lunes, 27 de enero de 2014

Espacios en blanco: “Room 237”, un documental sobre “El Resplandor”


Esto fue lo que pasó. Me disponía a hacer algo productivo en una mañana de domingo cuando me dije: “vamos a ver un ratito de Room 237, a ver qué tal está”. 15 minutos después seguía hipnotizado por el delirio de un documental que alterna entre el suspenso, lo esotérico, la filosofía y las teorías conspirativas. 45 minutos más tarde decidí rendirme y puse la pava al fuego, dispuesto a acompañar el documental con unos buenos mates. Aquella visión tan excéntrica de la obra maestra de Stanley Kubrick (“El Resplandor”, 1980) me había hechizado por completo.

Umberto Eco hablaba de que un texto está plagado de espacios en blanco, de intersticios que hay que rellenar. Lo mismo podría aplicarse al cine: una película se emite siempre para que alguien la actualice, la complete. Lo que el director pretende no siempre es lo que el espectador concibe. 

Toda película quiere dejar al espectador la iniciativa interpretativa. Nuestro bagaje cultural individual y las experiencias vividas definen una forma muy particular de entender el séptimo arte.


En “Room 237”, la genial labor del director fue ilustrar las interpretaciones directamente como montajes, con las secuencias en que se basan. Ese hecho –sumado al gran acierto de no mostrar nunca las caras de los autores– cautiva y maravilla. Hay muchas ideas interesantes como la presencia del número 42 (relacionado con la kabbalah), la ventana imposible, la relación con los laberintos y el minotauro o las interpretaciones sobre Danny a lo largo de la historia. Claro… ¡hay también otras teorías que están completamente tomadas de los pelos!


Son muchas las películas que miro para luego preguntarme: ¿qué me quiso decir? No me refiero a los mensajes ocultos de los Illuminati o las supuestas referencias al 9/11. Hablo de un nivel más conceptual. La Idea detrás de la Idea. El Cine detrás del Cine.  “Sexto Sentido” es un gran ejemplo. Cada vez que la veo encuentro nuevos significados. Shyamalan, sin entrar en detalles de su curiosa y trágica historia como cineasta, presenta una historia que es mucho más que un “thriller de fantasmas”. 


Es sobre comunicar los miedos, sobre las consecuencias de tener adultos que “no escuchan”. Nos enseña que los niños tienen MUCHO para decir y reflexiona sobre el horror de no poder ayudar a un hijo a superar sus temores.

Aunque no lo crean, “Sexto Sentido” tiene más tela para cortar que Matrix y Evangelion combinabas. Una escena que me encanta es cuando Haley Joel sube las escaleras para buscar el globo rojo.  Esa escalera representa una ascensión a otra realidad también. A partir de esa anagnórisis, Haley Joel reconoce qué es lo que le piden los fantasmas, comienza a “abrazar su destino”, de alguna forma. ¿Notaron, por ejemplo, que la historia tiene lugar en Halloween? Shyamalan le da una importancia a todo: las sombras como conexión con los muertos, los espejos y vidrios (Bruce Willis ve muchas cosas “a través” de un vidrio). Si vuelven a verla, presten atención a las puertas y ventanas, como funcionan como entradas simbólicas a otras dimensiones. El significado de una puerta cerrada es clave durante toda la historia.

Shyamalan prestaba atención a los detalles, en la época en la que sabía hacer una película. Tomemos los colores. En “El Protegido” es el violeta de Samuel Jackson, en “La Aldea” el amarillo. En “Sexto sentidoel rojo tiene un simbolismo clave. Una segunda mirada nos permite darnos cuenta del rol que juega en la trama. La carpa que se había armado Haley Joel era roja, también las puertas de la iglesia, velas, el sweater de la madre de Haley Joel al final de la película. El color rojo representa la conexión con ese mundo de los muertos… recuerdo también que la esposa de Bruce Willis usaba mucha ropa roja.


Este tipo de películas que generan delirios y debates son interesantes porque podemos encontrar un nuevo sentido con cada mirada. Cada nuevo espectador llena los espacios dejados en blanco por el creador.

En Donnie Darko se afirma que el mundo va a terminar en 28 días, 6 horas, 42 minutos y 12 segundos. Sumando todos los dígitos encontramos el número 88. La película sucede en 1988 y hay muchas menciones a ese número. Recordemos que 88 mph era la velocidad que necesitaba el DeLorean para viajar en el tiempo. ¡Y ni hablar de las alegorías con Dios y el cristianismo!

Cada vez que releo “Casa tomada”, un cuento que Cortázar soñó, me doy cuenta de la gran capacidad del hombre para crear historias conceptuales, universales, existenciales con la que cualquier ser humano logra identificarse. 

¿...Qué tan profundo llega el agujero de conejo

Disney también tiene la culpa de que siempre vuelva a ver sus películas con otro tono, analizando la Idea detrás de la Idea. “La Bella y la Bestia” es una de las películas más simbólicas que alguna vez produjo. Llena de colores y accesorios que representan siempre algo más grande. La historia de “La Sirenita” podría ser una poderosa metáfora para la “sagrada femineidad”. 


¿Y qué me dicen sobre ”El Rey León”? ¿Es una metáfora universal de la lucha entre el bien y el mal, una alegoría del régimen nazi, una parábola endulzada con fines didácticos?

Me pregunto si será posible tragarse la pastilla roja para ver “la Verdad” detrás de cada cinta, de cada libro, de cada historia. Me gusta acercarme a la realidad con un signo de pregunta. 

Me gusta pensar que con cada pequeña cosa que vemos a través de una pantalla, aprendemos, evolucionamos, reflexionamos y nos replanteamos nuestra propia forma de percibir el mundo.

Así, ver cine es siempre mucho más placentero.

LA PROPUESTA: ¿Qué películas los dejaron pensando en sus interpretaciones y significados? ¿Cuál vuelven siempre a ver y le encuentran otra forma de entenderla? ¡Dejen sus comentarios!



viernes, 24 de enero de 2014

El perro era la mente maestra: los misterios de Agatha Christie.


Es el truco más antiguo del mundo. La trama te va llevando –guiando cual hoja en el viento– hacia un inevitable final; entonces (en el último minuto) algo sucede que cambia absolutamente todo. Es lo que se conoce como un twist-ending. Ya saben: Bruce Willis estaba muerto, Snape mata a Dumbledore o “Luke, soy tu padre”.

Pero los twist endings (o, como me gusta llamarlos, “giros de tuerca”) tienen variantes, todo tipo de variantes. Recientemente recordé una de ellas: “El perro era la mente maestra”, también conocida como “El asesino era el mayordomo”. ¿De qué se trata? Es simple: te estás acercando al desenlace, las pistas comienzan a tener sentido, se va armando el rompecabezas… estás cerca de saber quién es el Hombre detrás del Hombre, el verdadero villano. Y entonces descubrís que era la persona de quien menos sospechabas (o alguien que ni siquiera tenías en tu radar), un hombre tirado en el suelo durante toda la película, un caballo (como en una de las historias de Sherlock Holmes) o un adorable conejo (como en la genial “Hoodwinked”). ¡La verdadera mente maestra era el maldito perro!

Es un tema delicado. Si el verdadero villano es alguien que NUNCA viste antes, el final resulta un terrible Deus Ex Machina, mediocre, imperfecto, defectuoso. 

... Si, por otro lado, el villano aparece sutilmente aunque con cierta obviedad… nos encontramos ante un final absolutamente decepcionante por ser predecible.

Lo ideal es encontrar un elegante  punto medio. Que el mayordomo sea el asesino es cliché, pero clásico. Es un sirviente que está en todos lados, en segundo plano, ve y escucha todo. Lo vemos no una, sino varias veces a lo largo del desarrollo de la trama. Un ejemplo perfecto es que brinda cada novela de Harry Potter, que utilizan eficientemente varias Pistolas de Chejov para sorprender con mentes maestras en cada final. Pensemos en el profesor Quirrel de la primera parte o en Scabbers (la rata de Ron) en “El prisionero de Azkaban”. La primera entrega de “Saw: el juego del miedo” es igualmente fascinante por ese motivo. John Kramer se lo ve en flashbacks, y hay una serie de pistas que nos llevan a pensar que quien está en el suelo no se suicidó realmente (ejemplo: el revolver estaba vacío).

Y, por supuesto, cómo olvidar el único capítulo doble de los Simpson: “¿Quién le disparó al Sr. Burns”?, cuando se revela que la culpable era Maggie.



En cuanto a la literatura, hace poco terminé de leer “El asesinato de Roger Ackroyd” (1926), la novela de misterio que catapultó a la fama a la Sra. Agatha Christie (de quien ya he hablado varias veces en el blog). Tranquilos, no pienso revelar ningún tipo de spoiler, así que este post es #SpoilerFree.

Les comparto “El asesinato de Roger Ackroyd” (1926) para descargar en versión PDF: http://bit.ly/1dUYaJN

Aún hoy, el twist-ending de esta notable novela de Christie se mantiene altamente controversial. La Sra. Ferrars –una rica viuda de un tranquilo pueblo inglés– aparentemente se ha quitado su propia vida. El industrialista Roger Ackroyd, con quien estaba involucrada sentimentalmente, expone que ella estaba siendo chantajeada. Cuando Roger está a punto de revelarlo, aparece muerto en su propio living.


La historia es narrada a partir de las notas del médico del pueblo (el Dr. Sheppard), que hace de Watson para Hércules Poirot (el famoso detective de Christie) quien se ha retirado del oficio pero regresa para un último trabajo.


Todos –y me refiero literalmente a todos– son sospechosos en este complejo policial de tipo whodunnit que se asemeja al conocido juego de mesa “Clue”: ¿Quién mato Roger Ackroyd… con qué arma… y en dónde? Las cosas se complican a medida que (con suspenso hábilmente dosificado) cada sospechoso exhibe un muerto en su placard. Lo más interesante de la novela es que el estilo de escritura necesariamente esconde un gran, gran secreto. Especialmente luego de conocer el final es posible releerlo para descubrir la calidad literaria de la autora, que planteó la respuesta a lo largo de la historia, pero con tanta sutileza que pasa desapercibida.


Un ejemplo literario excepcional de esos momentos en los que el perro es la mente maestra detrás de todo. ¡Hasta la próxima!

DE YAPA: el capítulo de los Simpson que da nombre a este post: http://www.simpsonizados.com/simpsons-online-temporada-11/capitulo-1/homero-va-a-hollywood

martes, 21 de enero de 2014

“Batman: the Killing Joke”, una novela gráfica de Alan Moore.


Batman: la broma asesina” es, posiblemente, uno de los comics más influyentes del universo de nuestro murciélago preferido, y una novela gráfica absolutamente fascinante. Escrita por el brillante Alan Moore (de quien ya reseñé su mágnum opus: “Watchmen”), este comic ha inspirado al personaje que universalmente conocemos en el cine como el Joker.

La historia, sumamente oscura y controversial, revela una nueva perspectiva en el análisis del bien y el mal (ya hablaré de eso). La trama nos cuenta una interesante backstory del Joker mientras relata como hiere (casi) mortalmente a la hija del comisionado Gordon y captura a este para intentar volverlo loco.

Les comparto un link para leer el cómic online (y en español): “Batman: la broma asesina

Por último, mi clásico #SpoilerAlert. Si no quieren conocer detalles de la trama, están advertidos. Se me hace imposible hacer el review que quiero hacer sin develar ciertas cosas.

La reinvención del Joker

The Killing Joke” –publicada por primera vez en 1988 y reeditada en el 2008– nos muestra una posible versión de cómo el Joker se convierte en “El Joker”, y al mismo tiempo que nos relata cómo dejó paralizada a Bárbara Gordon (Batichica).

Gracias a la creatividad de Alan Moore, el villano se reinventa como un sociópata desquiciado. Esta es la novela que influyó especialmente a Tim Burton y a Christopher Nolan en sus películas. Por otro lado, DC Cómics decidió convertir esta historia en “canon”, aunque oficialmente iba a ser una novela gráfica independiente. Hoy en día, “The Killing Joke” es considerada (por fans y críticos) la obra más importante que alguna vez se escribió sobre Batman.

Si hay algo de atractivo en este villano (dentro de la novela) es su visión nihilista del mundo. Para quienes no lo tengan claro, el “nihilismo” es la corriente filosófica que se apoya en la “negación de los supuestos sentidos  de la vida”. No tiene que confundirse con “pesimismo” ni con “terrorismo”. Se refiere al pensamiento, casi existencial, que plantea el absurdo de la vida misma: “carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco”. A pesar de que la corriente ya existía en la antigua Grecia (siendo representada por los “escépticos” de la época) se le dio forma y teoría a partir de los escritos de Nietzsche.

El Joker (en la novela) da cátedra sobre este concepto, y hasta lo lleva a la práctica. Su plan es “probar un punto”, y ese punto es (justamente) el absurdo de la vida.

Un poco como vemos en “Unbreakable” (la maravillosa película de Shyamalan), el villano en realidad está buscando definirse; explora la forma de entender quién es, de hallar su propia identidad.


Algo que me encantó es que, al final, el Joker encuentra esa identidad y hasta hace las paces con ella (en esa impresionante escena final). Pero como Guy Pearce (en “Memento”) elige recordar las formas de cierta manera, elige tener un pasado de opción múltiple.

« I'm not exactly sure what happened.
Sometimes I remember it one way, sometimes another...
If I'm going to have a past, I prefer it to be multiple choice! »
-- The Joker

Así, se convierte en un narrador poco confiable, que nos va sumergiendo, con él, en su infinita locura. El lector se quedará siempre con el interrogante de lo que le  sucedió al Joker, de si las explicaciones que nos brinda son la realidad, o su realidad.

Cada monólogo –y  cada conversación de carácter filosófica que el Joker y Batman tienen– es para analizar en profundidad, al punto que es casi imposible no citar la obra entera. Algunas de mis citas preferidas creo que hablan por sí solas:

"... cuando tus pensamientos discurren
por una vía que no te gusta siempre te queda la locura.
La locura es la salida de emergencia..."

"... los recuerdos pueden ser desgraciados pero...
¿Podemos vivir sin ellos?.
Nuestra razón se basa en los recuerdos.
¡Si no podemos enfrentarnos a ellos, damos la espalda a la razón..."


"Solo hace falta tener un mal día para que el hombre más cuerdo que existe enloquezca.
Esa es la distancia que separa al mundo del lugar en el que yo habito: Un mal día.
¿Tú también tuviste un mal día, verdad?
Tuviste un mal día, y eso te volvió tan loco como a todos los demás... ¡pero no lo admites!
¡No tienes por qué seguir fingiendo que la vida tiene sentido, que esta lucha sirve para algo!..."

Lo que me lleva al próximo punto…

Las temáticas de la historia

Alan Moore expone al héroe y al villano como dos caras de una misma moneda, sumamente parecidos. (“Solo hace falta tener un mal día para que el hombre más cuerdo que existe enloquezca”). El tema más interesante que se indaga es la posibilidad de que Batman esté tan desequilibrado como los criminales que persigue, aunque manifestando esa locura de otra manera. ("You had a bad day too, once, didn't you?").

Durante la historia lo vemos pelear con sus demonios internos y con una necesidad (casi imperiosa) de odiar a alguien que apenas conoce; este ha sido el leitmotiv principal del Batman de Nolan, ¿o no? Moore, de hecho, comentó en una entrevista: «Batman y el Joker son reflejos uno del otro


El aspecto técnico de la novela

Moore se destaca por controlar minuciosamente cada viñeta y cada solapa. Al igual que en Watchmen (o quizás: debido a la influencia de Watchmen) el juego simbólico está presente en todo momento. El comic tiene, prácticamente, el mismo estilo en el uso de las viñetas y diversas técnicas de representación gráfica: el uso detalles significativos para la trama, especial atención al entorno (planos secundarios), pistas escondidas, cameos (en una viñeta se lo ve a Harvey “Dos Caras” Dent), etc.

Una marca registrada del autor, por ejemplo, es comenzar y finalizar la historia del mismo modo, como cerrando un círculo (las gotas de agua en el suelo, la lluvia). Las primeras palabras “Había dos hombres en un loquero” es también el principio del chiste que cuenta el Joker al final. Un buen chiste (de hecho) que tiene un obvio paralelismo con ambos protagonistas.

Algo que me llamó la atención es la escena del tiroteo a Bárbara. Hay nudismo explícito y es muy cruda; me sorprende que Moore haya logrado pasar esos dibujos en un comic de superhéroes de DC.

Unas palabras finales sobre el final

El final, ese final tan asombroso como perturbador, ha generado controversia entre los fans. Batman y el Joker comparten un momento íntimo, riendo, comprendiendo ambos sus realidades. Y entonces: ¿qué sucede realmente? ¿Rompió Batman su única regla y le partió el cuello a su archienemigo? La escena esta tan bien lograda que queda abierta al debate (aunque se ha demostrado que, efectivamente, el Joker no muere en manos de Batman). Aun así, es obvio que Alan Moore quiso plantar la semilla de la duda, y lo logró… (de hecho, el título cobraría un nuevo sentido de ser cierto).

El desenlace me encantó porque resuelve muchas cuestiones, aunque sin hacerlas obvias. El chiste del Joker es una analogía increíble: es desesperanzador que un demente intente tratar de salvar a otro demente. Es un pensamiento tan cierto, tan profundo, que Batman no puede evitar reír ante el absurdo.

Seguir analizando esta novela gráfica maravillosa sería arruinar su magia, que (creo yo), cada uno de vivir a su modo. Mi intención es que esta nota sirva de disparador. “Batman: la broma asesina” es una novela gráfica imperdible, con un guión extraordinario y una serie frases que ya han pasado –por lo menos para mí– a la historia de mi vida.

Leerla, realmente, se convierte en una verdadera experiencia memorable que nos invita a no considerar el mal como algo natural, mientras nos envuelve en la psicología de dos protagonistas que bien podríamos ser nosotros mismos.

jueves, 16 de enero de 2014

Técnicas narrativas (IV): David y Goliat


David metió la mano en su saco, sacó de él una piedra, la lanzó con la honda, e hirió al Filisteo en la frente. La piedra se hundió en su frente y Goliat cayó a tierra sobre su rostro.”

— La Biblia (1 Samuel 17:49)


Cualquier combate o competición donde el héroe sea un underdog (un subestimado, desfavorecido o menospreciado) hace referencia a un tropo universal tan antiguo como el Antiguo Testamento. Samuel 17 es, sin duda, una de las historias de la Biblia más apreciadas… y su temática de “la fe superando al miedo” ha sido fuente de influencia por siglos.

Goliat, de acuerdo con la narración bíblica fue un soldado gigante de la ciudad de Gat y paladín del ejército filisteo, que durante cuarenta días (número místico y especialmente bíblico) asedió a los ejércitos de Israel. La Palabra de Dios afirma que fue derrotado y herido, gracias a la Intervención Divina, por David con una honda y una piedra (1ª de Samuel 17:4-23; 21:9) y murió, poco tiempo después, decapitado por su propia espada.

Hay muchísimas interpretaciones de la historia, pero la generalmente aceptada nos habla de que el poder y la fuerza no son necesarios para alcanzar la victoria. Es nuestro corazón, inteligencia y determinación –y la fe en Dios, agregaría un cristiano– lo que nos permite cruzar las metas que la vida nos impone.

El héroe, en este caso, es generalmente débil, pero muy hábil. En contraposición, el enemigo suele ser poco habilidoso pero monstruosamente fuerte. Aunque el mito original de David y Goliat se refiere a colosos gigantes contra pequeños hombrecillos, no necesariamente debe ser así. 



==> Básicamente, estamos hablando de la trama de todas las películas de “Rocky”, o Luke Skywalker luchando contra el inmenso Darth Vader (en esencia, un cyborg de casi 2 metros de altura). Lo mismo podemos decir de Atom, el buen robot de la cinta “Real Steel” (2011), contra “Zeus”, el campeón nunca antes vencido. ¿Y qué me dicen de Bilbo Bolson frente al dragón Smaug, en ese atemporal clásico de J.R.R Tolkien?


La Biblia puede tener orígenes puramente orientales, pero ha servido de canon para la mitología occidental y muchos aspectos de la filosofía. La ficción, en particular, se vio envuelta por muchas de las temáticas bíblicas desde la época de la inundación.

Star Wars presenta otros ejemplos interesantes respecto a esta técnica de narración. Pensemos en Yoda contra el imponente Conde Dooku (un hombre 3 veces su tamaño) o en la Death Star, que es un gran gigante en el espacio. En este último caso, tenemos a un puñado de rebeldes contra una poderosa estación espacial inmensa. Esta idea se encuentra absolutamente reconstruida en niveles horripilantes en el anime “Attack on Titan”. Allí, la humanidad es ínfima respecto a los Titanes que destrozan todas las ciudades a su paso.



Curiosamente, en “Captain Phillips” (2013) la idea de “David y Goliat” sucede dos veces, ya que a mitad de película se invierte. Primero tenemos a un carguero grande pero inútil (que solo puede defenderse con mangueras a presión) frente a un grupo armado de piratas, y luego de la captura de Tom Hanks, el grupo de piratas (en una pequeña balsa) es asediado por toda la marina de los EE.UU.


El folkclore popular para niños también brinda ejemplos de esta temática bíblica. Pensemos en Caperucita vs el Lobo Feroz, Hansel y Gretel (contra la malvada bruja) y los 3 cerditos (de nuevo, contra el gran Lobo Feroz). 

En las comedias, por otro lado, esta idea suele utilizarse para generar risa. Por ejemplo, en las cintas de artes marciales (estilo Jackie Chan), o las películas de Jason Statham, el héroe es ágil y habilidoso y (utilizando todo tipo de artilugios) se enfrenta a una tonelada de enemigos que lo atacan en manada.

Lo interesante de esta técnica es que puede utilizarse abiertamente –como en algunos casos que menciono– o esconderse bajo alegorías y metáforas. Es lo que suele pasar con historias donde un pobre diablo se enfrenta a toda una conspiración gubernamental, o un hombre injustamente acusado debe  defenderse de todo un jurado. 

La vida real también nos brinda escenas tipo “David y Goliat”. Creo que un caso excepcional es la guerra de Vietnam. Sin importar cuantas muertes causaran los americanos, los vietnamitas simplemente no se iba a rendir.


 ¿Qué pensás de esta técnica narrativa? ¿Qué otros ejemplos podés mencionar? ¡DEJA TUS COMENTARIOS!

Capítulos anteriores:

Técnicas narrativas (I): “El Macguffin en el cine y la literatura
Técnicas narrativas (II): “El efecto Rashomon
Técnicas narrativas (III): “In Medias Res, en el medio del quilombo

viernes, 10 de enero de 2014

“No más de once” (cuento)

Declaración de un compañero de trabajo:

Tomás Calles era un flaco seguro y correcto. No hacía nada demasiado bueno ni nada demasiado malo. Su único exceso –me animo a decir: hasta su único pecado– era cierta fascinación por su trabajo. ¡El pibe estaba siempre haciendo horas extras! Yo me decía: ¿no tendrá una vida, una mujer? Me hacía recordar, inevitablemente, a las laboriosas abejas. La verdad es que daba un poco de pena, tal vez porque los que disfrutan de la miel no son los mismos que la producen...

Declaración de un vecino:

Siempre se lo notaba cansado, como si hubiera dormido un par de horas por día. Ayer lo vi regresando demasiado tarde, luego de otra noche lejos de casa. Yo recién me levantaba a buscar el diario.

Declaración del mejor amigo:

Tomás sentía un extraño atractivo por el hecho de contar cosas. Últimamente, esa manía se había vuelto obsesión. Desde el día que se subió al colectivo número once, empezó a afirmar que el número lo perseguía. 

Once personas en la calle, once vehículos…  “No lo sé” –me dijo una tarde– “estoy viendo el once en todos lados. Es rarísimo: en carteles, en direcciones, en cantidades de cosas”. Conforme pasaron los días, sus búsquedas de coincidencias comenzaban a dar miedo. Los inexplicables encuentros con el número lo volvieron paranoico. Gradualmente, lo vi entregarse a la desesperación y al horror; se fue tornando frío, lejano. Tomás estaba convencido de que algo importante iba a suceder.

Declaración de su médico, Dr. Marrochi:

(Ríe.) Es algo que está muy de moda últimamente. Pero examinemos la cuestión de frente. Cada día te puede atropellar un auto, fallar el corazón… ¡y siempre hay cáscaras de banana en el piso! La superstición es un mecanismo de defensa para luchar contra una naturaleza ingrata que se empeña en matarnos.

Con todo esto del terrorismo, los desastres naturales y el fin del mundo, la gente está muy trastornada. Se huele el miedo en el aire. Lo más probable es que Calles haya estado viendo el once por todos lados porque quería verlo. Es como cuando somos chicos y buscamos un auto de un determinado color. Nuestra mente se configura para encontrar ese color con más facilidad.

Después de lo de las torres gemelas, la cantidad de estupideces que surgieron alrededor del número once (o del trece) y del diablo, y todo el mundo buscándole un sentido, una forma de tapar su miedo. Si se las buscan, se las va a encontrar, ¡el mundo entero está hecho de casualidades!



Extracto del escritor Sebastián Escarlato:

“(…) Hay ciertos temas que son de lo más absorbentes. El debate sobre la casualidad o la causalidad como hilos conductores de nuestras vidas es una de ellos. ¿Está nuestra vida planificada por algún Dios? ¿O podemos forjar nuestro propio camino en base a decisiones? ¿Nuestras acciones desencadenan efectos mayores –rompen los candados de un futuro escrito– o somos parte de un gran juego de dados? (…) Casualidad y causalidad. Tal vez los límites que separan ambos términos sean excesivamente estrechos para ser detectados por el ojo humano.”

(“El gato curioso”, Sebastián Escarlato, Ed. Emecé, 2013)

Declaración del padre:

Vino a verme confundido al salir del hospital. Estaba loco y consternado. Gritaba que su hijo (mi nieto) tiene once años, que la suma de los dígitos de su propia edad (38 años) es once, y que hasta su nombre tiene esa diabólica cantidad de letras. ¡No lo podía calmar con nada! De acá se fue directo a la oficina. Iba a trabajar hasta tarde otra vez. “Así tal vez se enfríen las cosas…”, me dijo esa última vez que lo vi. (Se lamenta y baja la mirada.) Tendría que haberlo detenido…

Declaración de su esposa:

Él llegó a las 6 a.m. Trató de excusarse. “¡Al carajo con tus malditos números!”, le grité. Hijo de puta. Hice todo lo que siempre pidió. (La voz se le quiebra.) Fui una buena esposa y lo sacrifiqué todo por él. Lo había hecho como diez veces antes y a mis espaldas, con su excusa de “la oficina” y “el trabajo”. ¿Tan estúpida me creyó? Soporté hasta el límite. Apenas llegó a advertir el cuchillo que yo sostenía en mi mano; su reacción no fue lo suficientemente veloz. Se lo merece el infeliz. El que las hace, las paga.

Declaración del médico forense:

Diez puñaladas al pecho, y una última en el corazón. El touché de grâce.

Extracto del escritor Sebastián Escarlato:

“Pensar que todo es casualidad nos hace pensar que no tenemos dominio alguno sobre nuestras propias vidas: todo es producto de un azar caprichoso. Pero tomar conciencia de que nuestras propias decisiones nos han llevado hasta cierto lugar (o hasta cierto resultado), puede llegar a resultar aún más perturbador. La propuesta está hecha: casualidad o causalidad. Usted decide.”

(“El gato curioso”, Sebastián Escarlato, Ed. Emecé, 2013)



FIN

miércoles, 8 de enero de 2014

“Cuna de gato”, una novela de Kurt Vonnegut


Mientras que algunos piensan que la existencia humana va a terminar con un silencioso (y casi melancólico) suspiro, muchos son los autores que imaginaron al fin del mundo como una catástrofe de proporciones planetarias. Uno de ellos es el escritor Kurt Vonnegut, quien falleció en el 2007.

Sus trabajos (en su mayoría de ciencia ficción) se hicieron conocidos por un tono satírico, deprimente y anti-autoritario. Sus experiencias sirviendo en la Segunda Guerra Mundial lo perturbaron considerablemente (como a Sartre y a tantos otros). La temática de pos-guerra y el posible fin de la humanidad se convirtieron en los tropos más universales de su obra.

El siglo XX, en cuanto a la literatura, podemos estudiarlo como una reacción directa frente al Holocausto, la Guerra Fría, la bomba a Hiroshima y las masacres humanas. Con tanta muerte, dictaduras y desapariciones, cada autor encontró su forma de contrastar sus ideas con esta nueva realidad, y muchos se rebelaron ante las ideas clásicas y preconcibas, rompieron toda regla literaria tradicional y se atrevieron a contar otra cara de la historia a través de sus escritos.

A partir de allí surgieron las escuelas de vanguardia (el futurismo, el surrealismo, etc.), la ciencia ficción de carácter distópico o las nuevas formas de hacer literatura de autores como Georges Perec, Francis Ponge y Bertolt Brecht

Kurt Vonnegut no fue la excepción, y en 1963 concibió una obra maravillosa llamada “Cuna de Gato”, y que es motivo de esta nota.

Cuna de Gato, una novela corta plagada de humor tragicómico y satírico, relata -en forma de diario- las experiencias de Jonás, un joven periodista que busca escribir un libro que responda a un interrogante particular: ¿qué hacían las personas importantes de América cuando estalló la bomba de Hiroshima? Las respuestas las encontrará en Félix Hoenikker, uno de los supuestos padres de la bomba atómica, y sus excéntricos hijos.


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A partir de ahora van a encontrar #SPOILERS debido al análisis de la obra, por lo que les recomiendo no continuar si no desean enterarse de la trama. En todo caso, dejo la maravillosa novela para que la lean:

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Les comparto “Cuna de Gato” (1963) de Kurt Vonnegut en versión en PDF: http://bit.ly/1bQMX6t

Jonás no está interesado en los detalles técnicos de aquel fúnebre día, sino en el aspecto humano de la bomba, en las pequeñas historias, en la experiencia palpable del testimonio. Por supuesto, nada en la novela es cierto, pero no por eso menos llamativo.

El libro funciona como una búsqueda incansable que termina en la pequeña isla caribeña de San Lorenzo y se articula en episodios muy cortos y de relativa autonomía, en el sentido de que cada uno cierra con una idea distinta, muchas veces filosófica, otras veces de tipo existencialista. Se lee muy rápido y es adictivo, lo cual juega mucho a su favor.

Uno de los grandes aciertos de la historia es que se las ingenia para presentar personajes absolutamente delirantes (pero atractivos) y generar cierto misterio que se va dosificando con habilidad. Los encuentros y diálogos que Jonás mantiene con cada uno de los personajes son siempre memorables y nos invitan a la reflexión. Entre sus encuentros (casi azarosos) se destacan el de un vendedor de lápidas que entiende qué funciona mal en este mundo, un fabricante de bicicletas, una madre obsesionada con los nacidos en el estado de Indiana, un médico que pretende salvar en esa isla todas las vidas que no salvó en Auschwitz, un enigmático enano enamorado de una rusa y –por supuesto– “Bokonon”, el inventor de un culto religioso que transmite sus enseñanzas mediante calipsos. 

Cada personaje es completamente absurdo, como toda la trama que nos va enredando en una maraña de delirio absoluto, casi surrealista, a medida que todos se concatenan en la isla de San Lorenzo.

Al parecer, el difunto Felix Hoennikker ha depositado su última (y peligrosa) invención (el “hielo nueve”, capaz de convertir el agua en agua automáticamente) en manos de sus tres hijos, sin conocer que la sustancia es capaz de acabar con la vida en la Tierra. 

Por supuesto, ese invento acaba con el mundo, lo cual es inevitable sencillamente por el hecho de que, habiendo sido inventado, se le debe dar uso (¿igual que la bomba atómica?). Un ejemplo excelente de la célebre técnica conocida como “pistola de Chejov”.

El título de Kurt Vonnegut hace referencia al conocido juego de habilidad con hilos. Lo llamativo del juego es que, mientras el jugador crea su cuna de gato, el espectador no puede ver ni una cuna ni un gato. Por ende, este juego no es más que un enredo de hilos sin sentido, muy parecido al mundo en el que vivimos. Al mismo tiempo, una cuna de gato era lo que Hoenniker hacía mientras estallaba la bomba atómica y funciona como leitmotiv de la historia.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es, sin duda, el bokononismo, esa religión bizarra inventada para promover la alienación de todo un pueblo mediante distintos métodos: el abuso indiscriminado de la mentira (“nada de lo que Bokonon afirma es cierto”), la idea de la causalidad y el destino y el regreso al “barro” del que todos provenimos. 

Vonnegut creó nuevas palabras, cantos, calipsos, partes de un libro que nunca existió y hasta un nuevo lenguaje.

En realidad, la historia pone de relieve que el bokonismo no es más que un intento enmascarado para mantener las cosas “en equilibrio” dentro de San Lorenzo: Bokonon se esconde en el interior de la isla y se dice que está siendo cazado. Mientras tanto, cada dos años, uno de los habitantes es ejecutado por practicante. El culto afirma todos nosotros somos organizados por dios en un “plan divino” en grupos llamados karass, alrededor de objetos importantes conocidos como wampeter (en este caso: el hielo-nueve) para poder alcanzar la divinidad. Los miembros de un karass pueden no conocerse, pero sus acciones se van solapando de formas extrañas y bizarras para, juntos, trabajar últimamente por un propósito que pueden nunca llegar a conocer.

Bokonon también nos enseña que uno nunca debe declinarse ante las sugerencias de extraños, ya que sos las direcciones de la “danza de Dios”. Considerando la innumerable cantidad de cultos que han surgido (la Cienciología, entre otros), esta religión parece tener muchísimo más encanto.


Debajo del humor de Vonnegut, hay una soberbia exploración de los peligros inherentes al combinar la estupidez humana con la falta de ética en el uso de tecnologías con capacidad para destrucción masiva. El hielo-nueve y todos los personajes de “Cuna de gato” son una invitación a la reflexión más profunda, un camino que nos hace transitar hacia las profundidades del absurdo kafkiano y de las posibles formas en que nos estamos autodestruyendo.

Sinceramente, una novela extraordinaria, de lectura muy amena y una calidad literaria sobresaliente. ¡Sin desperdicio! Si pueden leerla, no lo duden un segundo. ¡Hasta la próxima!
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