceptuando la séptima, que es muy floja en relación al resto) y está por venir la última que concluirá la historia.

Supernatural” es el sueño para todos los amantes del terror / suspenso. Los guiones se encuentran entre los más excepcionales que he visto y es muy divertida, especialmente por la dupla Sam-Dean que es la piedra angular de la serie. Con mucho rock, excelentes tramas y la más amplia variedad de monstruos que van a ver en la TV, “Supernatural” es una show que merece mucha más atención de la que hoy tiene.

(#6) “Breaking Bad” (2008–2013)

Me van a llover críticas por colocar Breaking Bad en el puesto #6 y no entre los primeros tres puestos. Lo sé. Pero no me importa. ¡Es mi selección de series, y las ordeno como quiero!

La verdad es que Breaking Bad es una serie fascinante desde todo punto de vista. En el curso de 5 años, Vince Gilligan construyó un mundo que prestó muchísima atención al detalle y  concibió a un protagonista tan complejo como carismático. Ya me explayé en este post sobre Breaking Bad y por qué me gustó tanto. Por eso no quiero abundar en los mismos detalles.

Solo voy a decir que Breaking Bad nunca tuvo un capítulo de más. Incluso el célebre episodio independiente The Fly tiene su motivo de ser (y es uno de los mejores de la tercera temporada, de hecho). Sus personajes supieron cambiar, evolucionarse, adaptarse a los cambios que la serie exigía. Es impecable desde el punto de vista actoral, en los excelentes diálogos, en las sorprendentes historias, en los tremendos villanos, en los momentos citables, en la extraordinaria tensión, en Ozymandias, en un Jesse torturado. 

Es televisión perfecta, y envidio a quienes no la vieron porque no van vivenciar ese desasosiego de aquel que sabe que nunca va a volver a ver algo igual en la televisión.

Pero las próximas cinco series me tocaron a un nivel mucho más personal, marcaron un antes y un después como ninguna otra lo hizo en mi vida, las he visto más de una vez, me he obsesionado con ellas y han moldeado mis gustos de una forma que ninguna otra lo hizo. Por eso, por ahora, Breaking Bad tiene que quedarse en este muy merecido puesto.

(#5) “One Tree Hill” (2003–2012)

Soy consciente de que es una elección peculiar. De hecho, estos próximos cinco puestos pueden llegar a sorprender a mis lectores. “One Tree Hill” es un drama de adolescentes como lo fueron Gilmore Girls, Dawson Creek, The OC, Freaks and Geeks y Smallville. En mis años de secundaria, años formadores donde uno descubre sus pasiones, las vi todas. Pero OTH siempre se diferenció por sobre encima del resto.

Repleto de drama, risas y soundtracks tremendamente icónicos, One Tree Hill es un show con el que siempre logré identificarme. Profundamente alentador y empático, me sorprendió por la adultez con la que trataba temas familiares y sociales complicados.

Es cierto que las temporadas 7 y 8 son muy olvidables, pero se redimió con una novena temporada que cierra la historia de forma brillante (y como nunca vi antes). No exagero al decir que One Tree Hill cambió mi vida, estableciendo mis gustos musicales (el soundtrack de One Tree Hill es el soundtrack de mi vida) y generando muchas de mis inspiraciones literarias. Mi primera novela, sin ir más lejos, toma varios trasfondos temáticas de la serie y el estilo es muy similar, no puedo negarlo. (Ya mi segunda novela logró diferenciarse un poco más, pero fácilmente podría ubicarse en el universo de One Tree Hill).

Incluso siendo adulto, volví a revivir la serie una vez más. Está fantásticamente escrito, tiene personajes muy memorables, el mejor villano que vi en la historia de la televisión (Dan Scott) y tramas que sorprenden por sus giros argumentales. Y voy a decirlo: una de las pocas series que me hace llorar en momentos claves por más que sepa lo que va a pasar. Estoy seguro que todo el mundo puede sacarle provecho a esta serie que arranca muy “juvenil” pero se va volviendo más adulto e interesante conforme avanza. Realmente, sin ningún tipo de desperdicio.

(#4) “Arrested Development” (2003–2006, 2013)

Cuando ves “Arrested Develepment” por primera vez, tu vida cambia por completo. Tiene la escritura más perfecta de toda la historia de las comedias de TV. Especialmente si sabes inglés (aunque esto no impide que uno la disfrute), AD contiene más juegos de palabras, one-liners, catchphrases, devoluciones rápidas, chistes recurrentes y gags contenidos en un solo episodio que los que hay en toda una temporada de cualquier otra sitcom. En serio, requiere más de una mirada para poder reconocer todas las sutilezas que se esconden.

Ridículamente citable, tan divertido como ingenioso, fue cancelada al final de su tercera temporada para ser revivido por Netflix el año pasado. Su cuarta temporada (de 15 episodios) también es brillante (escribí una crítica de ella acá), y supo evolucionar para no vivir de las glorias del pasado. Arrested Development es el manifesto de cómo escribir una serie absolutamente entretenida, con personajes disfuncionales, odiablemente queribles, grandes sorpresas y manteniéndose muy (pero muy) sutil. Personalmente, ya la vi 3 veces y todavía me faltan cosas por descubrir. Cracked.com cada tanto saca artículos con gemas escondidas en episodios de AD.

Se ha escrito mucho sobre esta serie, sobre los motivos de su cancelación y sobre lo que significó para el mundo de la televisión. Personalmente creo que estuvo muy adelantada a su tiempo.  Es un show que hay que mirar de forma consistente para seguir la trama, para entenderlo completamente. No es accesible al espectador casual, pero ahí reside su belleza. Adoro los shows que son tan complejos, tan enredados, que uno necesita poner todos los sentidos para captarlo por completo. Desde la creación de “Seinfeld”, nunca hubo un grupo de escritores y actores tan talentosos que se reúnan para hacer algo tan bien. IMPERDIBLE. Actualmente está completa (incluyendo su interesante cuarta temporada) en Netflix.

(#3) “Game of Thrones” (2011 – Actualidad)

¿Había alguna duda? Entrando ya a los tres primeros puestos de mi TOP-20, y aunque todavía esté en emisión, no puedo no colocar a GoT en el puesto #3.

Las actuaciones son sublimes, la escritura es precisa, la escenografía y los trabajos de cámara son visualmente impresionantes y, en términos de ambición en cuanto a lo narrativo, lo creativo y lo logístico, ninguna serie se le acerca.

Con más de siete reinos diferentes para maniobrar y, literalmente, miles de actores para dirigir, parecería inevitable que sus creadores (David Benioff y D.B Weiss) se descarrilen en algún momento. Sin embargo, cada temporada ha mostrado ser muy superior a la anterior. George Martin es el hombre del momento por haber escrito una maravilla literaria que es deliciosamente compleja, enredada y enmarañada. Y los creadores lograron una adaptación inmejorable de los libros de Martin. Terminé de ver la cuarta temporada y comencé de nuevo desde el principio. Estoy captando miles de detalles y sutiles que había pasado por alto.

Acá di mi impresión de la segunda temporada, y acá mi impresión de la tercera. También pueden ver mi opinión de la cuarta temporada en este link. En materia de historias épicas, Game of Thrones lo tiene todo: excelentes batallas con espadas, dragones, zombies, tetas (muchas tetas), intriga política, muertes inesperadas, giros argumentales y muchas muertes inesperadas. (¿Mencioné lo de las muertes inesperadas ya?). ¿Qué más podría pedir un hombre?

Lo que GoT está generando en el mundo de la TV es una ruptura absoluta. El género de fantasía, históricamente hablando, nunca fue demasiado apreciado como serie. Es difícil de vender y difícil de sostener en el tiempo. Cuando a un mundo de dragones y Caminantes Blancos le agregamos reyes patológicamente perversos, brujas asesinas, un chico paralizado con poderes y hasta esqueletos (entre otras tantas cosas) las posibilidades de que la mezcla se vaya al carajo es muy alta. La sola idea de llevar aquello a la pantalla es difícil de imaginar. Pero GoT lo logra, y con creces. Al género de “espada y hechicería” se le suma una mitología meticulosamente planificada con temas que resuenan en el mundo moderno: el amor y la muerte, la venganza y la lealtad, la libertad y la esclavitud, el poder, la avaricia, la guerra, la familia.


De todas mis series favoritas, y de todas las que sigo año tras año, ninguna me deja tan satisfecho luego de cada episodio como Game of Thrones. A ninguna la espero con tantas ansias, y ninguna me obsesiona tanto como para debatir con amigos y en foros sobre sus infinitas posibilidades.

GoT es una historia superlativa, una de esas raras ocasiones donde su trama trasciende su propio género, y hoy es lo mejor que podemos ver en la televisión (esto debido a que mis próximos dos puestos ya, básicamente, “no están en emisión”). Game of Thrones es as good as it gets en materia de argumento complejo, personajes tridimensionales y aspectos visuales. Dicen que va a tener ocho temporadas, por lo que estaríamos todavía a mitad de camino con una serie que ya marcó tarjeta en los hitos de las series de televisión.

(#2) “Los Simpson” (1989 – Actualidad)

No podía ser de otra manera. Los Simpson pueden entrar en cualquier categoría (mejor sitcom, mejor serie animada, mejor show familiar) y salir siempre entre los primeros puestos. Y es que hay un momento Simpson para cada situación de la vida, como ya mencioné en un post donde hablé exclusivamente de esta serie.

La aclaración que quiero hacer antes es que Los Simpson para mí “murieron” en su décima temporada. Hasta ese punto fueron perfectos, ingeniosos, citables, memorables, dueños de un humor sagaz, inteligente, satírico. Quizás sea porque la exigencia fue cada vez mayor, por el cambio de voces y de escritores, por la salida de su creador (Matt Groening) que se desvinculó creativamente del show. Lo cierto es que murió porque dejó de divertir, porque dejó de tener capítulos que uno podía ver y volver a ver sin aburrirse. Varios blogs analizan las teorías de su decadencia.

Yo creo que la esencia de su decadencia en Latinoamérica particularmente (porque en USA sigue siendo un éxito muy decente) fue el cambio de voces, que hizo que todo nos sonara raro, horrible, hasta repugnante. Pero, por sobre todo, el enfoque del humor pasó de ser una áspera crítica social sobre el hombre moderno y los conflictos cotidianos, a tratar con temas de actualidad, parodiar a famosos y hacer chistes vulgares sobre la tecnología. La serie, hay que decirlo, se volvió muy mediocre. 

En lugar de apoyarse en grandes historias del cine y la televisión, o en problemas existenciales de la sociedad actual, hizo uso de chistes más fáciles que apelaban a un público más chico (y que lo exigía).

Hecha esta aclaración, en sus mejores momentos, Los Simpson es una serie atemporal con un humor de mucha calidad, miles de referencias culturales (históricas, literarias, cinéfilas, etc.) y plagada de momentos gloriosos. Es una serie intocable porque, incluso en su peor momento, sigue en emisión y tiene más éxito que el 90% del resto.

En particular en Argentina (y gracias a Telefé) todos los pibes de 20 y tantos pudimos disfrutar de la todos los episodios a toda hora del día, y eso la hizo especial. Crecí con la familia Simpson. Hoy la sigo viendo, y me sigo riendo. El resto de lo que puedo decir sobre esta increíble serie ya lo dije en este post, así que no quiero explayarme más. ¡AGUANTE LOS SIMPSON!

(#1) “Seinfeld” (1989 – 1998)

Y llegamos al primer puesto. Y el trono se lo queda la “serie sobre nada” que lo tuvo todo.

Recuerdo que cuando empecé a armar este ambicioso TOP-20, me costó muchísimo decidir que series incluir, y en qué orden. Pero “Seinfeldnunca se movió de su indiscutible primer puesto. (Indiscutible para mí, claro).

Sin abrazos y sin aprendizaje”. Bajo ese lema Larry David y Jerry Seinfeld crearon la mejor sitcom del universo entero, y se mantuvieron apegados a esa premisa. Vivir el día a día de Jerry y sus tres extraños amigos fue una de las mejores cosas que le pasó a la televisión. No había cliffhangers, ni grandes sorpresas, ni romances dentro del grupo. En lugar de eso, la atención del espectador se conseguía con una show pura y verdaderamente gracioso.

Elegir los 10 o 20 mejores episodios de Seinfeld es una tarea imposible porque todos son clásicos. Es una serie icónica que, como varias de las que formaron parte de mi TOP-20, provocó una ruptura de la tradición, fue vanguardista y poco convencional para su época. El humor cotidiano, observacional, crítico de la serie estuvo siempre por encima, y sus nueves temporadas (incluso el controversial final) son excelentes, en gran parte gracias a la calidad actoral de Jerry Seinfeld, Jason Alexander, Julia Louis-Dreyfus y Michael Richards.

El ingenio que derrocha cada episodio es ridículamente excepcional

Lo mejor es que cada protagonista tiene tanta profundidad y personalidad que es imposible no sentirse identificado con cada uno de ellos en diferentes situaciones. “Seinfeld” está excelentemente escrita, te hace pensar, pone en evidencia el absurdo de la vida, presenta situaciones desopilantes y es absolutamente citable.

El gran problema es encontrar gente que conozca y adore Seinfeld como yo para poder hacer referencias casuales a la serie.




Este año se cumplieron 25 años desde su estreno. Esta es la serie sobre “nada” que lo cambió todo, y en lo personal… es mi serie favorita, la gran ganadora, la que más me hace reír (literalmente a carcajadas), el motivo por el cual adoro ver televisión. Alcanza niveles de reverencia religiosa. No hay situación de la vida real que no tenga su comparación cómica o su paralelo en Seinfeld. Me refiero a todo tipo de situaciones: inventar profesiones para interesar a una chica, perderse en un estacionamiento, volverse metatextual, quedar atascado en un embotellamiento, que un nazi te sirva sopa, conocer a un bebe horrible, hacer un concurso de no-masturbación con tus amigos, inventar festividades, obsesionarse con pequeños detalles, o dejar a una pareja por motivos absolutamente estúpidos.

Amo Seinfeld, todos los años vuelvo a ver algún que otro capítulo o se la recomiendo a mis amigos. SEINFELD LO TUVO TODO, Y MERECE TODO MI RECONOCIMIENTO. Sin duda alguna, es la serie que todos deben ver para saber lo que es realmente bueno.

TERMINAMOS. Estas son mis 10 series de TV favoritas. Recuerden revisar el post de los puestos 20 al 11 y las “Menciones de Honor” para conocer al resto. Para mí son todas de lo mejor, lo más original, lo más innovador que he visto en la televisión, y las recomiendo ampliamente. ¿Qué otra serie agregarían? ¡Dejen sus comentarios!

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martes, 9 de septiembre de 2014

Grandes series de mi vida – Parte 2: Puestos 20 al 11


Segunda parte de una tríada de posts que considero de los más ambiciosos.

Es un intento de recopilar un TOP 20 de las grandes series de TV de mi vida. Aquellas que recuerdo con cariño, que me parecen brillantes, que cambiaron mi forma de entender la televisión

En esta nota voy a cubrir los puestos 20 al 11. En realidad las posiciones son más de carácter organizativo. Hay muy poca diferencia entre el puesto 18 y el 17, o entre el 15 y el 14. Estas diez series me parecen todas geniales por diversos motivos y las recomiendo personalmente.

Vuelvo a repetir que no incluyo animé (que va a formar parte de otra lista) ni dibujos animados (con dos inevitables excepciones). 

Sin más preámbulo, comencemos.


(#20) “Lost” (2004-2010)

La forma en la que la gente reaccionaba ante Lost es probablemente más fascinante que el show en sí. (Lo he mencionado en otros posts). Personalmente he formado parte de foros, charlas y debates sobre lo que significaban ciertos elementos de la serie o de lo que podría llegar a pasar. Este “Efecto Lost” revolucionó a la televisión, que hasta ese momento no había tenido un producto que movilizara tanto a las masas a nivel social. Internet se llenaba de fan-theories y páginas de análisis.

El plan de J.J. Abrams de generar más preguntas que respuestas tuvo sus frutos, y por eso no puedo dejar de incluir esta serie en el TOP. No es la mejor serie de la historia, pero merece ser llamada una de las series más innovadoras y vanguardistas de la historia.

Me parece que las temporadas 5 y 6 fueron incoherentes e inconexas, y que dejaron demasiados cabos sueltos. Odié el final y siempre me pareció una bofetada hacia los espectadores. Pero no puedo dejar de admitir que me cautivó con esa perpetua atmósfera de misterio y sus conexiones con la cultura humana (desde la literatura hasta la música, pasando por la ciencia, la religión y la filosofía).

Banco muchas de las decisiones de LOST (como su perspectiva de la raza, al utilizar actores de, prácticamente, todas las nacionalidades) y creo que fueron pioneros en la utilización de técnicas narrativas como el flashback, las perspectivas temporales, los viajes en el tiempo, los universos paralelos y, por supuesto, los flash-forward.


Creo que es una serie que todo el mundo debería ver por el efecto global que produjo sobre la forma de hacer televisión. Y si quedan dudas sobre los puntos del argumento no resueltos, siempre vamos a tener Lostpedia (que los mismos productores chequeaban durante la emisión de la serie para no confundirse) y Cracked, que responde a varias preguntas que quedaron en el tintero. 

(#19) “True Detective” (2014 – Actualidad)

Admito que es una entrada un tanto engañosa, porque True Detective recién terminó su primera temporada el año pasado. Pero el efecto que tuvo en mí (y aparentemente en el mundo entero) hizo que me fuera inexcusable no incluir esta serie en el Top.

Nada dominaba más las conversaciones culturales en Internet que los comentarios de cada episodio de True Detective a principio de año. El show, de solo ocho capítulos, dejó una marca intachable en sus espectadores.

Presentando narrativas alternativas con 17 años de diferencia, relata la historia de dos detectives de homicidio (Woody Harrelson y un insuperable Matthew McConaughey) en busca de un asesino serial. La historia se convirtió en algo más que un policial procedimental, transformándose en un interesantísimo estudio de la psicología humana, de la filosofía y brindando escenas tan memorables como las mejores películas de Hollywood (esto último gracias al director Cary Fukunaga).

Desde el primer episodio se notó que True Detective (escrito exclusivamente por su creador, Nic Pizzolatto) era algo diferente. Brillantemente filmada, cuidadosamente estructurada, con muchísima atención al detalle y con un final impecable.

Hay que ver qué va a pasar con la segunda temporada, ya que se confirmó que el formato de True Detective va a ser de antología: cada temporada va a contar una historia diferente con un elenco de personas distinto.

(#18) “Sherlock” (2010 – Actualidad)

Benedict Cumberbatch es el perceptivo y fast-talking, socialmente inadaptado y ambiguamente psicópata detective Sherlock Holmes, en una de las mejores versiones modernas que vi. El laburo que hace este muchacho en “Sherlock” es irreprochable, y su química con el Dr. John Watson (Martin Freeman) es uno de los puntos más fuertes de esta serie que va por su tercera temporada.

Hay que decir que “Sherlock” es una cosa rara. Me encanta como trabaja con las nuevas tecnologías, como toma sus referencias del clásico de Arthur Conan Doyle pero logrando ser una entidad bien diferenciada. Por más que uno conozca las historias en las cuales se basa el episodio, es imposible descubrir todos los giros argumentales que toma la historia. Cada temporada cuenta con 3 episodios de 1 hora y media de duración, por lo que resulta una amalgama estrambótica entre películas y episodios televisivos.

Realmente cada temporada ha sido mejor que la anterior, dan ganas de volver a ver los episodios para captar todos los detalles. Cumberbatch y Freeman podrían divertirme aunque pasen una hora entera leyendo la guía telefónica. Es una serie en crecimiento, célebremente aclamada y que siempre nos recuerda por qué los clásicos se mantienen atemporales.

(#17) “Dexter” (2006 – 2013)

Michael C. Hall compone a un personaje cautivante, un brillante antihéroe. Su actuación es eléctrica, brindando una timidez inherente que combina a la perfección con la incomodidad social que sufre Dexter.

Lo que me encanta de esta serie es que son temporadas cortas (de 12 episodios) y con arcos argumentales bien diferenciados, como una suerte de antología. Pero en todas vemos el crecimiento de los personajes, y cada una nos lleva por caminos de oscuridad diferentes.
En sus mejores momentos (temporadas 2, 4, 7, por ejemplo), “Dexter” es la serie mejor escrita y con el mayor nivel de adictividad de todas. Es cierto que tuvo sus altibajos, temporadas que no brillaron por su excelencia, un final que no termina de convencer, pero supo cómo hacernos sentir simpatía por el villano protagonista. Como espectadores, somos cómplices de sus asesinatos a sangre frío, los aplaudimos y los celebramos.

Dexter es, en esencia, una serie sobre un asesino serial que mata a otros asesinos seriales. Es sangrienta (artísticamente sangrienta... no como en “El juego del miedo”), es dura, es sorprendente, pero también tiene un alto contenido emocional y mucho estudio psicológico del personaje (que se hace muy evidente gracias a sus geniales monólogos).

Más allá de que no me convenció un final anticlimático, y algunas temporadas son mejores que otras, tiene una premisa interesante y grandes actuaciones. Es entretenida, llena de suspenso, y nos lleva directo adentro de la mente de un asesino serial, sus pensamientos, sus motivaciones, sus batallas internas.

(#16) “Buffy” (1997 – 2011)

Si hay una serie que quiero volver a ver es “Buffy”, que significó muchísimo para mí durante mi adolescencia. Gracias a esta genialidad de Joss Whedon me volví adicto a las series y comencé a seguirlas semana a semana.

Emergiendo de las cenizas de una fallida película de 1992, fue la serie que puso a Joss Whedon en el mapa y nos mostró los beneficios de un rol femenino protagónico fuerte. La carta ganadora fue que el cast secundario, que acompañaba a Sarah Michelle Gellar, era tan interesante como ella, y a veces más. Willow, Anya, Xander, Giles, Spike, Angel, etc.

En Buffy, las tramas alcanzaron un nivel estilístico importante. En mi caso, fue la primera vez que vi capítulos donde los personajes no hablaban, o que eran todos musicales. El creador nunca se conformó con una fórmula exitosa, sino que fue tomando nuevos riesgos con cada temporada.

Cuando llegó su última temporada (la séptima) Whedon ya había reinventado la televisión sobrenatural. Es cierto que ya había series del estilo (como “Twin Peaks” o “The X-Files”) pero Buffy supo tomar un montón de ideas bizarras, mezclarlas todas juntas y sacar un producto inteligente.

(#15) “Family Guy” (1999 – Actualidad)

¡La serie ideal para reír con amigos o solo! Humor ácido, políticamente incorrecto, lisérgico y desubicado, pero siempre original. “Family Guy” logró generar todo un culto de seguidores, sobrevivió a la cancelación y, a diferencia de Los Simpson que murieron en su décima temporada, sigue siendo bueno como siempre.

El verdadero barómetro de la popularidad de una serie lo marca su cancelación, y en este sentido “Family Guy” fue un ejemplo claro. La cantidad de feroces acusaciones que recibió Fox prácticamente la obligó a ponerlo al aire de nuevo.

Lo que me encanta de esta comedia de Seth McFarlane es que todos sus protagonistas son graciosos, y nunca sabés en qué momento va a saltar una escena absolutamente incoherente que te haga descotillar de la risa. Nadie se salva de la burla en esta serie plagada de referencias culturales y chistes sobre el sexo, la raza, la política, la religión, etc. Es como que los creadores hacen realmente lo que se les antoja, y por eso la disfruto tanto. Es un producto muy cuidado en cuanto a lo estético, las voces son fenomenales y cada episodio desborda originalidad.

(#14) “Prison Break” (2005 – 2009)

Solo conozco una serie que tenga más adrenalina compactada que “Prison Break”

No es fácil hacer una serie sobre un par de fugitivos que te enganche, no digo en cada capítulo, ¡sino en cada bloque!

Cada una de sus cuatro temporadas tiene un enfoque muy diferente, pero para mí son todos excelentes. Algunos disfrutarán más la primera, pero creo que cada una tiene su encanto. No solo la trama es genial, sino que además cada actor aporta muchísimo a la serie. Wentworth Miller es el mejor Michael, sus expresiones faciales lo hacen verdaderamente indescifrable. Robert Knepper encarna a T-Bag, un pedófilo homicida que uno ama odiar. Por supuesto lo tenemos también a Alexander Mahone (William Fichtner) el punto más fuerte de la historia, que es el villano de la segunda temporada y luego termina uniéndose al grupo.

Más allá de que es, básicamente, un thriller, “Prison Breaktrabaja muy bien con el tema del amor entre hermanos, y las cosas que uno llegaría a hacer para proteger a su familia y amigos. A su vez explora las complicaciones de la vida tras las rejas.

¿Vieron alguna vez una película de acción que te mantiene al filo de la silla durante dos horas? (“El fugitivo”, por ejemplo, o “La roca”) Imaginen ahora que mantienen esa secreción de adrenalina durante las 80 horas que dura “Prison Break” (repartidas en 4 temporadas). Es una serie única del creador Paul Scheuring que no pretende ser compleja, sino brindar un entretenimiento seguro y sostenido. Tremenda serie.

(#13) “Los Simuladores” (2002 – 2003)

Esta es la única entrada de un producto argentino a mi TOP-20. La televisión local argentina nos tiene acostumbrados a productos muy ligeros que evidencian poca creatividad y casi nula calidad. Los productores parecen estar más preocupados por las mediciones del rating que por la originalidad de sus producciones.

Pero dentro de este contexto, en el 2002 nos encontramos con una joyita. En materia de televisión argentina, nada puede superar a este producto de Damian Szifron (que recientemente nos voló la cabeza a todos con “Relatos Salvajes”, su última película), toda una irrupción de frescura en la televisión de aquel año. 

La historia, altamente creativa, nos mostraba las aventuras de un grupo de personas que “resolvían todo tipo de problemasa través de métodos de actuación y simulación. Cuando a esta premisa le sumamos mucho humor (del argentino que popularizaron Casero o Capusotto), temas realistas (con los que uno se puede identificar), grandes cameos y destacadas actuaciones de los protagonistas, algo de acción y eventos históricos reales, el resultado es el producto argentino más sobresaliente de todos.

El formato fue exportado a todo el mundo, y hoy en día existen “Los Simulares” chilenos, mexicanos, españoles ¡y hasta rusos! Los cuatro protagonistas se convirtieron en nuevos héroes urbanos, bien porteños, seguros, solemnes, y siempre esbozando una confiable sonrisa al final de cada episodio.


Los “unitarios” argentinos suelen ser de calidad (no puedo decir lo mismo de las telenovelas). “Tiempo Final” me pareció excelente, y también contamos con algunas brillantes como “Tumberos”, “Todos contra Juan” y “Epitafios”. Todos destilaban creatividad en sus guiones, calidad de la dirección y actuaciones formidables. Pero el insuperable es, sin duda, “Los Simuladores”. Un unitario de solamente dos temporadas que es absolutamente maravilloso.

(#12) “The Walking Dead” (2010 – Actualidad)

¿Por qué nos encantan las historias de zombies? Ciertamente es un tema que da para todo un post, pero la realidad es que nos apasionan. Cualquier fan de George Romero sabe que nunca antes había existido una serie de TV sobre zombies, mucho menos una como The Walking Dead.

No es un show de explosiones sangrientas de terror gore, sino una excusa para mostrar un escenario apocalíptico donde los sobrevivientes deben aprender a convivir bajo un nuevo orden, con reglas sociales diferentes. Esta no es una serie que se adhiera a la estructura narrativa convencional.

Algo que me encanta de The Walking Dead (que está por comenzar su quinta temporada) es que supo crecer con cada año, no solo en presupuesto, sino también a nivel argumental, tocando temas cada vez más complejos y reciclándose a sí mismo para no volverse repetitivo.

AMC es un canal que sabe lo que hace. Sus dramas adultos (Breaking Bad, Mad Men) siempre tienen algo distinto para aportar al género, y trabajan con niveles de profundidad intensos. Por supuesto, “The Walking Dead” tiene sangre, zombies, muertes horribles, batallas increíbles, giros argumentales y todos los clichés del género. Pero mantiene un nivel artístico impecable, que se suma a niveles de adictividad insuperables.

(#11) “Scrubs” (2001 – 2010)

¡Adoro Scrubs! Excelentes personajes (todos, definitivamente todos), divertidas escenas, insuperables diálogos (¡Dr. Cox!) y un inesperado impacto emocional al final de cada episodio. Siempre odié las series de médicos (ER Emergencias, House, Grey´s Anatomy) pero Scrubs va por otro lado. Sí, son doctores trabajando en un hospital, pero la serie se enfoca en los pormenores del día a día y en el crecimiento personal de cada protagonista.

Cuando la vi por primera vez (la pasaban por el canal Sony) me pareció brillante la idea de hacer una sitcom de médicos sin la sangre, sin las familias llorando, sin los gritos. El guión te hace reír, llorar, sufrir y sentir felicidad junto a los protagonistas. La serie siempre se esfuerza más por ser fantasiosa (a veces surrealista) y permitir que el absurdo domine las historias

Me encantaba Dr. Cox, me hacían morir de risa los ataques de “puteadas alemanas” de Elliot y JD y Turk son el mejor bromance que vi en televisión. (¿Mencioné que me encantaba Dr. Cox?).

Friends era buena, pero Scrubs estaba a otro nivel, definitivamente.

Había otros dos grandes puntos fuertes en Scrubs. El primero fue la música, que representó para mí un nuevo descubrimiento de gustos y talentos. La música en una serie es un punto fundamental para mí, y la de Scrubs no tenía comparación. Gracias a Scrubs conocí Five for Fighting, The Replacements, Colin Hay, Lazlo Bane y Howie Day, entre tantos otros.

El segundo gran acierto fue desechar las risas pregrabadas y los “cuartos de tres paredes” tan utilizados. Esto me hizo ver que el cast era realmente gracioso. Hoy es algo convencional que vemos en otros shows (The Office, Arrested Development, Modern Family) pero por esa época era una ruptura de la tradición. Scrubs fue la primera serie (si mi mente no me falla) que aplicó esta nueva modalidad.


Las risas pregrabadas son una forma sencilla de insultar al espectador, de decirle: “ahí tenés que reírte, en esa parte”. No me terminan de convencer. Muchas series serían dolorasamente incómodas sin esa ayuda mágica. Si no me creen, vean este video de The Big Bang Theory que muestra una escena sin el laugh track:


Quiero hacer un último comentario sobre el final de la serie (en la temporada 8). Es uno de los mejores que vi hasta ahora. De alguna forma, Scrubs siempre subo como marcar todas las cosas que me habían sucedido en mi vida. Apliqué varias lecciones a diferentes aspectos de mi vida, de la secundaria, de la universidad y ahora de adulto. Y el final fue como una despedida muy emotiva de una serie que significó mucho, y que estoy pensando volver a ver completa. ¡Excelente y sin desperdicio!

HASTA ACÁ LLEGO POR HOY. Estas son las 10 primeras series que incluyo en mi TOP 20. Para mí son todas de lo mejor, lo más original, lo más innovador que he visto en la televisión, y las recomiendo ampliamente. ¿Qué otra serie agregarían? ¡Dejen sus comentarios!

PROXIMAMENTE: Grandes series de mi vida, puestos 11 al 1.

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